09-09-2025, 12:29 AM
¿Cómo habían llegado a esa situación? ¿Cómo había logrado que una mujer así se fijara en él? No había hecho nada, no recordaba algo que lo hiciera digno de un trato como ese, pero tampoco iba a quejarse. El calor de sus cuerpos, la sensación de su piel rozando la de ella, sus cicatrices encontrándose, sus respiraciones uniéndose por la cercanía de sus rostros, todo en la situación lo provocaba, lo llamaba a desear más, a cumplir lo que él pensaba que la mujer deseaba.
Fue en ese momento que ella habló. Su voz sería suficiente para hacerlo caer a sus pies en esta situación, pero el muchacho no tardó en comenzar a mover sus caderas, sintiendo con su miembro lo mojado de la entrepierna ajena. Su cabeza se movió, bajando hasta alcanzar el cuello de la mujer, y comenzando a besarlo con pasión, mientras que ella hablaba directamente a su oído. No podría controlarse si ella dejaba salir esas palabras, esos pedidos tan arriesgados.
Pero fue su última pregunta lo que trajo algo de duda a la mente del cocinero. No detuvo sus caderas, no deseaba hacerlo, pero elevó un poco su cabeza para poder hablar con la peliverde. - Yo…-. Tuvo que tomarse un tiempo para pensar sus palabras, pero finalmente movió una de sus manos y la colocó con delicadeza en la mejilla ajena. - Tu cuerpo es… suficiente para volverme loco… -. Debía cortar sus palabras a momentos, pues no detenía el movimiento de su cuerpo contra el de ella ni siquiera mientras hablaba. - Tu voz es… tan dulce que… que podría escucharla por el resto de mi… de mi vida -.
- Y sé que… sé que deseo hacerte sentir bien hoy…como tú lo hiciste conmigo en la cocina… como lo haces con tu cuerpo ahora… - ¿Cómo podría negarse a eso? Cada parte de su ser le pedía que deje de hablar y simplemente haga caso a los pedidos de la muchacha, que se deje llevar y den rienda suelta a su juventud sin pensar en nada más. - Pero… pero no puedo responderte a esa pregunta… -.
Se sentía mal al decir esas palabras, pero incluso así no dejó de mover su miembro sobre la intimidad ajena. - Prometo hacerte feliz esta noche… incluso… incluso en más ocasiones. Prometo cumplir cada deseo o fantasía que tengas… pero… -. Fue en ese momento que sus caderas se detuvieron. Su mano, aún en la cara ajena, acarició con dulzura la zona. - Pero no deseo lastimarte con una respuesta que no tengo, incluso si decirte esto significa hacerte ese daño que quiero evitarte -.
Su cabeza volvió a bajar, volviendo a besar el cuello de la mujer, tal vez para compensarla por haber detenido sus caderas. - No quiero simplemente desear tu cuerpo. Quiero conocerte, aprender de mi, que tu me conozcas, estar seguro de que me amas, de que yo te amo y no que solo… -. Detuvo sus palabras. Ahora, su mano que antes tocaba la cara ajena se movió hacia su miembro, moviéndolo hasta colocarlo en el lugar exacto para poder cumplir los deseos ajenos. - Déjame volverte mía esta noche, si tanto lo deseas, y luego veamos si en verdad seremos algo más -.
Fue en ese instante que penetró en la mujer, sin mucha fuerza, y tomándose un momento en cuanto hubo ingresado por completo. Sentía que iba a explotar, nunca había vivido algo como eso y la inexperiencia se le notaba, pero debía cumplir con su palabra. Sus caderas comenzaron a moverse, lentamente en un inicio, pero tomando velocidad con cada vez que sus cuerpos se encontraban. Separó sus rostros y alzó su torso, tomándola de la cintura para que su movimiento no la hiciera alejarse de él. Escucharla gemir con cada movimiento lo prendía más, pero bien sabía que debía encontrar algo con lo que entretener su mente para aguantar más.
Fue por eso que volvió a dejar caer su cuerpo sobre ella, besándola mientras sus caderas se movían con fuerza. Sintió con claridad como ella estiraba su cabello, como el sudor de ambos comenzaba a mezclarse y a hacer un desastre en las sabanas junto a sus otros líquidos. - Claro, preciosa, lo que tú me pidas -. No volvió a besarla tras responder a esa petición, simplemente volvió a bajar el rostro y besar el cuello ajeno, ahora con la misma fuerza y pasión que le ponía a cada movimiento de su cuerpo.
