18-08-2025, 09:56 AM
Luego del fracaso en la charca, Apolo recomendó intentar con la montaña que teníamos relativamente cerca pues desde las alturas había vislumbrado algo que podría ser la entrada a la misma. Por lo que, dándome por vencido con la búsqueda infructuosa y tras reajustar mi bolso con todas las provisiones médicas y las cantimploras con agua (mientras Apolo dejaba un mensaje para Joe y Karl en caso de que llegaran a la charca antes de que nosotros volviéramos) decidimos emprender el camino hacia la montaña. El cambio fue gradual pero inquietante. A medida que nos acercábamos a la formación montañosa, la vegetación se marchitaba hasta desaparecer completamente, como si la vida misma huyera de este lugar. Las calaveras esparcidas por el sendero no auguraban nada bueno, pero habíamos venido hasta aquí con un propósito y lo veríamos cumplir. Al llegar a la entrada de la montaña, me detuve a leer la inscripción grabada en el marco de la puerta. Las palabras eran ominosas, pero intente mantener la compostura igualmente.
“Al final del Sendero está la luz. Pero el Sendero está cerrado. Fue construido por aquellos que murieron y los Muertos lo guardan. El Sendero está cerrado” – leí en voz alta para Apolo – “Una advertencia clara, ¿pero cuando nos ha detenido algo así?” – sin más dilación, cruzamos el umbral, aunque tuve que luchar contra una creciente sensación de aprensión que me invadía con cada paso.
El cambio fue inmediato y perturbador. El calor sofocante de Mystoria desapareció por completo, reemplazado por un frío que no ofrecía alivio alguno. Era como si hubiéramos entrado en un mundo donde la vida había sido drenada junto con su calor natural. Una sensación de pavor mucho más profunda de lo normal comenzó a asentarse en mi pecho, algo sobrenatural que iba más allá del miedo racional y que parecía crecer con cada paso que dábamos hacia el interior. La oscuridad era casi absoluta. Mantuve mi Haki de Observación activo, aunque incluso esta habilidad parecía no tener ningún efecto en este lugar maldito. Los sonidos del exterior se desvanecieron gradualmente hasta que solo quedaron nuestros pasos y... algo más… susurros.
En la distancia, una tímida luz blanca parpadeaba, guiándonos a través del sendero serpenteante. Avanzamos con cuidado, yo manteniéndome cerca de Apolo, nuestras voces en susurros para no despertar lo que fuera que habitaba estas tinieblas. Tras lo que pareció una eternidad en la oscuridad, llegamos a una pequeña cámara donde finalmente pudimos identificar la fuente de esa luz. Una piedra con forma de medialuna que brillaba con un resplandor suave pero constante.
“Apolo” – susurré con voz menos firme de lo que hubiera querido, señalando hacia la piedra – “Esa debe ser una de las piedras que necesitamos. Pero este lugar... algo no está bien. ¿Puedes tomarla usando tu arena?” – pregunte a mi compañero pues prefería que ninguno la tocara directamente.
Mi instinto me advertía que nada en este lugar era lo que parecía, pero el miedo que se había apoderado de mí hacía que cada decisión fuera más difícil de tomar. La forma en que esos susurros parecían cambiar de tono cuando nos acercamos a la piedra hizo que se me erizara la piel. Una vez que Apolo aseguró la piedra, nos giramos para regresar por donde habíamos venido pero el sendero por el que habíamos llegado ya no existía. Deje que Apolo fuera ligeramente por delante, separados solo por medio metro de distancia para que la tenue luz que emanaba de la piedra nos alumbrara lo mínimo posible a ambos y no tropezáramos o nos perdiéramos. Inteligentemente, Apolo iba dejando un camino de arena detrás de él el cual nos ayudaría a no caminar en círculos y reconocer si volvíamos sobre nuestros pasos.
Luego de lo que pareció un corto avance, el camino se separó haciendo que dos opciones se abrían ante nosotros, una hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Los susurros se habían transformado en risas malévolas que resonaban por toda la cámara, amplificadas por el eco hasta volverse una sinfonía macabra. Mi voluntad flaqueaba considerablemente ante esta atmósfera sobrenatural, y tuve que cerrar los puños para evitar que mis manos temblaran visiblemente.
