30-08-2025, 09:56 PM
¿Cómo podría explicarle que no entendía lo que significaba amar a alguien de esa manera? Ella encendía algo en él, algo muy peligroso, pero no podía evitar continuar con ese juego perverso. La deseaba, deseaba mantenerla a su lado, al menos esta noche, deseaba ese calor que ella brindaba incluso cuando no estaban tan cerca como en este momento. - ¿Crees… que te… ? -. No pudo terminar su pregunta, antes de que ella volviera a azotarlo con sus labios. Un sabor tan dulce que no podía hacer más que callarse y disfrutarlo, cada segundo, como si fuera oro.
Ella no temió en guiarlo para satisfacerla, al menos durante un momento. No podía creer que eso se sintiera bien para él también, escucharla gemir y disfrutar de su tacto, le provocaban algo nuevo para él. ¿Lujuria? Debía serlo, no podía ser otra cosa. No dudó en aprovechar y comenzar a besar y lamer el cuello ajeno, así como ella había hecho con el suyo unos momentos atrás. Deseaba complacerla, provocarle ese placer que ella vertía en él, incluso si le tomaba toda la noche, o todo el día siguiente. - ¿Me enseñaras lo que significa esto que siento? Esto que… provocaste en mí… -.
Pudo sentir sin problemas como ella disfrutaba de su boca, de su lengua danzando y jugando con sus pezones. Sus pedidos eran claros, aún entre los gemidos y palabras de placer, y el pelinegro se alegraba de estar haciendo un buen trabajo, pero fue la misma mujer quien lo detuvo. - Se… seguro… -. Tuvo que tragar saliva mientras ella lo obligaba a levantarse, a base de besos que hacían temblar su cuerpo como si la mayor tormenta helada lo hubiera golpeado de repente. Nunca había visto a nadie que lo deseara, que lo viera de esta manera. Lo hacía preguntarse si acaso solo estaba cayendo en los embrujos de la peliverde, pero al verla arrodillada frente a él su mente no pudo pensar en otra cosa que en la situación actual.
Las manos ajenas se sentían extrañas en su miembro, pero no por ello le disgustaba. La suavidad con la que lo trataba rápidamente se transformó en firmeza, una que lo obligaba a sentirse completamente loco por la mujer, por esa mirada que le ofrecía a su erección, por esos deseos que surgían en su cabeza. No pasó mucho hasta que esos sueños se volvieron una realidad, sintiendo los labios de la joven saborear su líquido, solo para comenzar a tragarlo, sin darle tiempo a respirar o analizarlo.
Se sentía grandioso, como si fuera la mejor sensación de su vida, y aún así ella no detuvo su avance. Incluso tuvo la audacia de empujarlo ella misma, hundiendo aún más el miembro en su garganta. Podría volverse loco, dejó salir un gemido mientras ella no hacía más que engullirlo. Su mano se movió hacia la cabeza ajena, presionando en ella para que no se separase de él, pues no podría soportar un segundo sin su boca recorriéndolo así. Su respiración se volvió más pesada, y tuvo que contener sus gemidos mordiéndose el labio inferior. No podría aguantar mucho si ella seguía así, ella lo miraba de esa forma.
Al parecer, incluso ella debía tomarse un respiro, pese a las ganas que parecía tener de que continuase. La vio, recuperando el aliento, aunque no pudo disfrutar de su libertad por mucho, pues ella volvió a la carga sin dejarle oportunidad de réplica, y de una forma más violenta. Tenía que aguantar, por mucho que quisiera simplemente dejarse llevar, debía aguantar, o todo terminaría ahí. Era difícil, ella marcaba con sus dedos las uniones entre sus músculos, mientras que su boca simplemente parecía querer dejarlo completamente seco.
Por fin pudo respirar, tomar un descanso y caer rendido de nuevo sobre la silla que antes ocupaba. Su respiración no parecía calmarse, y sentía su pene palpitar con fuerza. Si solo hubiera sido un momento más, unos segundos más, habría liberado en ella todo lo que tenía, pero por lo menos pudo dejarlo descansar por un momento.
