11-09-2025, 06:58 AM
—¿Eh?
Su nombre.
¿Cómo ese desconocido sabia su nombre?
Contuvo la respiración por un momento.
Su nombre.
¿Cómo ese desconocido sabia su nombre?
Contuvo la respiración por un momento.
¿Desde hace cuántos días estaba en la isla? ¡Bah! Daba igual intentar recordarlo, no podría saberlo al menos que viera un calendario detallado o su bitácora, por ejemplo, que no sacaría en medio de la muchedumbre, pero, entonces ¿Cómo?
Estaba seguro de que había sido discreto, de hecho, apenas y había salido del barco y, cuando lo hacía, era para cosas puntuales, entonces ¿Por qué ese apuesto sujeto lo reconocía tan fácil? ¿La marina? No, no, no, no podía ser de la marina, de ser así, el marine al que antes le preguntó por direcciones también lo habría identificado.
Estaba seguro de que había sido discreto, de hecho, apenas y había salido del barco y, cuando lo hacía, era para cosas puntuales, entonces ¿Por qué ese apuesto sujeto lo reconocía tan fácil? ¿La marina? No, no, no, no podía ser de la marina, de ser así, el marine al que antes le preguntó por direcciones también lo habría identificado.
De estar rojo pasó a estar pálido.
Y todo eso pasó en menos de un segundo.
Y todo eso pasó en menos de un segundo.
“Soy Uker, por cierto, estoy en tu misma tripulación”
—¡Oh! —¿Eso era cierto? ¿De verdad estaba en el mismo barco qué él? Bueno, al menos el color le volvía a la cara, además, tenía sentido ¿no? Si no se conocieran de antes era imposible que reconociera un nombre como el suyo, aunque lo pronunciara mal. —¿De verdad viajo con alguien tan atractivo como tú? —Y ahí estaba de nuevo, su mirada perdida se posó en el rostro ajeno, analizándolo, estudiando su cara para que al menos no se le perdiera en los próximos minutos. Tan en las nubes estaba que su pregunta si ni siquiera fue intencional, no llevó morbo ni buscó incomodar, solo fue un pensamiento en voz alta, una mala costumbre que no se iría fácilmente.
—Jmmmm…—Ladeó su cabeza, finalmente aceptando por completo lo dicho por el pelinegro que ahora, con otra pregunta, hacía que el tono rojo de antes volviera a su cara, no…mejor dicho, solo hacía que ese tono se intensificara, a fin de cuentas, ni cuando palideció se fue del todo. Tapó la mitad de la cara con una de sus manos y deseó tener una mascarilla ahí mismo ¿Tanto se notaba su sonrojo?
—No…Es decir…sí, estoy…estoy bien —. Desvió su rostro para mirar cualquier otro punto en la calle, el ir y venir de las personas lo ponía menos nervioso que la situación. —No tengo fiebre, esto es…es culpa del sol, me pasa cuando estoy expuesto durante mucho tiempo y…bueno…no importa, se irá cuando llegue a un lugar con sombra o si me aplico algún ungüento, nada grave —. Mentiras…a medias, sí, el sol hacía que su piel tomara ese tono, pero su torpeza frente al guapo sujeto frente a él fue responsable de que se hiciera más notorio.
Dejó de hablar, también apartó la mano de su rostro y, así como hacía su supuesto compañero, miró en varias direcciones. ¿A quién buscaba? La respuesta llegó cuando el pelinegro abrió la boca y, por algún motivo, esa pregunta lo ofendió ¿Por qué asumía que alguien tenía que acompañarlo? No es que fuera un niño.
Se cruzó de brazos, cerró sus ojos y alzó su mentón en un gesto que podría considerarse algo altivo. —¿Por qué habría de acompañarme alguien? Soy un adulto, tengo 25 años —. Mentira, tiene 32. —Creo que puedo recorrer la isla por mi cuenta, pero… —Relajó sus músculos, descruzó sus brazos y dejó escapar un suspiro de cansancio, resignándose al hecho de que, por muy adulto que fuera, sí que se perdía como un niño ¿Siempre fue así? No podía recordar nada de su infancia, así que no podía responderse esa pregunta. Agachó la cabeza, casi con vergüenza. —Tal vez si necesite ayuda para llegar a un lugar…
Se quitó la mochila de la espalda y la abrió para rebuscar en ella su fiel libreta, una vez la tuvo en sus manos, la mochila volvió a su sitio y él pudo abrir la libreta en la página que había dejado marcada. Alzó el cuaderno y lo puso frente a la cara del otro hombre.
