20-08-2025, 04:08 PM
DIA 87, PRIMAVERA, AÑO 86
El sol del mediodía iluminaba la pequeña isla marcial rodeada de naturaleza, donde la imponente montaña de 2000 metros de altura se alzaba desde el centro, llamando a todos los habitantes a querer alcanzar su cima para probar su fuerza.
Durante el ascenso, acompañando a los ya emblemáticos bonsáis gigantes, se podía comprobar que la fama de la isla estaba bien ganada, pues los múltiples dojos dominaban el paisaje. Allí, en aquel paraíso natural, cientos de artistas marciales entrenaban sin cesar buscando perfeccionar sus estilos, bañando la montaña con un eco eterno de gente entrenando en sus interminables laderas
En el punto más alto de la isla, el estadio de combate Ki se erigía como una corona de piedra blanca. Sus muros circulares de 150 metros de diámetro y 30 metros de altura albergaban las gradas, capaces acomodar a más de 1,000 espectadores. El rugido ensordecedor de la multitud emocionada se escuchaba desde kilómetros de distancia. Alrededor del estadio, frente a la entrada principal, decenas de puestos de comida creaban un festival gastronómico famoso en todo el South Blue. El aroma de la comida oriental flotaba en el aire mientras los vendedores, vestidos con delantales coloridos, gritaban sus ofertas tratando de llamar la atención de aquellos que habían ido a presenciar aquella fase previa que decidiría a los participantes del torneo.
Pese a que no era el "Torneo Anual de Artes Marciales", la expectación por ver a los nuevos combatientes y sus diferentes estilos, era suficiente como para que toda la isla hablase de ello y, en consecuencia, que la multitud fuese cada vez más y más grande.
En el interior del edificio principal cientos de hombres, mujeres y niños se preparaban para ver el inicio de la fase preliminar. Muchos ya tenían sus favoritos y así lo exhibían con sus banderines, bandanas y posters que buscaban ser firmados.
Al final del abarrotado vestíbulo, se encontraba la recepción, el lugar que concentraba la mayor cantidad de luchadores, los cuales se encontraban esperando su turno para poder inscribirse al torneo. Se trataba de un mostrador simple, sin demasiada decoración, atendido por una joven entusiasta de las artes marciales. Dos coletas en forma de pompones decoraban los costados de su cabello, y una túnica claramente marcial era su indumentaria principal, de un color rosa palo. Apenas mediría un metro sesenta y rondaría los sesenta kilos, pero, al igual que todos los empleados y participantes, parecía bastante entrenada.
Las condiciones para participar estaban claras, se podían leer en decenas de carteles que adornaban los tablones colindantes a la recepción. Para participar en el torneo principal, que se celebraría al día siguiente, se debía pasar una ronda previa de clasificación que se celebraría ese mismo día. Si querías participar en el torneo principal antes tenías que demostrar tu valía derrotando a un primer oponente.
Tras aquella formalidad, y apenas una hora después, finalmente todo estaba listo.
El escenario principal, la arena de combate, consistía en una plataforma circular de 50 metros de diámetro, elevada 1.5 metros sobre el suelo del estadio. Su superficie estaba hecha de madera de bambú especialmente tratada.
El sorteo se había realizado y el azar había querido que tú fueses uno de los dos actores principales del combate de apertura. Tú rival, un hombre de mediana edad y 1,70 de altura, con un kimono de un blanco impoluto, con cinturón negro y una bandana roja en la frente, había sido el primero en subir a la plataforma de combate tras el anuncio del árbitro, un pequeño hombre calvo que no llegaría al 1,50 y vestido con un traje amarillo chillón.
-¡OSSSSSSS! - Gritó 4 veces a pleno pulmón una vez llegó a su posición, a unos 5 metros del centro de la arena, saludando al cada grada con un choque de su puño con la palma de su mano a la altura de su rostro.
Poco después el pequeño hombre anunció tu nombre de forma sobria, invitándote con ello a qué aparecieras en escena y proceder con ello al inició del combate de apertura.
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