Fue en ese momento que ella habló. Su voz sería suficiente para hacerlo caer a sus pies en esta situación, pero el muchacho no tardó en comenzar a mover sus caderas, sintiendo con su miembro lo mojado de la entrepierna ajena. Su cabeza se movió, bajando hasta alcanzar el cuello de la mujer, y comenzando a besarlo con pasión, mientras que ella hablaba directamente a su oído. No podría controlarse si ella dejaba salir esas palabras, esos pedidos tan arriesgados.
Pero fue su última pregunta lo que trajo algo de duda a la mente del cocinero. No detuvo sus caderas, no deseaba hacerlo, pero elevó un poco su cabeza para poder hablar con la peliverde. - Yo…-. Tuvo que tomarse un tiempo para pensar sus palabras, pero finalmente movió una de sus manos y la colocó con delicadeza en la mejilla ajena. - Tu cuerpo es… suficiente para volverme loco… -. Debía cortar sus palabras a momentos, pues no detenía el movimiento de su cuerpo contra el de ella ni siquiera mientras hablaba. - Tu voz es… tan dulce que… que podría escucharla por el resto de mi… de mi vida -.
- Y sé que… sé que deseo hacerte sentir bien hoy…como tú lo hiciste conmigo en la cocina… como lo haces con tu cuerpo ahora… - ¿Cómo podría negarse a eso? Cada parte de su ser le pedía que deje de hablar y simplemente haga caso a los pedidos de la muchacha, que se deje llevar y den rienda suelta a su juventud sin pensar en nada más. - Pero… pero no puedo responderte a esa pregunta… -.
Se sentía mal al decir esas palabras, pero incluso así no dejó de mover su miembro sobre la intimidad ajena. - Prometo hacerte feliz esta noche… incluso… incluso en más ocasiones. Prometo cumplir cada deseo o fantasía que tengas… pero… -. Fue en ese momento que sus caderas se detuvieron. Su mano, aún en la cara ajena, acarició con dulzura la zona. - Pero no deseo lastimarte con una respuesta que no tengo, incluso si decirte esto significa hacerte ese daño que quiero evitarte -.
Su cabeza volvió a bajar, volviendo a besar el cuello de la mujer, tal vez para compensarla por haber detenido sus caderas. - No quiero simplemente desear tu cuerpo. Quiero conocerte, aprender de mi, que tu me conozcas, estar seguro de que me amas, de que yo te amo y no que solo… -. Detuvo sus palabras. Ahora, su mano que antes tocaba la cara ajena se movió hacia su miembro, moviéndolo hasta colocarlo en el lugar exacto para poder cumplir los deseos ajenos. - Déjame volverte mía esta noche, si tanto lo deseas, y luego veamos si en verdad seremos algo más -.
Fue en ese instante que penetró en la mujer, sin mucha fuerza, y tomándose un momento en cuanto hubo ingresado por completo. Sentía que iba a explotar, nunca había vivido algo como eso y la inexperiencia se le notaba, pero debía cumplir con su palabra. Sus caderas comenzaron a moverse, lentamente en un inicio, pero tomando velocidad con cada vez que sus cuerpos se encontraban. Separó sus rostros y alzó su torso, tomándola de la cintura para que su movimiento no la hiciera alejarse de él. Escucharla gemir con cada movimiento lo prendía más, pero bien sabía que debía encontrar algo con lo que entretener su mente para aguantar más.
Fue por eso que volvió a dejar caer su cuerpo sobre ella, besándola mientras sus caderas se movían con fuerza. Sintió con claridad como ella estiraba su cabello, como el sudor de ambos comenzaba a mezclarse y a hacer un desastre en las sabanas junto a sus otros líquidos. - Claro, preciosa, lo que tú me pidas -. No volvió a besarla tras responder a esa petición, simplemente volvió a bajar el rostro y besar el cuello ajeno, ahora con la misma fuerza y pasión que le ponía a cada movimiento de su cuerpo.
