25-08-2025, 10:18 PM
Los dos miembros más importantes de los toros Negros entraron a la cabaña junto a la mano derecha de Robin, mientras el monje decidió escuchar desde fuera de esta, lo cual supuso un gran alivio para el resto pues por mucho que lo intentaran sería imposible que alguien tan grande pudiera entrar. Robin procedió a darles las respuestas que les había prometido desde su primer encuentro, además de informarles acerca de la trágica historia de aquella isla y en la que los cuatro revolucionarios se habían visto envueltos e incluso había costado la vida a uno de ellos.
Tanto el Comandante Kageyama como el mariscal que portaba la D en su nombre mostraron su intención de apoyar la causa de aquellos forajidos, palabras que causaron un gran impacto en el líder rebelde. El hombre miró entonces a su compañero, aliviado pero sobre todo esperanzado, pues ahora tenían verdaderas opciones de lograr la libertad de su pueblo. El hombre vestido de verde asintió y miró entonces a su mesa. Se sorprendió, pues estaba hecha un completo desastre - Un momento, que hago sitio - con un movimiento apartó las cosas de encima de la mesa, dejando espacio suficiente para colocar allí un mapa de lo que parecía la capital del reino - Bien, respondiendo a tu pregunta. No os podemos decir exactamente cuánta gente conforma el ejército real, porque esa información es realmente complicada de conseguir - se mordió el labio inferior, molesto por no poder responder a la pregunta del otro hombre - Pero, diría que habrá como un millar de tropas - el hombre de pelo anaranjado interrumpió entonces a su compañero y amigo, acercándose él también a la mesa - Bueno, recuerda que el año pasado hubo una campaña de reclutamiento, así que probablemente ahora el número ronde las quince centenas - le hizo un gesto a su compañero para que prosiguiera - De ahí, el enemigo más peligroso es sin duda el capitán Jamonada. Y luego, habría que tener en cuenta a la guardia personal del rey - explicó, señalando al castillo con su mano izquierda - No son muchos, pero dicen que cada uno de ellos vale por dos, así que supongo que serán enemigos a tener en cuenta - miró a los dos hombres
- Vale, una vez explicado eso, creo que lo mejor será comenzar a hablar del plan - el tono del moreno cambió a uno ligeramente más serio, mientras comenzaba a señalar varios puntos en el mapa - Como supondréis, ir directamente al castillo sería un suicidio. Para empezar no tenemos suficiente gente, y mucho menos el equipamiento necesario. Si tuviéramos alguien que pudiera derribar los muros del castillo de un puñetazo otro gallo cantaría. Pero bueno, esas cosas solo pasan en los sueños - suspiró, alzando levemente la mirada. Se acordó pasados un par de segundos de que estaba comentando el plan - Entonces, como no tenemos una forma sencilla de derribar los muros, necesitaremos hacernos con esto - señaló un lugar en el mapa, en la zona oeste de la capital - Aquí se encuentra el arsenal. Sabemos que todos los cañones se encuentran ahí guardados, listos para ser desplegados en caso de que fuera necesario - dio un par de toquecitos con el dedo en el mapa - Sabemos que es, después del castillo, el lugar mejor defendido del reino - continuó - Parece que alguien sabe cuál es su punto débil y tiene miedo - comentó Stutely - El plan aquí sería dejar fuera de combate a la guarnición, y hacernos con los cañones para poder tener alguna oportunidad en el castillo
- Luego, al otro lado de la ciudad... - el hombre mayor señaló otro punto en el mapa - Ahí se encuentra la prisión. No está tan bien defendida, pero muchos de nuestros compañeros están ahí encerrados, esperando a la horca sin siquiera un juicio justo - el otro hombre apretó el puño de la rabia - Son todos hombres y mujeres que han sido encerrados por luchar por la libertad, y estoy más que seguro de que si les ayudamos se unirán a nuestra causa - explicó - Bueno, ya son parte de la causa - los dos hombres esperaron unos instantes, para ver si los revolucionarios tenían alguna pregunta.
- Como habréis podido ver, esos dos objetivos son posiblemente demasiado ambiciosos para nosotros - explicó - La idea no era asaltar el arsenal y luego el castillo, si no ir muy poco a poco, para robar los cañones sin que se dieran cuenta - siguió hablando - De hecho, además de esos dos lugares hay otros dos enclaves estratégicos más en la capital - señaló otros dos puntos en el mapa, uno al norte y otro al sur - Aquí están el hospital y ahí la reserva de alimentos. No son tan cruciales como el arsenal o la prisión, pero tampoco suponen un peligro tan grande como estos dos - señaló nuevamente a los dos puntos anteriores - Nuestra idea era primero ir a estos dos sitios, para conseguir suministros médicos y alimentos, pero después de lo de antes no podemos permitirnos ir despacio - miró a los dos revolucionarios - Es solo cuestión de tiempo que alguien os reconozca, o que alguien que os haya reconocido informe a la guardia, y si se da ese caso seguramente reforzarían más todavía todos los sitios, por lo que nos sería realmente imposible.