O eso creyó, pues ella no tardó en volver a levantarse y acercarse a él. ¿Qué debían hacer? ¿Qué debía evitar? No quería pensar en eso, quería dejarse llevar y seguir con esa pasión que ella lo hizo descubrir. - Eso fue… -. Se tomó un momento para responder, pero no pudo continuar. Se abalanzó sobre la peliverde, comenzando a besar su cuello y levantar su propio pantalón, pues pensaba en algo más. - Vamos a mi habitación -. No le pidió su opinión, y tampoco esperó una respuesta. Tomó las prendas de la muchacha con una mano, y con la otra la levanto para que sus rostros quedaran a la misma altura. Dejó que ella ocupara sus brazos y sus piernas para aferrarse a él, mientras sentía con claridad como sus intimidades se rozaban. Eso solo lo excitaba más, por lo que apuró su paso y salió de la cocina, directo hacia la habitación que se le había asignado.
Por suerte no tardaron en llegar, hubiera sido difícil explicar a alguien de la tripulación si los veían así, ella desnuda y él con el miembro afuera. Como pudo, abrió la puerta de la habitación y la cerró de una patada tras pasar, aún sosteniendo a la mujer entre sus brazos, a quien dejó caer sobre su cama.
Solo se separó de ella para terminar de quitarse las botas, los pantalones y su ropa interior, dejándolas en el suelo junto a las prendas de Maki. Volvió a acercarse a ella, ahora a su entrepierna, para comenzar a lamer cerca de su zona más privada. No se acercó aún, quería molestarla un poco, pero se aseguró de agarrar con firmeza la cadera ajena para que no intentara separarse, así como ella hizo con él. Sus besos y lamidas poco a poco se acercaron a la parte más sensible, y se tomó un momento para continuar, echando una mirada a los ojos dorados que esperaba que lo estuvieran viendo, buscando aprobación de alguna manera.
Luego de esos segundos, su boca se centró completamente en esa nueva tarea. El sabor era único, nada que hubiera probado antes se le parecía. Una de sus manos se aventuró por el resto del cuerpo ajeno, pasando entre sus músculos con suavidad, sintiendo cada centímetro de piel y las cicatrices que ella portaba. La hacía, de alguna forma, igual a él, aunque entendía completamente que sus heridas no tenían punto de comparación.
Fue un largo momento, uno que disfrutó, pero que terminó de forma repentina. Gateo sobre el colchón para volver a acercar sus rostros. La besó de nuevo, aún con el sabor de sus líquidos en los labios y la lengua, solo para separarse unos centímetros y hablar. - Eso… ¿estuvo bien? -. Su cara aún estaba muy roja, sus manos se elevaban y una jugaba con los pechos de la peliverde, mientras la otra le permitía apoyarse en el colchón y mantener esa postura. Movió un poco sus caderas, sintiendo con su pene la intimidad ajena, y entendió que no podría aguantar mucho más. - Lo siento… yo… no creo poder resistir si vuelves a tocarme -.
Ella no temió en guiarlo para satisfacerla, al menos durante un momento. No podía creer que eso se sintiera bien para él también, escucharla gemir y disfrutar de su tacto, le provocaban algo nuevo para él. ¿Lujuria? Debía serlo, no podía ser otra cosa. No dudó en aprovechar y comenzar a besar y lamer el cuello ajeno, así como ella había hecho con el suyo unos momentos atrás. Deseaba complacerla, provocarle ese placer que ella vertía en él, incluso si le tomaba toda la noche, o todo el día siguiente. - ¿Me enseñaras lo que significa esto que siento? Esto que… provocaste en mí… -.
Pudo sentir sin problemas como ella disfrutaba de su boca, de su lengua danzando y jugando con sus pezones. Sus pedidos eran claros, aún entre los gemidos y palabras de placer, y el pelinegro se alegraba de estar haciendo un buen trabajo, pero fue la misma mujer quien lo detuvo. - Se… seguro… -. Tuvo que tragar saliva mientras ella lo obligaba a levantarse, a base de besos que hacían temblar su cuerpo como si la mayor tormenta helada lo hubiera golpeado de repente. Nunca había visto a nadie que lo deseara, que lo viera de esta manera. Lo hacía preguntarse si acaso solo estaba cayendo en los embrujos de la peliverde, pero al verla arrodillada frente a él su mente no pudo pensar en otra cosa que en la situación actual.
Las manos ajenas se sentían extrañas en su miembro, pero no por ello le disgustaba. La suavidad con la que lo trataba rápidamente se transformó en firmeza, una que lo obligaba a sentirse completamente loco por la mujer, por esa mirada que le ofrecía a su erección, por esos deseos que surgían en su cabeza. No pasó mucho hasta que esos sueños se volvieron una realidad, sintiendo los labios de la joven saborear su líquido, solo para comenzar a tragarlo, sin darle tiempo a respirar o analizarlo.
