05-09-2025, 11:49 PM
El sabueso era rápido, eso era innegable, sus mandíbulas estaban hechas para comer, este sería un reto duro. Plato tras plato el perro iba devorando sin compasión ni miramiento, parecía que ni agua bebía el muy animal, desde luego era un samurai del ramen, no solo cocinándolo, también comiéndolo. La gente observaba atónita y mi rival, atónita y algo perturbada, era insano comer así.
Con lo que mi oponente no contaba era el tiempo que yo llevaba sin comer de manera decente, o por lo menos lo subestimo. Mi boca no estaba hecha para comer tan rápido, pero mi hambre no iba a dejarme atrás, de la misma manera que él vaciaba cuencos, yo lo hacía también, sin beber agua siquiera, el caldo ya lubricaría los fideos. Ese tipo, al cual no le había preguntado el nombre, se jactaba de que este solo era el comienzo de la guerra mientras cogía otro plato, yo no iba a detenerme a hablar. Con la boca llena mientras masticaba para tragar comencé a responderle.-Ño sbs ñonde te hs metiño.- Mascullé en un idioma inteligible mientras tragaba y volvía a meter otro bocado, no dejaba que jamás la boca estuviese vacía.
Esto ya no era por perder o ganar, mi honor de muerto de hambre estaba en juego, se había vuelto personal y las personas podían notarlo en mi mirada. Algunos sorprendidos por mi oponente comenzaban a poner las miradas en mi, algunos cuchicheos corrían entre el silencio hasta que, al cabo de dos o tres tazones pudo oírse un grito desde el fondo del tumulto.
-Yo apuesto por el mink.- Podía verse una mano con berries sobresaliendo por encima de las cabezas de todos, tras eso un sin fin de gritos de aliento y apuestas comenzaron a inundar el aire. Algunos apostaban por mi, claramente mi fama de traga aldabas se estaba consolidando en el pueblo, otros apostaban por el hombre-perro, pues veían ventaja en su anatomía. Aquello pasó de ser un reto entre dos idiotas al duelo del siglo entre el talento y la voluntad. Él comía tan rápido que parecía que ni usaba palillos y metía el hocico directo al cuenco, por eso tenía que agilizar lo máximo posible mis manos y mis dedos para igualar su velocidad. Sin duda este sería un duelo de titanes.
Con lo que mi oponente no contaba era el tiempo que yo llevaba sin comer de manera decente, o por lo menos lo subestimo. Mi boca no estaba hecha para comer tan rápido, pero mi hambre no iba a dejarme atrás, de la misma manera que él vaciaba cuencos, yo lo hacía también, sin beber agua siquiera, el caldo ya lubricaría los fideos. Ese tipo, al cual no le había preguntado el nombre, se jactaba de que este solo era el comienzo de la guerra mientras cogía otro plato, yo no iba a detenerme a hablar. Con la boca llena mientras masticaba para tragar comencé a responderle.-Ño sbs ñonde te hs metiño.- Mascullé en un idioma inteligible mientras tragaba y volvía a meter otro bocado, no dejaba que jamás la boca estuviese vacía.
Esto ya no era por perder o ganar, mi honor de muerto de hambre estaba en juego, se había vuelto personal y las personas podían notarlo en mi mirada. Algunos sorprendidos por mi oponente comenzaban a poner las miradas en mi, algunos cuchicheos corrían entre el silencio hasta que, al cabo de dos o tres tazones pudo oírse un grito desde el fondo del tumulto.
-Yo apuesto por el mink.- Podía verse una mano con berries sobresaliendo por encima de las cabezas de todos, tras eso un sin fin de gritos de aliento y apuestas comenzaron a inundar el aire. Algunos apostaban por mi, claramente mi fama de traga aldabas se estaba consolidando en el pueblo, otros apostaban por el hombre-perro, pues veían ventaja en su anatomía. Aquello pasó de ser un reto entre dos idiotas al duelo del siglo entre el talento y la voluntad. Él comía tan rápido que parecía que ni usaba palillos y metía el hocico directo al cuenco, por eso tenía que agilizar lo máximo posible mis manos y mis dedos para igualar su velocidad. Sin duda este sería un duelo de titanes.
