¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.]
#13
Sin siquiera esperar a que Julie terminara su declaración cargada de orgullo, Sigurd reaccionó con la brusquedad de un animal al que han pinchado una y otra vez. Para él, la joven pirata no era más que una mosca molesta que insistía en revolotear alrededor, sin entender que se encontraba en medio de un duelo que el coloso valoraba a su manera. Con un movimiento seco y brutal, casi perezoso en apariencia pero desbordante de fuerza, lanzó un ataque horizontal dirigido directamente a las manos de Julie, allí donde se aferraban al bo como si fuese la extensión misma de su voluntad. El impacto fue devastador. La madera resonó con un crujido mientras los nudillos de la muchacha se abrieron en carne viva; su arma cayó al suelo con un estrépito hueco, y un dolor punzante recorrió sus brazos. La sangre brotó al instante, tiñendo sus dedos y debilitando su agarre, mientras sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos por la violencia del golpe. La joven tambaleó, un mareo repentino la invadió, fruto tanto de la sacudida como del dolor, y apenas pudo mantener la compostura cuando su instinto le ordenó buscar desesperadamente el arma caída. Se agachó con torpeza, los labios apretados en un gesto de pura resistencia, sin querer dar a Sigurd la satisfacción de verla rendida tan fácilmente. Pero entonces, antes de que sus dedos ensangrentados llegaran a rozar la madera, una sombra colosal la cubrió por completo. Una mano descomunal, dura como el hierro y tan grande que parecía capaz de aplastar su cráneo sin esfuerzo, se cerró sobre su cabeza. Julie apenas tuvo tiempo de respirar antes de sentir la opresión de aquellos dedos inmensos envolviendo su rostro. El gigantón la levantó del suelo con la facilidad con la que uno arrancaría una flor del campo, sin mostrar el más mínimo esfuerzo en el proceso. Su cuerpo ligero se balanceó en el aire, colgando de la fuerza descomunal de Sigurd, atrapada como una muñeca entre las garras de un monstruo. Tanto los piratas como los cazarrecompensas que alli estaban, contuvieron la respiración. Aquella escena no era un simple intercambio de golpes, sino un recordatorio brutal de la diferencia abismal que existía entre los que luchaban por honor y los que encarnaban, con toda crudeza, el poder inhumano de un titán.

Julie forcejeaba con la desesperación de alguien que se aferra a los últimos hilos de aire, sus piernas pataleaban en el vacío y sus brazos, temblorosos y heridos, golpeaban una y otra vez la mano gigantesca que la tenía atrapada como una presa indefensa. Cada golpe de su puño ensangrentado contra aquella carne dura como la roca era tan inútil como golpear una muralla, pero aun así no se detenía; la obstinación ardía en sus ojos incluso bajo la opresión de los dedos de Sigurd. Sin embargo, en medio de aquella escena de dominación absoluta, un destello metálico rasgó el aire por detrás del coloso. Nezumi, fiel a su naturaleza traicionera, aprovechó la oportunidad con la precisión y frialdad de un verdadero pirata. Su espada trazó un arco horizontal y se hundió sin resistencia en la pierna izquierda del gigante, justo en el mismo lugar en que Julie había intentado desestabilizarlo instantes antes. El corte fue limpio y certero, y aunque el cuerpo de Sigurd parecía inquebrantable, aquel tajo logró arrancarle un gesto de ira contenida. Con un impulso sorprendente para un hombre de semejante tamaño, Sigurd saltó hacia atrás, separándose varios metros y aterrizando con un estruendo que hizo vibrar el suelo. Sus ojos, encendidos de furia, se clavaron en Nezumi, acusándolo de haber manchado el honor de aquel duelo que estaba disfrutando. Su orgullo había sido herido, no solo por el ataque a traición, sino por la intromisión de aquel juego de fuerzas que consideraba suyo y únicamente suyo. Más aún, dejó claro con su imponente presencia y la frialdad de su mirada que Julie no saldría indemne de aquella afrenta, sino que sería tomada como prisionera, un trofeo arrancado con violencia de la batalla, un recordatorio viviente de su poder. Nezumi, sin inmutarse ante la amenaza del coloso y sin apartar la vista del hombre que medía más del doble de su altura, soltó una carcajada seca, carente de respeto o temor. La espada aún goteaba con el filo manchado, y en su rostro brillaba la desvergüenza más descarada. -Me da igual. Las mujeres nada más que sirven para fregar.- Su voz cargada de desprecio retumbó con una naturalidad cruel, un contraste mordaz con el ambiente enrarecido por la violencia que estaba a punto de escalar todavía más.

Sigurd apenas había terminado de estabilizar su peso tras el salto cuando avanzó de nuevo, su herida en la pierna goteando sangre espesa que manchaba la tierra a cada paso, pero que no parecía restarle ni un ápice de fuerza ni resolución. Su cuerpo desnudo hasta la cintura, marcado por músculos tensos como cuerdas de acero, se inclinó hacia delante en un movimiento calculado, y en cuestión de segundos el coloso acortó la distancia con Nezumi. Ahora apenas tres metros los separaban, lo suficiente para que el gigantón levantara su brazo izquierdo como si empuñara un martillo divino dispuesto a caer sobre su objetivo. El aire pareció comprimirse a su alrededor en el instante previo al impacto, y entonces, sin un respiro de vacilación, descargó un golpe diagonal descendente, como si pretendiera partir en dos no solo al pirata que lo enfrentaba, sino el mismísimo suelo que pisaban. Nezumi reaccionó con la astucia que lo caracterizaba. La velocidad del golpe era descomunal, y cualquier otro hombre se habría visto reducido a carne aplastada, pero él no dudó ni un instante. Lanzó un golpe con sus dos espadas de manera simultanea, de manera horizontal a una de las caras del hacha, tratando de desviar la trayectoria del ataque de Sigurd. Sin embargo, el ataque de Nezumi fue más lento y recibió el ataque en su brazo izquierdo. El pirata sonrió y miró retando al gigante. Con la tensión del enfrentamiento aún vibrando en el aire, Nezumi abrió la boca para rugir por encima del estruendo, su voz cargada de mando y ferocidad. -¡PIRATAS DE JOHN STERN! ¡ESTO ES LO MÁXIMO QUE PUEDE HACERLE A UN HOMBRE DE VERDAD! ¡SIGAN ASALTANDO LA ISLA Y ACABANDO CON LOS CAZARRECOMPENSAS! ¡A ESTE TIPO ME LO AGENCIO YO!- La orden retumbó con fuerza entre el caos, convirtiéndose en un faro para sus subordinados. Mientras tanto, el vicecapitán mantenía el pulso de acero contra aquel coloso descomunal, sabiendo que lo que estaba en juego no era solo su vida, sino también su orgullo como pirata.

NEZUMI


Julie Dontine


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Alas Negras
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RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - por Kenzo D. Fujiwara - 22-08-2025, 04:31 AM

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