23-08-2025, 03:45 AM
(Última modificación: 23-08-2025, 03:47 AM por Dongryong Lu Yan.)
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Entrenamiento al Aire libre
![[Imagen: C6kX3Y6.png]](https://i.imgur.com/C6kX3Y6.png)
Oculto a plena vista. El pequeño felino habría avanzado entre los transeúntes sin destacar más allá de lo que hubiera provocado la mirada curiosa de algún infante, alguna dulce señorita o cualquier caricia sobre el paso, fugaz y efímero ignorando a su mayoría en toda búsqueda de afecto, observando con la mirada en alto a cada pequeño detalle como sí estuviera planificando una obra sobre el oleo que todavía no terminaba de formarse. ¿Honestamente? disfrutando en cierta medida, de la sensación libre que le producía no llamar la atención en simple razón de olvidarse de su elevada estatura o de la magnificencia e importunidad de sus atrayentes alas.
Ni siquiera era alguien para algunos de ellos.
Ventaja que le permitía evitarse a cualquiera,
Rodeando a un marine por su mero capricho,
Incluso y cuando éste ofrecía de algún churu.
Por supuesto, todavía no me había atrevido en probar alimento de gatos: pero una parte de mi cerebro tenia en certeza ceder ante estas ofertas, tentado a cierta medida, a manera qué reflexionaría ¿esto eran los instintos?, resultaba bajo mi opinión no demasiado diferente que el hambre o el deseo, pero tal vez debido a mi inteligencia pensante y reflexiva era consciente de que no me convenía interactuar de más mientras fingía ser lo que no era. A fin de cuentas, incluso aunque en aquella forma media 46cm y vistiera prendas que parecían hechas a medida no era realmente ni de asomo algo similar a lo que aparentaba, aunque la belleza debajo del pelaje sí se notara.
El gato a sí pues continuo sobre el adoquín,
Evitando de los caballos o zapatos por igual,
Hasta que bajándose de la zona residencial,
Vagaría sin lio ni temor por costas de la mar.
La vista de la costa era sin lugar a dudas agradable. De la misma manera, el sol ahora en un punto intermedio que se alineaba con el horizonte en un brillante anaranjado de tono pastel decoraba bellamente la luz del mar, brindándole un detalle cálido, sincero y qué junto la figura prominente de artistas marciales en los alrededores también resaltaba con especial profundidad un sentido de mejora, templamiento y carácter propio del ir y ser. Aunque no por ello era un mero gato que no presumía de ninguna cinta sobre su cadera ni de ninguna de estas herramientas de metal que eran pensadas principalmente para el combate, esta vez había venido solo a mirar.
Aunque incluso eso era complicado para mi.
Llegar a esta isla de artes marciales había sido desde hace tiempo mi objetivo, incluso aunque no fuera la única que hubiera pensaba en mi estadía en el lugar como un primer paso que debía realizarse para los próximos días, pero al llegar, para mi sorpresa, también había encontrado que la popularidad del lugar había ocupado de gran manera el tiempo de los maestros de las artes marciales, quienes parecían indispuestos a aceptar discípulos, aunque no parecían preocupados de transmitir alguna que otra postura en seminarios, había cierto desdén en que esto fuera todo, en el rechazo mismo o en qué de alguna manera sentía que no sabía ya qué debía escoger.
Gracias a este sentimiento de incertidumbre me acercaría hasta un hombre qué distinto a la mayoría de tantos espadachines o artistas marciales de contacto parecía soportar con mayor dificultad un asta de gran tamaño, ¿aquello era una especie de lanza? estaba seguro qué la había visto antes, pero no, en aquel instante no sabia y por lo pronto me había limitado de misma forma a observar su postura hasta qué este mismo se había detenido, entonces solo decidí lanzar un comentario: -¿Es tuya? pareces un niño tonto jugando con el arma de su papa.- razonaría con enorme despreocupación, despreciando su manera de moverse con naturalidad y poca empatía pero a su vez una profunda apreciación por lo qué parecía querer intentar hacer, aunque no pudiera observarlo.
Ni siquiera era alguien para algunos de ellos.
Ventaja que le permitía evitarse a cualquiera,
Rodeando a un marine por su mero capricho,
Incluso y cuando éste ofrecía de algún churu.
Por supuesto, todavía no me había atrevido en probar alimento de gatos: pero una parte de mi cerebro tenia en certeza ceder ante estas ofertas, tentado a cierta medida, a manera qué reflexionaría ¿esto eran los instintos?, resultaba bajo mi opinión no demasiado diferente que el hambre o el deseo, pero tal vez debido a mi inteligencia pensante y reflexiva era consciente de que no me convenía interactuar de más mientras fingía ser lo que no era. A fin de cuentas, incluso aunque en aquella forma media 46cm y vistiera prendas que parecían hechas a medida no era realmente ni de asomo algo similar a lo que aparentaba, aunque la belleza debajo del pelaje sí se notara.
El gato a sí pues continuo sobre el adoquín,
Evitando de los caballos o zapatos por igual,
Hasta que bajándose de la zona residencial,
Vagaría sin lio ni temor por costas de la mar.
La vista de la costa era sin lugar a dudas agradable. De la misma manera, el sol ahora en un punto intermedio que se alineaba con el horizonte en un brillante anaranjado de tono pastel decoraba bellamente la luz del mar, brindándole un detalle cálido, sincero y qué junto la figura prominente de artistas marciales en los alrededores también resaltaba con especial profundidad un sentido de mejora, templamiento y carácter propio del ir y ser. Aunque no por ello era un mero gato que no presumía de ninguna cinta sobre su cadera ni de ninguna de estas herramientas de metal que eran pensadas principalmente para el combate, esta vez había venido solo a mirar.
Aunque incluso eso era complicado para mi.
Llegar a esta isla de artes marciales había sido desde hace tiempo mi objetivo, incluso aunque no fuera la única que hubiera pensaba en mi estadía en el lugar como un primer paso que debía realizarse para los próximos días, pero al llegar, para mi sorpresa, también había encontrado que la popularidad del lugar había ocupado de gran manera el tiempo de los maestros de las artes marciales, quienes parecían indispuestos a aceptar discípulos, aunque no parecían preocupados de transmitir alguna que otra postura en seminarios, había cierto desdén en que esto fuera todo, en el rechazo mismo o en qué de alguna manera sentía que no sabía ya qué debía escoger.
Gracias a este sentimiento de incertidumbre me acercaría hasta un hombre qué distinto a la mayoría de tantos espadachines o artistas marciales de contacto parecía soportar con mayor dificultad un asta de gran tamaño, ¿aquello era una especie de lanza? estaba seguro qué la había visto antes, pero no, en aquel instante no sabia y por lo pronto me había limitado de misma forma a observar su postura hasta qué este mismo se había detenido, entonces solo decidí lanzar un comentario: -¿Es tuya? pareces un niño tonto jugando con el arma de su papa.- razonaría con enorme despreocupación, despreciando su manera de moverse con naturalidad y poca empatía pero a su vez una profunda apreciación por lo qué parecía querer intentar hacer, aunque no pudiera observarlo.
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➶ — Con Quan en Isla Karate
