12-09-2025, 12:11 AM
Cada vez odio más estos senderos, el tener que caminar ida o vuelta entre estas cosas tan retiradas. Quizá me estoy quejando demasiado internamente, pues cuando las personas me muestran su amabilidad cómo que se me olvida lo difícil que es vivir aquí. He aprendido que si quiero pasar desapercibido aquí usar mis alas no es la mejor de las ideas. Pero es tan molesto andar descalzo por aquí en estos senderos de piedra y tierra. La última vez terminé con el pie lleno de astillas.
La vida campirana no es la mejor para mi,pero el trato de las personas me encanta. La tranquilidad, lejos de problemas. Me deja estar bien tranquilo con mi vida actual. Aunque desde que viajo solo no es nada igual a esto. Lo unico bueno es que el día de hoy voy mejor vestido ya que me han prestado una ropa que puedo usar para cambiarme y no parecer un sin hogar. Ciertamente sé que soy un sin hogar ahora mismo, pero no por ello debe parecerlo.
Peino mi cabello con los dedos de las manos. Estoy seguro de que está bien, pues una señora me facilitó para pintarlo. Que buena señora ella, que la buena fortuna nunca le falte en su vida. Es entonces cuando estos ciudadanos aparecen frente a mí. No me percaté de su presencia, seguro me vendría viendo desde hace rato. ¿Cómo no hacerlo? Pero no es normal que decidan hablarme. Ciertamente las alas intimidan a cualquier pueblerino.
Parece sacado de una tierra más tétrica, está pálido, al nivel que no debe salir de día. No seré descortés y devolví el saludo. Pero sus palabras son demasiado prístinas, tanto que me causan desconfianza. Cuando la piedra es más brillante más posibilidad tiene de ser falsa. —Hola, Jensen. No es normal que un adulto diga ese tipo de cosas. Así que agradezco no lo hagas guapetón. Te falta un poco de bronceado. Solo por eso te lo dejaré pasar.— Así como evado seguir el tema de ser amigos con un desconocido también buscó evitar que se me cruce en el camino.
—Cuéntame más de tus fantasías sobre volar por los cielos en los brazos de un hombre cómo yo. Suena intrigante. ¿Es un sueño recurrente?— No debería estar dándole cuerda a alguien como él, pero me parece de mal gusto dejarlo allí seco como si fuera un cactus. Es una mala costumbre el querer oír a los demás que se heredó de la profesión que ejercí por varios años. Con una sonrisa tranquila quise caminar para tomar distancias y busqué caminar más para llegar al pueblo tan pronto cómo se me permitiera.
La vida campirana no es la mejor para mi,pero el trato de las personas me encanta. La tranquilidad, lejos de problemas. Me deja estar bien tranquilo con mi vida actual. Aunque desde que viajo solo no es nada igual a esto. Lo unico bueno es que el día de hoy voy mejor vestido ya que me han prestado una ropa que puedo usar para cambiarme y no parecer un sin hogar. Ciertamente sé que soy un sin hogar ahora mismo, pero no por ello debe parecerlo.
Peino mi cabello con los dedos de las manos. Estoy seguro de que está bien, pues una señora me facilitó para pintarlo. Que buena señora ella, que la buena fortuna nunca le falte en su vida. Es entonces cuando estos ciudadanos aparecen frente a mí. No me percaté de su presencia, seguro me vendría viendo desde hace rato. ¿Cómo no hacerlo? Pero no es normal que decidan hablarme. Ciertamente las alas intimidan a cualquier pueblerino.
Parece sacado de una tierra más tétrica, está pálido, al nivel que no debe salir de día. No seré descortés y devolví el saludo. Pero sus palabras son demasiado prístinas, tanto que me causan desconfianza. Cuando la piedra es más brillante más posibilidad tiene de ser falsa. —Hola, Jensen. No es normal que un adulto diga ese tipo de cosas. Así que agradezco no lo hagas guapetón. Te falta un poco de bronceado. Solo por eso te lo dejaré pasar.— Así como evado seguir el tema de ser amigos con un desconocido también buscó evitar que se me cruce en el camino.
—Cuéntame más de tus fantasías sobre volar por los cielos en los brazos de un hombre cómo yo. Suena intrigante. ¿Es un sueño recurrente?— No debería estar dándole cuerda a alguien como él, pero me parece de mal gusto dejarlo allí seco como si fuera un cactus. Es una mala costumbre el querer oír a los demás que se heredó de la profesión que ejercí por varios años. Con una sonrisa tranquila quise caminar para tomar distancias y busqué caminar más para llegar al pueblo tan pronto cómo se me permitiera.
