El burro y la luna llena- [Auto T1] (PA)
#1
El burro y la noche
Día 18 de Verano. Año 16

La luz del sol se colaba entre las ramas de aquel gigantesco bonsái, que se sentía helado al contacto con su pelaje oscuro. El ojo bueno de Zhang, se fue acostumbrado poco a poco a la luz de la madrugada. A su lado, Silencio lo observaba aliviado, por ver a su amigo volver en sí, luego de un par de días desmayado. Zhang, había tenido una noche de luna llena un poco movida, y el dolor en su cuerpo le recordó poco a poco todo lo sucedido, en medio de los arrozales de aquella isla Karate.

Zhang había llegado a la isla Karate, y sin perder tiempo alguno, intento buscar refugio en medio de los arrozales que se alzaban bajo el manto de aquella gigantesca montaña. Era luna llena, y por el bien de Silencio, y de Zhang, era mejor esconderse en lo más profundo de la isla. La brisa golpeaba su melena blanca. El viaje en balsa lo había dejado cansado, con los huesos resentidos por el vaivén del mar, pero el contacto con la arena le había devuelto un poco la vida.

-Hmmmm.- Resoplo, y luego golpeo el suelo con firmeza, mientras observaba a sus alrededores intentando entender un poco el lugar, era la primera vez que iba a aquella isla, y deseaba conocerla de todo corazón, apoyo su cuerpo en aquel bastón de madera, y poco a poco fue adentrándose en medio de los arrozales. A su alrededor, la isla cobraba vida: gritos de entrenamiento, puños golpeando madera, pies descalzos deslizándose sobre la tierra húmeda.

Zhang observó a los humanos que corrían cargando sacos de arroz en las espaldas, y otros que entrenaban movimientos marciales. El orden y la disciplina reinaban aquí, un contraste perfecto con la caótica fiesta que había dejado atrás en Sorbet. Pero dentro de sí, Zhang Gulao no sentía calma alguna.

Esa noche sería luna llena.

Un escalofrío recorrió su espalda al recordar la luna llena, recordando la furia incontenible del Sulong, el poder que convertía a Zhang en un demonio de nieve. Aquel burro nevado trago saliva, mientras los recuerdos de lunas pasadas volvieron a su mente, recordando la calidez de la sangre entre sus garras, sus fosas. No era un recuerdo agradable, y al riesgo de perder el control. Zhang no podía permitirse perder el control en un lugar lleno de maestros, guerreros y niños. No quería que lo vieran como un monstruo.

- Silencio… debemos alejarnos - susurró, acariciando la cabeza de su pequeño compañero, que le devolvió un chillido preocupado. Con pasos lentos, pero firmes, Zhang se internó poco a poco en los arrozales, evitando la mirada de los aldeanos, ocultando su presencial, y en ocasiones convirtiendo su cuerpo en una ventisca suave, que volaba al son de la brilla salada del mar. Fue así como Zhang ascendió poco a poco hacia una zona menos transitada de la isla, donde los árboles crecían más densos y la montaña proyectaba una sombra profunda. El lugar perfecto, para esconderse.

La caminata fue larga, pero no parecía suficiente, para el poder incontrolable que representaba aquel estado frenético. Cada paso lo llevaba mas lejos de las personas, y más cerca de estar tranquilo. El susurro de la noche comenzaba a levantarse, el mar comenzaba a desaparecer ante la noche. El aire comenzó a calarse en su pelaje, cuando de pronto termino en medio de un claro de agua, en medio de aquellos bonsáis que se alzaban sobre la montaña. Era el momento de tomar un descanso, pues su pequeño amigo, se aferraba con dificultad y cansancio al viejo cuerpo de Zhang. – Aquí nadie nos molestará. - Le dijo a su mejor amigo, quien alegre, salto de inmediato al agua. Zhang dejo escapar un soplido calmado, alegrándose de que Silencio se comportara como de costumbre.

- Escúchame, Silencio. - Dijo con su voz tranquila y calmada, y el pequeño animal paro por un momento sus instintos, y le dedico su atención al burro. -  Pequeño diablillo… pase lo que pase, quédate aquí. Si me pierdo… búscame al amanecer. - Le ordeno.

El primate chilló, negándose, pero Zhang sonrió con ternura. -Hmmmm… no me mires así. Todos tenemos demonios que enfrentar. - El cielo comenzó a oscurecerse, y la luna, ascendió con lentitud hasta dominar los cielos.

El momento había llegado.

Los rayos de la luna comenzaron a tocar el pelaje de Zhang, y de inmediato, su cuerpo comenzó a transformarse. Su pelaje comenzó a crecer, y un blanco puro, comenzó a apoderarse de todo su cuerpo. La cicatriz de su ojo comenzó a arder, mientras se tornaba de un rojo profundo y oscuro, sus dientes se tornaron en colmillos, y sus piernas y garras crecieron abruptamente, sus músculos se tensaron y su melena se erizó. - Hmmmm… - exhaló con fuerza, intentando mantener la calma.

