10-09-2025, 10:02 PM
Blue graznó fuerte sobre mi hombro, como si quisiera marcar que algo fuera distinto en el aire y tenía razón, la calle, que hasta hacía unos segundos hervía en conversaciones sin importancia, se había vuelto un murmullo de susurros. Yo ya conocía esa sensación., bastaba con que me mostrara en público para que la gente empezara a señalar mis alas negras o a inventar historias sobre mí. Nunca me molestó; al contrario, me gustaba ver cómo mis pasos dejaban huella más allá de las marcas en la nieve.
Pero esta vez había alguien que no solo murmuraba. Había alguien que observaba, lo encontré enseguida, un muchacho pelirrojo, con un arco enorme a la espalda y un abrigo que gritaba “cazador” incluso desde lejos. Lo gracioso era que trataba de disimular con una gorra de la Marina, como si eso bastara para ocultar lo evidente, me hizo sonreír, mitad soldado, mitad salvaje. Una mezcla curiosa.
Cuando sus ojos se fijaron en los míos, lo supe, no era uno de esos curiosos sin importancia, medía, analizaba, buscaba detalles, igual que yo, eso me puso alerta. Mi mano se deslizó, casi por instinto, hasta la culata de una de mis pistolas, no porque pensara usarla, sino porque sentir el frío del metal bajo mis dedos me tranquilizaba, es mi manera de mantener el control, como otros necesitan un trago o encender un cigarro.
Él se acercó con calma, y yo lo dejé hablar, su tono era respetuoso, casi demasiado, como si no quisiera molestar, eso me arrancó una risa breve y ligera, ladeé la cabeza para que pudiera apreciar bien mis alas extendidas y le respondí con una sonrisa cargada de seguridad.
—No necesito que me llames “sir”. No soy un oficial, y tampoco un hombre, soy Sayuri, soldado raso de la Marina, aunque, créeme, el rango se me queda corto cuando tienes mi puntería. —Lo observé de arriba abajo sin disimular. Su postura era la de un cazador acostumbrado a moverse con paciencia, atento al más mínimo cambio a su alrededor, sus ojos eran lo que más me interesó, firmes, calculadores, buscando leer los míos, si pretendía descubrir mis intenciones, iba a tener trabajo.
—Recién llegado, ¿eh? —murmuré, arqueando una ceja —Pues más te vale no confiarte. Esta isla tiene más secretos de los que parece, y distraerse aquí es un lujo caro. —
Blue picoteó suavemente mi oreja, como si quisiera recordarme que no bajara la guardia, entonces lo acaricié con un dedo mientras me inclinaba un poco hacia el muchacho. —Tal vez te enseñe algo sobre la isla, o sobre cómo se dispara de verdad, porque no creo que puedas hacer mucho con ese arco, pero no confundas mi amabilidad con debilidad y hay una cosa que debes grabarte, jamás tolero a quien apunta contra un animal. Hazlo, y no me importará nuestro uniforme serás mi blanco. — Lo dije con calma, sin necesidad de levantar la voz, porque cuando uno está seguro de sí mismo, no hace falta gritar para que lo escuchen.
Pero esta vez había alguien que no solo murmuraba. Había alguien que observaba, lo encontré enseguida, un muchacho pelirrojo, con un arco enorme a la espalda y un abrigo que gritaba “cazador” incluso desde lejos. Lo gracioso era que trataba de disimular con una gorra de la Marina, como si eso bastara para ocultar lo evidente, me hizo sonreír, mitad soldado, mitad salvaje. Una mezcla curiosa.
Cuando sus ojos se fijaron en los míos, lo supe, no era uno de esos curiosos sin importancia, medía, analizaba, buscaba detalles, igual que yo, eso me puso alerta. Mi mano se deslizó, casi por instinto, hasta la culata de una de mis pistolas, no porque pensara usarla, sino porque sentir el frío del metal bajo mis dedos me tranquilizaba, es mi manera de mantener el control, como otros necesitan un trago o encender un cigarro.
Él se acercó con calma, y yo lo dejé hablar, su tono era respetuoso, casi demasiado, como si no quisiera molestar, eso me arrancó una risa breve y ligera, ladeé la cabeza para que pudiera apreciar bien mis alas extendidas y le respondí con una sonrisa cargada de seguridad.
—No necesito que me llames “sir”. No soy un oficial, y tampoco un hombre, soy Sayuri, soldado raso de la Marina, aunque, créeme, el rango se me queda corto cuando tienes mi puntería. —Lo observé de arriba abajo sin disimular. Su postura era la de un cazador acostumbrado a moverse con paciencia, atento al más mínimo cambio a su alrededor, sus ojos eran lo que más me interesó, firmes, calculadores, buscando leer los míos, si pretendía descubrir mis intenciones, iba a tener trabajo.
—Recién llegado, ¿eh? —murmuré, arqueando una ceja —Pues más te vale no confiarte. Esta isla tiene más secretos de los que parece, y distraerse aquí es un lujo caro. —
Blue picoteó suavemente mi oreja, como si quisiera recordarme que no bajara la guardia, entonces lo acaricié con un dedo mientras me inclinaba un poco hacia el muchacho. —Tal vez te enseñe algo sobre la isla, o sobre cómo se dispara de verdad, porque no creo que puedas hacer mucho con ese arco, pero no confundas mi amabilidad con debilidad y hay una cosa que debes grabarte, jamás tolero a quien apunta contra un animal. Hazlo, y no me importará nuestro uniforme serás mi blanco. — Lo dije con calma, sin necesidad de levantar la voz, porque cuando uno está seguro de sí mismo, no hace falta gritar para que lo escuchen.