—Mira…necesito conseguir estas plantas, me dijeron que en el mercado, en los puestos de especias, pero no puedo encontrar el lugar, incluso le pedí ayuda a un marine y sé que me dijo algo…pero… ¡Agh! Lo olvidé…Olvidé la dirección —dijo con frustración evidente mientras seguía sosteniendo el cuaderno frente a la cara del otro hombre. Ahí podría leer, escrito con una caligrafía casi perfecta y en letras cursivas, una lista de plantas y medicinas, aunque resaltaba, más que nada la palabra “menta”.
—¿Puedes ayudarme? —Bajó el cuaderno y miró al otro con ojos suplicantes, aunque escondidos tras el vidrio delgado de unos lentes que estaban en su cara más de adorno que por algo más. —Es decir, entendería si no pudieras, supongo que de todos modos podría arreglármelas para encontrar el mercado y luego al barco…el barco… ¿En qué dirección estaba el barco? —¡Excelente! Anotó los colores, dibujó la bandera, pero no se le ocurrió anotar algún distintivo entre las calles que lo pudieran guiar de regreso a su navío.
—Jmmmm…—Ladeó su cabeza, finalmente aceptando por completo lo dicho por el pelinegro que ahora, con otra pregunta, hacía que el tono rojo de antes volviera a su cara, no…mejor dicho, solo hacía que ese tono se intensificara, a fin de cuentas, ni cuando palideció se fue del todo. Tapó la mitad de la cara con una de sus manos y deseó tener una mascarilla ahí mismo ¿Tanto se notaba su sonrojo?
—No…Es decir…sí, estoy…estoy bien —. Desvió su rostro para mirar cualquier otro punto en la calle, el ir y venir de las personas lo ponía menos nervioso que la situación. —No tengo fiebre, esto es…es culpa del sol, me pasa cuando estoy expuesto durante mucho tiempo y…bueno…no importa, se irá cuando llegue a un lugar con sombra o si me aplico algún ungüento, nada grave —. Mentiras…a medias, sí, el sol hacía que su piel tomara ese tono, pero su torpeza frente al guapo sujeto frente a él fue responsable de que se hiciera más notorio.
Dejó de hablar, también apartó la mano de su rostro y, así como hacía su supuesto compañero, miró en varias direcciones. ¿A quién buscaba? La respuesta llegó cuando el pelinegro abrió la boca y, por algún motivo, esa pregunta lo ofendió ¿Por qué asumía que alguien tenía que acompañarlo? No es que fuera un niño.
Se cruzó de brazos, cerró sus ojos y alzó su mentón en un gesto que podría considerarse algo altivo. —¿Por qué habría de acompañarme alguien? Soy un adulto, tengo 25 años —. Mentira, tiene 32. —Creo que puedo recorrer la isla por mi cuenta, pero… —Relajó sus músculos, descruzó sus brazos y dejó escapar un suspiro de cansancio, resignándose al hecho de que, por muy adulto que fuera, sí que se perdía como un niño ¿Siempre fue así? No podía recordar nada de su infancia, así que no podía responderse esa pregunta. Agachó la cabeza, casi con vergüenza. —Tal vez si necesite ayuda para llegar a un lugar…
Se quitó la mochila de la espalda y la abrió para rebuscar en ella su fiel libreta, una vez la tuvo en sus manos, la mochila volvió a su sitio y él pudo abrir la libreta en la página que había dejado marcada. Alzó el cuaderno y lo puso frente a la cara del otro hombre.
—Mira…necesito conseguir estas plantas, me dijeron que en el mercado, en los puestos de especias, pero no puedo encontrar el lugar, incluso le pedí ayuda a un marine y sé que me dijo algo…pero… ¡Agh! Lo olvidé…Olvidé la dirección —dijo con frustración evidente mientras seguía sosteniendo el cuaderno frente a la cara del otro hombre. Ahí podría leer, escrito con una caligrafía casi perfecta y en letras cursivas, una lista de plantas y medicinas, aunque resaltaba, más que nada la palabra “menta”.
—¿Puedes ayudarme? —Bajó el cuaderno y miró al otro con ojos suplicantes, aunque escondidos tras el vidrio delgado de unos lentes que estaban en su cara más de adorno que por algo más. —Es decir, entendería si no pudieras, supongo que de todos modos podría arreglármelas para encontrar el mercado y luego al barco…el barco… ¿En qué dirección estaba el barco? —¡Excelente! Anotó los colores, dibujó la bandera, pero no se le ocurrió anotar algún distintivo entre las calles que lo pudieran guiar de regreso a su navío.