El poder ancestral de los Mink despertó, su cuerpo comenzó a brillar con un fulgor espectral, sus ojos eran de un tono rojo intenso, y el aire a su alrededor se volvió helado. Una ventisca surgió de su piel, y de pronto, todo el claro de agua se encontraba cubierto de una densa capa de nieve fresca. Zhang ya se encontraba en su forma sulong. Silencio chillo, y se oculto en la noche.

El viejo burro ya no parecía cansado, sino una bestia salvaje, imponente, con un aura helada que podía congelar a los curiosos. Sus grebas brillaban con chispas eléctricas, y cada movimiento de sus patas dejaba huellas a su paso. En su interior, algo hirviendo se apoderaba de él. El verdadero desafío no era la transformación… sino mantener el control de su ser. - No… no otra vez… - gruñó, apretando sus puños, mientras la nieve se arremolinaba a su alrededor.

Y así, sus pensamientos se oscurecieron. Imágenes del pasado, de guerras, de cuerpos, invadieron su mente. El Sulong despertaba no solo poder, sino recuerdos. Una ira incontrolable se apodero del Mink. 
Silencio, desde su escondite, lo miraba con ojos temblorosos.

Y entonces, como si el destino esperara este preciso momento, un rugido atravesó la isla Karate. Como pronostico de una terrible noche. En la orilla de la playa, comenzó a verse un grupo de sombras, figuras encapuchadas comenzaron a acercarse al centro de la isla. Podrían ser un grupo de bandidos, monjes o tal vez piratas, que habían aprovechado la calma de la isla, para infiltrarse en ella. Llevaban antorchas, y su objetivo era claro. Los arrozales.

—¡Quemen los cultivos! ¡Si controlamos el arroz, controlamos la isla! —gritó uno de ellos.

Zhang, aun luchando contra sí mismo, intentaba evitar una masacre, sin embargo, su instinto Sulong clamaba por arrasar con todo, y todos.  - No… no debo… - Dijo, golpeando el suelo con su bastón, y dejándolo caer sobre la capa de nieve que cubría el lugar con un manto blanco y helado.

No pudo evitarlo más, y ante los murmullos de aquellos humanos insignificantes, el cuerpo de Zhang comenzó a moverse con soltura y fiereza animal; acercándose como si de una avalancha se tratara, a aquellos arrozales que comenzaban a arder en fuego. 

La nieve que emanaba de su cuerpo se intensificó, y su figura se desvaneció en la nieve. Desde el punto de vista de los invasores, el campo se convirtió en un infierno blanco. Los golpes venían de todos los lugares, y los cuerpos comenzaron a caer poco a poco, y el arroz, comenzó a teñirse de un rojo escarlata. Mientras se escuchaba un profundo rebuzno en el viento.
—¡Es un demonio! —gritó uno de ellos, quien intentó huir al mar.

Zhang se movía con una velocidad animal, casi imposible de seguir. Cada patada helada lanzaba a los enemigos contra los árboles, y uno a uno, comenzó a perecer en el suelo, los murmullos aumentaron, y el temor se apodero de todos los presentes. Los ojos rojos de Zhang, se alimentaban del miedo, que desaparecía tras cada muerte.  La guerra en la isla Karate, estaba mas que ganada, pero la batalla en su interior era una total derrota.

Zhang rugió con fiereza, tratando de contener la ira. La nieve se tiñó de sangre. Y cuando todo acabó, cinco cuerpos yacían destrozados en el suelo. Los arrozales estaban a salvo, pero la sombra de la muerte se cernía sobre la isla, y sobre el cuerpo de Zhang, que ahora era rojo sangre. Agotado, cayó de rodillas. Su energía se desvanecía con la noche. -Mierda… -susurró, recuperando un instante de cordura antes de desplomarse sobre la nieve. El Sulong cedió, y su cuerpo volvió lentamente a la normalidad.

Horas después, el chillido de Silencio lo despertó. Era de día. El dolor en sus músculos le recordó todo lo sucedido. Era probable que hubiese pasado más de un día, pero como siempre, Silencio lo cuidaba. Zhang se levantó con torpeza, lamentando su lado salvaje. Caminó hacia el claro con un solo pensamiento en mente: -Necesito un té caliente… y un baño para olvidar el olor de la sangre. – Se dijo a su mismo mientras se adentraba a las aguas heladas en medio de los bonsáis de la isla Karate. 

Silencio saltó a su hombro, moviéndose alegre de un lado al otro. Había recuperado a su viejo compañero.

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Zhang Guolao
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El burro y la luna llena- [Auto T1] (PA) - por Zhang Guolao - 24-08-2025, 11:04 PM

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