Tras aquellas palabras el hombre siguió mirando a los revolucionarios - Posiblemente para nosotros sea una tarea casi imposible, pero he escuchado vuestras hazañas, y estoy seguro de que seríais capaces - asintió, mirando a la cara al líder revolucionario, antes de volver a mirar al mapa - Entonces, queda en vuestra mano decidir qué enclave habría que asaltar - dijo con decisión - Y nosotros podremos también ayudar con el asalto a otro enclave. Será difícil, pero vuestra llegada ha subido mucho la moral de todos aquí en el campamento, y seguro que si os ven también en las calles - se agachó levemente en señal de respeto - Yo prometo que, sea cual sea el lugar al que tengamos que ir, nosotros lo daremos todo para lograrlo
- La decisión es vuestra
Tanto el Comandante Kageyama como el mariscal que portaba la D en su nombre mostraron su intención de apoyar la causa de aquellos forajidos, palabras que causaron un gran impacto en el líder rebelde. El hombre miró entonces a su compañero, aliviado pero sobre todo esperanzado, pues ahora tenían verdaderas opciones de lograr la libertad de su pueblo. El hombre vestido de verde asintió y miró entonces a su mesa. Se sorprendió, pues estaba hecha un completo desastre - Un momento, que hago sitio - con un movimiento apartó las cosas de encima de la mesa, dejando espacio suficiente para colocar allí un mapa de lo que parecía la capital del reino - Bien, respondiendo a tu pregunta. No os podemos decir exactamente cuánta gente conforma el ejército real, porque esa información es realmente complicada de conseguir - se mordió el labio inferior, molesto por no poder responder a la pregunta del otro hombre - Pero, diría que habrá como un millar de tropas - el hombre de pelo anaranjado interrumpió entonces a su compañero y amigo, acercándose él también a la mesa - Bueno, recuerda que el año pasado hubo una campaña de reclutamiento, así que probablemente ahora el número ronde las quince centenas - le hizo un gesto a su compañero para que prosiguiera - De ahí, el enemigo más peligroso es sin duda el capitán Jamonada. Y luego, habría que tener en cuenta a la guardia personal del rey - explicó, señalando al castillo con su mano izquierda - No son muchos, pero dicen que cada uno de ellos vale por dos, así que supongo que serán enemigos a tener en cuenta - miró a los dos hombres
- Vale, una vez explicado eso, creo que lo mejor será comenzar a hablar del plan - el tono del moreno cambió a uno ligeramente más serio, mientras comenzaba a señalar varios puntos en el mapa - Como supondréis, ir directamente al castillo sería un suicidio. Para empezar no tenemos suficiente gente, y mucho menos el equipamiento necesario. Si tuviéramos alguien que pudiera derribar los muros del castillo de un puñetazo otro gallo cantaría. Pero bueno, esas cosas solo pasan en los sueños - suspiró, alzando levemente la mirada. Se acordó pasados un par de segundos de que estaba comentando el plan - Entonces, como no tenemos una forma sencilla de derribar los muros, necesitaremos hacernos con esto - señaló un lugar en el mapa, en la zona oeste de la capital - Aquí se encuentra el arsenal. Sabemos que todos los cañones se encuentran ahí guardados, listos para ser desplegados en caso de que fuera necesario - dio un par de toquecitos con el dedo en el mapa - Sabemos que es, después del castillo, el lugar mejor defendido del reino - continuó - Parece que alguien sabe cuál es su punto débil y tiene miedo - comentó Stutely - El plan aquí sería dejar fuera de combate a la guarnición, y hacernos con los cañones para poder tener alguna oportunidad en el castillo
- Luego, al otro lado de la ciudad... - el hombre mayor señaló otro punto en el mapa - Ahí se encuentra la prisión. No está tan bien defendida, pero muchos de nuestros compañeros están ahí encerrados, esperando a la horca sin siquiera un juicio justo - el otro hombre apretó el puño de la rabia - Son todos hombres y mujeres que han sido encerrados por luchar por la libertad, y estoy más que seguro de que si les ayudamos se unirán a nuestra causa - explicó - Bueno, ya son parte de la causa - los dos hombres esperaron unos instantes, para ver si los revolucionarios tenían alguna pregunta.
- Como habréis podido ver, esos dos objetivos son posiblemente demasiado ambiciosos para nosotros - explicó - La idea no era asaltar el arsenal y luego el castillo, si no ir muy poco a poco, para robar los cañones sin que se dieran cuenta - siguió hablando - De hecho, además de esos dos lugares hay otros dos enclaves estratégicos más en la capital - señaló otros dos puntos en el mapa, uno al norte y otro al sur - Aquí están el hospital y ahí la reserva de alimentos. No son tan cruciales como el arsenal o la prisión, pero tampoco suponen un peligro tan grande como estos dos - señaló nuevamente a los dos puntos anteriores - Nuestra idea era primero ir a estos dos sitios, para conseguir suministros médicos y alimentos, pero después de lo de antes no podemos permitirnos ir despacio - miró a los dos revolucionarios - Es solo cuestión de tiempo que alguien os reconozca, o que alguien que os haya reconocido informe a la guardia, y si se da ese caso seguramente reforzarían más todavía todos los sitios, por lo que nos sería realmente imposible.
Tras aquellas palabras el hombre siguió mirando a los revolucionarios - Posiblemente para nosotros sea una tarea casi imposible, pero he escuchado vuestras hazañas, y estoy seguro de que seríais capaces - asintió, mirando a la cara al líder revolucionario, antes de volver a mirar al mapa - Entonces, queda en vuestra mano decidir qué enclave habría que asaltar - dijo con decisión - Y nosotros podremos también ayudar con el asalto a otro enclave. Será difícil, pero vuestra llegada ha subido mucho la moral de todos aquí en el campamento, y seguro que si os ven también en las calles - se agachó levemente en señal de respeto - Yo prometo que, sea cual sea el lugar al que tengamos que ir, nosotros lo daremos todo para lograrlo
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