Se sentía grandioso, como si fuera la mejor sensación de su vida, y aún así ella no detuvo su avance. Incluso tuvo la audacia de empujarlo ella misma, hundiendo aún más el miembro en su garganta. Podría volverse loco, dejó salir un gemido mientras ella no hacía más que engullirlo. Su mano se movió hacia la cabeza ajena, presionando en ella para que no se separase de él, pues no podría soportar un segundo sin su boca recorriéndolo así. Su respiración se volvió más pesada, y tuvo que contener sus gemidos mordiéndose el labio inferior. No podría aguantar mucho si ella seguía así, ella lo miraba de esa forma.
Al parecer, incluso ella debía tomarse un respiro, pese a las ganas que parecía tener de que continuase. La vio, recuperando el aliento, aunque no pudo disfrutar de su libertad por mucho, pues ella volvió a la carga sin dejarle oportunidad de réplica, y de una forma más violenta. Tenía que aguantar, por mucho que quisiera simplemente dejarse llevar, debía aguantar, o todo terminaría ahí. Era difícil, ella marcaba con sus dedos las uniones entre sus músculos, mientras que su boca simplemente parecía querer dejarlo completamente seco.
Por fin pudo respirar, tomar un descanso y caer rendido de nuevo sobre la silla que antes ocupaba. Su respiración no parecía calmarse, y sentía su pene palpitar con fuerza. Si solo hubiera sido un momento más, unos segundos más, habría liberado en ella todo lo que tenía, pero por lo menos pudo dejarlo descansar por un momento.
O eso creyó, pues ella no tardó en volver a levantarse y acercarse a él. ¿Qué debían hacer? ¿Qué debía evitar? No quería pensar en eso, quería dejarse llevar y seguir con esa pasión que ella lo hizo descubrir. - Eso fue… -. Se tomó un momento para responder, pero no pudo continuar. Se abalanzó sobre la peliverde, comenzando a besar su cuello y levantar su propio pantalón, pues pensaba en algo más. - Vamos a mi habitación -. No le pidió su opinión, y tampoco esperó una respuesta. Tomó las prendas de la muchacha con una mano, y con la otra la levanto para que sus rostros quedaran a la misma altura. Dejó que ella ocupara sus brazos y sus piernas para aferrarse a él, mientras sentía con claridad como sus intimidades se rozaban. Eso solo lo excitaba más, por lo que apuró su paso y salió de la cocina, directo hacia la habitación que se le había asignado.
Por suerte no tardaron en llegar, hubiera sido difícil explicar a alguien de la tripulación si los veían así, ella desnuda y él con el miembro afuera. Como pudo, abrió la puerta de la habitación y la cerró de una patada tras pasar, aún sosteniendo a la mujer entre sus brazos, a quien dejó caer sobre su cama.
Solo se separó de ella para terminar de quitarse las botas, los pantalones y su ropa interior, dejándolas en el suelo junto a las prendas de Maki. Volvió a acercarse a ella, ahora a su entrepierna, para comenzar a lamer cerca de su zona más privada. No se acercó aún, quería molestarla un poco, pero se aseguró de agarrar con firmeza la cadera ajena para que no intentara separarse, así como ella hizo con él. Sus besos y lamidas poco a poco se acercaron a la parte más sensible, y se tomó un momento para continuar, echando una mirada a los ojos dorados que esperaba que lo estuvieran viendo, buscando aprobación de alguna manera.
Luego de esos segundos, su boca se centró completamente en esa nueva tarea. El sabor era único, nada que hubiera probado antes se le parecía. Una de sus manos se aventuró por el resto del cuerpo ajeno, pasando entre sus músculos con suavidad, sintiendo cada centímetro de piel y las cicatrices que ella portaba. La hacía, de alguna forma, igual a él, aunque entendía completamente que sus heridas no tenían punto de comparación.
Fue un largo momento, uno que disfrutó, pero que terminó de forma repentina. Gateo sobre el colchón para volver a acercar sus rostros. La besó de nuevo, aún con el sabor de sus líquidos en los labios y la lengua, solo para separarse unos centímetros y hablar. - Eso… ¿estuvo bien? -. Su cara aún estaba muy roja, sus manos se elevaban y una jugaba con los pechos de la peliverde, mientras la otra le permitía apoyarse en el colchón y mantener esa postura. Movió un poco sus caderas, sintiendo con su pene la intimidad ajena, y entendió que no podría aguantar mucho más. - Lo siento… yo… no creo poder resistir si vuelves a tocarme -.
