01-09-2025, 08:59 PM
La bandeja metálica pesaba un poco más de lo esperado, pero nada que no pudiera cargar con una mano mientras en la otra sujetaba mi enorme kanabō, que no había querido soltar ni siquiera en el comedor, pero debía hacerlo para comer al menos. Caminé hasta la mesa con pasos amplios y me acomodé como pude en el banco, cuidando de no romperlo con mi peso. Dejé caer la bandeja delante de mí y observé lo que me habían servido: carne guisada, arroz blanco y un par de bollos de pan, no era nada demasiado espectacular, pero suficiente para llenar mi estómago, que ya rugía como si tuviera vida propia.
—¡Kyarararara! —mi risa resonó fuerte en el comedor, mientras hundía la cuchara en el arroz con entusiasmo —Si la comida siempre es así, yo ya estoy más que feliz de estar aquí. —
Comí sin pudor, como si llevara tres días sin probar bocado, aunque en realidad lo que me tenía tan animada no era la comida en sí, sino la compañía. Apenas era nuestro primer día y ya me encontraba sentada con un sargento y otro recluta que parecían tener muy claras sus ideas. Escuchaba con atención lo que decían tanto Bertram como Stroud, incluso aunque mi boca estuviera ocupada engullendo. Entre bocado y bocado, asentía con la cabeza, dándole vueltas a lo que planteaban. Lo de rastrear criminales sonaba emocionante, casi como un juego de cacería, pero con reglas más serias. Stroud lo llevó todavía más lejos, hablando de táctica e inteligencia, palabras que hacían que mis cejas se alzaran como si me estuviera imaginando un partido de béisbol muy complejo.
—Así que, un cazador, un estratega y yo —dije finalmente, apoyando el codo sobre la mesa y señalándome con el pulgar mientras esbozaba una sonrisa amplia —Supongo que me tocará ser la bateadora, ¿no? Si ustedes dos marcan el camino y preparan la jugada, yo puedo encargarme de dar el golpe final. — Golpeé con suavidad el aire con el kanabō, como si fuera un bate de béisbol, y no pude contener la carcajada. —¡Kyararararara! Suena divertido. —
Mientras seguía riendo, noté que Stroud sacaba un papel y una pluma. Lo observé escribir con esa seriedad meticulosa suya hasta que lo dobló y lo dejó sobre la mesa, entre el sargento y yo, pero no pude resistir la curiosidad alcancé el papel con mis dedos grandes y lo abrí sin demasiada discreción. Al leer la frase escrita, mis carcajadas se detuvieron de golpe, dando paso a una sonrisa ladeada.
—Heh! tienes razón. Y si es así, mejor que escuchen esto — dije, bajando un poco la voz, pero manteniendo mi tono animado —No importa quién esté escuchando ni cuántos nos vigilen. Lo único que deben saber es que esta división, con nosotros tres, será imparable. — Volví a dejar el papel en la mesa y tomé otro pedazo de carne de mi plato, como si nada hubiera pasado.
—Así que prepárense, compañeros, porque cuando el juego empiece, yo pienso dar home run. — Y terminé con un nuevo estallido de carcajadas que hicieron vibrar los cubiertos en la mesa. Claro que sabia que tenia que mostrar que era lo que yo misma podía hacer, pero era mejor hacerlo en otro lugar, en otro momento, o incluso en el campo de batalla, no me pondría a flotar delante de todos aquí.
—¡Kyarararara! —mi risa resonó fuerte en el comedor, mientras hundía la cuchara en el arroz con entusiasmo —Si la comida siempre es así, yo ya estoy más que feliz de estar aquí. —
Comí sin pudor, como si llevara tres días sin probar bocado, aunque en realidad lo que me tenía tan animada no era la comida en sí, sino la compañía. Apenas era nuestro primer día y ya me encontraba sentada con un sargento y otro recluta que parecían tener muy claras sus ideas. Escuchaba con atención lo que decían tanto Bertram como Stroud, incluso aunque mi boca estuviera ocupada engullendo. Entre bocado y bocado, asentía con la cabeza, dándole vueltas a lo que planteaban. Lo de rastrear criminales sonaba emocionante, casi como un juego de cacería, pero con reglas más serias. Stroud lo llevó todavía más lejos, hablando de táctica e inteligencia, palabras que hacían que mis cejas se alzaran como si me estuviera imaginando un partido de béisbol muy complejo.
—Así que, un cazador, un estratega y yo —dije finalmente, apoyando el codo sobre la mesa y señalándome con el pulgar mientras esbozaba una sonrisa amplia —Supongo que me tocará ser la bateadora, ¿no? Si ustedes dos marcan el camino y preparan la jugada, yo puedo encargarme de dar el golpe final. — Golpeé con suavidad el aire con el kanabō, como si fuera un bate de béisbol, y no pude contener la carcajada. —¡Kyararararara! Suena divertido. —
Mientras seguía riendo, noté que Stroud sacaba un papel y una pluma. Lo observé escribir con esa seriedad meticulosa suya hasta que lo dobló y lo dejó sobre la mesa, entre el sargento y yo, pero no pude resistir la curiosidad alcancé el papel con mis dedos grandes y lo abrí sin demasiada discreción. Al leer la frase escrita, mis carcajadas se detuvieron de golpe, dando paso a una sonrisa ladeada.
—Heh! tienes razón. Y si es así, mejor que escuchen esto — dije, bajando un poco la voz, pero manteniendo mi tono animado —No importa quién esté escuchando ni cuántos nos vigilen. Lo único que deben saber es que esta división, con nosotros tres, será imparable. — Volví a dejar el papel en la mesa y tomé otro pedazo de carne de mi plato, como si nada hubiera pasado.
—Así que prepárense, compañeros, porque cuando el juego empiece, yo pienso dar home run. — Y terminé con un nuevo estallido de carcajadas que hicieron vibrar los cubiertos en la mesa. Claro que sabia que tenia que mostrar que era lo que yo misma podía hacer, pero era mejor hacerlo en otro lugar, en otro momento, o incluso en el campo de batalla, no me pondría a flotar delante de todos aquí.
