[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#32
Tras el funeral, el trío revolucionario recibió las cenizas de Oxxy en una urna y unas palabras de ánimo por parte del padre Tuck. Don Bambú aceptó la urna y la recogió con ambas manos, como si fuera un objeto de increíble valor. Las cenizas de Oxxy debían reposar en un lugar adecuado. El mar es el lugar habitual, pero tendría que meditar —junto con sus compañeros, por supuesto— si el Nuevo Mundo puede ofrecer una alternativa todavía mejor para un valiente miembro de la gloriosa Revolución. Quizás Zou, de donde proceden todos los mink, pero la situación actual de la isla es un misterio. —Gracias, padre. Si no le importa dejaré las cenizas aquí mientras vamos a luchar. No quisiera que Oxxy quedase desparramado por las calles de la ciudad por accidente. Dejaré la urna en la cabaña. —Sin decir mucho más, el panda se retiró a la cabaña donde pasarían la noche y, dejando la urna a un lado de su catre —algo pequeño para él, ya que no se estilan las camas de 4 metros de largo—, se fue a dormir.

Nada más amanecer en el campamento de los rebeldes, Don Bambú extendió su haki cien metros a la redonda con la intención de asegurarse de no recibir desagradables sorpresas como la de Oxxy. Esta vez sentiría la presencia de Jamonada antes de que el trueno retumbase. Esta vez no moriría ninguno de sus compañeros. —Deseadnos suerte, Zorak, Comi y tú. —Plenamente consciente de que esto se lo decía a sí mismo más que a la urna, el oso salió de su tienda vestido y completamente equipado para la contienda. El campamento bullía con la frenética actividad de los días importantes. Todos se preparaban a toda prisa, repasaban el plan una y otra vez en sus cabezas y desayunaban casi sin meditar en lo que se estaban metiendo en el buche. Al cabo de una hora después de levantarse, el oso ya estaba listo para salir. El camino sería largo, pero con un sin fin de preocupaciones sobre la misión a acometer en la cabeza llegarían antes de darse cuenta. Hacia el final del camino, Robin les indicó que serían las trillizas las que les guiasen hasta el arsenal y las que se encargasen de ayudarles a entrar en el mismo. El propio panda podría encargarse de eso, pero no sería él el que impidiese a tres jóvenes rebeldes ejercer su labor libertaria. La liberación de una tierra es una tarea global después de todo, y no de unos pocos.

Ante el grupo de rebeldes y revolucionarios se extendía la ciudad de Kamome con sus blancas viviendas y su imponente castillo. Una extraña paz envolvía el lugar. Tras un emotivo discurso de Robin que sólo podría quedar segundo ante los de el elocuente comandante Kageyama, el grupo se dividió en dos. Por un lado los rebeldes y por el otro los revolucionarios acompañados por las tres hermanas idénticas. Tras una pequeña discusión entre ellas porque una se pasó de atrevida con Robin, los toros negros fueron guiados por las solitarias calles de Kamome. Don Bambú seguiría al grupo a partir de este momento desde el subsuelo con el ratón de Kisuke en el hombro para mantener las comunicaciones. —Esta combinación es buenísima, honhonhon. —Max se reía con ganas ante la idea de tener un ratón de hollín en el hombro mientras avanzaba empujando el suelo con ambas manos. Desde su posición monitorizaba las auras a su alrededor y seguía al grupo sin necesidad de doblar esquina alguna o de esperar al momento idóneo para moverse sin ser detectado. En determinado momento las chicas, cuyas auras todavía le resultaban indistinguibles, se separaron de los revolucionarios. —Lo único que lamento es perderme la acción inicial. —Sin darle más vueltas, siguió a sus dos camaradas hasta lo que debía ser sin lugar a dudas el arsenal. En su interior había numerosas presencias, pero sus espíritus brillaban con debilidad al lado de los de Beto y Kisuke. Detectó las tres presencias idénticas más adelante y supuso que las hermanas se habían adelantado para hacer algo, aunque no pudiera saber muy bien el qué. —Bueno, pues voy avanzando. —Informó Don Bambú mientras se adelantaba ligeramente a Beto, que ya se estaba colocando en lo que debía de ser la entrada al arsenal. Esto último lo dedujo por la cantidad de presencias alteradas que había en frente.

Además de las presencias más cercanas al grupo, que serían vaporizadas inmediatamente, había otras 140 en la distancia, a unos treinta metros y otras 80 a una distancia similar, pero girando a la derecha en lugar de a la izquierda. Mientras Don Bambú avanzaba por el subsuelo —despacio todo hay que decirlo— Kisuke le informó de que él se encargaría del grupo de 140. —¡Por supuesto! Aunque espero que se acerquen ellos un poco, voy a tardar un montón en llegar hasta ellos. ¡Honhonhon! —Estaba animado, para qué mentir. Su cuerpo le estaba pidiendo acción desde que llegaron a la isla. La tapadera de los científicos había sido divertida, pero el resultado fue catastrófico y deprimente. Esto era más sencillo, directo y disfrutable: apalizar traidores de clase.

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RE: [EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo - por Max D. Bambú - 01-09-2025, 06:06 PM

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