10-09-2025, 11:21 AM
El comienzo del combate resonó en todo el jardín, agitándose los pétalos del aire en cada choque.
Jerry, el guerrero que portaba el escudo, reaccionó con la disciplina de un veterano. El corte de Uker buscaba sus piernas, pero el okama clavó el pie en la grava y bajó con violencia el borde inferior de su escudo en un ángulo perfecto, deteniendo la hoja roma con un golpe seco que levantó chispas en el aire. El eco metálico vibró hasta los ventanales del dojo.
-¡Nada mal, espadachín! -Rugió Jerry, apretando la mandíbula y forzando con su peso el acero contra el suelo para neutralizar la ofensiva. Luego, sin perder tiempo, dio un paso al frente cerrando aún más la distancia y trató de abrir espacio con un golpe de escudo ascendente que soltó como un latigazo de hierro y color rosa, dirigido al rostro de su oponente.
Al otro extremo, Gerry apenas alcanzó a comprender lo que estaba ocurriendo. El primer impacto de su puño había hecho retroceder a Maki, pero en el parpadeo siguiente la vio empezar a mutar. Garras, una enorme cola y un destello de poder animal lo dejaron sin aliento. No había esperado aquello en absoluto.
-¡¿Qué demonios…?! -Gritó, mientras trataba de cubrirse instintivamente. Su antebrazo se interpuso entre la patada de Maki y su cabeza, pero el golpe lo sacudió como si lo hubiese embestido un toro. La vibración le recorrió los huesos, y aún bloqueando, se vio obligado a retroceder varios pasos, mientras sus pies tambaleantes iban hundiéndose en la grava hasta formar surcos.
Los pétalos seguían girando en remolinos de aire, arrastrados por cada movimiento de los combatientes. Desde el otro extremo del jardín, la figura de Thrym proyectaba una sombra enorme, como si fuese un coloso que dominaba la escena. El gigante seguía narrando el combate como si fuera el maestro de ceremonias de un torneo, parecía dispuesto a no intervenir definitivamente.
El duelo apenas comenzaba a mostrar su verdadero filo y tal vez, el golpe de suerte de Maki había creado una pequeña apertura para la victoria.
Jerry, el guerrero que portaba el escudo, reaccionó con la disciplina de un veterano. El corte de Uker buscaba sus piernas, pero el okama clavó el pie en la grava y bajó con violencia el borde inferior de su escudo en un ángulo perfecto, deteniendo la hoja roma con un golpe seco que levantó chispas en el aire. El eco metálico vibró hasta los ventanales del dojo.
-¡Nada mal, espadachín! -Rugió Jerry, apretando la mandíbula y forzando con su peso el acero contra el suelo para neutralizar la ofensiva. Luego, sin perder tiempo, dio un paso al frente cerrando aún más la distancia y trató de abrir espacio con un golpe de escudo ascendente que soltó como un latigazo de hierro y color rosa, dirigido al rostro de su oponente.
Al otro extremo, Gerry apenas alcanzó a comprender lo que estaba ocurriendo. El primer impacto de su puño había hecho retroceder a Maki, pero en el parpadeo siguiente la vio empezar a mutar. Garras, una enorme cola y un destello de poder animal lo dejaron sin aliento. No había esperado aquello en absoluto.
-¡¿Qué demonios…?! -Gritó, mientras trataba de cubrirse instintivamente. Su antebrazo se interpuso entre la patada de Maki y su cabeza, pero el golpe lo sacudió como si lo hubiese embestido un toro. La vibración le recorrió los huesos, y aún bloqueando, se vio obligado a retroceder varios pasos, mientras sus pies tambaleantes iban hundiéndose en la grava hasta formar surcos.
Los pétalos seguían girando en remolinos de aire, arrastrados por cada movimiento de los combatientes. Desde el otro extremo del jardín, la figura de Thrym proyectaba una sombra enorme, como si fuese un coloso que dominaba la escena. El gigante seguía narrando el combate como si fuera el maestro de ceremonias de un torneo, parecía dispuesto a no intervenir definitivamente.
El duelo apenas comenzaba a mostrar su verdadero filo y tal vez, el golpe de suerte de Maki había creado una pequeña apertura para la victoria.
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