“El sendero se ha cerrado detrás de nosotros” – dije, mi voz traicionando parte del terror que trataba de controlar – “tenemos que elegir izquierda o derecha” – instante en el que saque una moneda de mi pantalón – “dado que no veo un camino claro, al menos que tengas una mejor idea opino que lo dejemos a la suerte” – dije, lanzando la moneda al aire donde giro brevemente para caer en la palma de mi mano derecha para ser tapada al instante siguiente con la mano izquierda – “si es Berry vamos por la derecha y si es el valor de la moneda vamos por la izquierda” – abrí la mano y la tenue luz de la piedra que llevaba Apolo consigo con su arena revelo el resultado.
Berry, la suerte nos decía que tomáramos el camino de la derecha.
“Al final del Sendero está la luz. Pero el Sendero está cerrado. Fue construido por aquellos que murieron y los Muertos lo guardan. El Sendero está cerrado” – leí en voz alta para Apolo – “Una advertencia clara, ¿pero cuando nos ha detenido algo así?” – sin más dilación, cruzamos el umbral, aunque tuve que luchar contra una creciente sensación de aprensión que me invadía con cada paso.
El cambio fue inmediato y perturbador. El calor sofocante de Mystoria desapareció por completo, reemplazado por un frío que no ofrecía alivio alguno. Era como si hubiéramos entrado en un mundo donde la vida había sido drenada junto con su calor natural. Una sensación de pavor mucho más profunda de lo normal comenzó a asentarse en mi pecho, algo sobrenatural que iba más allá del miedo racional y que parecía crecer con cada paso que dábamos hacia el interior. La oscuridad era casi absoluta. Mantuve mi Haki de Observación activo, aunque incluso esta habilidad parecía no tener ningún efecto en este lugar maldito. Los sonidos del exterior se desvanecieron gradualmente hasta que solo quedaron nuestros pasos y... algo más… susurros.
En la distancia, una tímida luz blanca parpadeaba, guiándonos a través del sendero serpenteante. Avanzamos con cuidado, yo manteniéndome cerca de Apolo, nuestras voces en susurros para no despertar lo que fuera que habitaba estas tinieblas. Tras lo que pareció una eternidad en la oscuridad, llegamos a una pequeña cámara donde finalmente pudimos identificar la fuente de esa luz. Una piedra con forma de medialuna que brillaba con un resplandor suave pero constante.
“Apolo” – susurré con voz menos firme de lo que hubiera querido, señalando hacia la piedra – “Esa debe ser una de las piedras que necesitamos. Pero este lugar... algo no está bien. ¿Puedes tomarla usando tu arena?” – pregunte a mi compañero pues prefería que ninguno la tocara directamente.
Mi instinto me advertía que nada en este lugar era lo que parecía, pero el miedo que se había apoderado de mí hacía que cada decisión fuera más difícil de tomar. La forma en que esos susurros parecían cambiar de tono cuando nos acercamos a la piedra hizo que se me erizara la piel. Una vez que Apolo aseguró la piedra, nos giramos para regresar por donde habíamos venido pero el sendero por el que habíamos llegado ya no existía. Deje que Apolo fuera ligeramente por delante, separados solo por medio metro de distancia para que la tenue luz que emanaba de la piedra nos alumbrara lo mínimo posible a ambos y no tropezáramos o nos perdiéramos. Inteligentemente, Apolo iba dejando un camino de arena detrás de él el cual nos ayudaría a no caminar en círculos y reconocer si volvíamos sobre nuestros pasos.
Luego de lo que pareció un corto avance, el camino se separó haciendo que dos opciones se abrían ante nosotros, una hacia la izquierda y otra hacia la derecha. Los susurros se habían transformado en risas malévolas que resonaban por toda la cámara, amplificadas por el eco hasta volverse una sinfonía macabra. Mi voluntad flaqueaba considerablemente ante esta atmósfera sobrenatural, y tuve que cerrar los puños para evitar que mis manos temblaran visiblemente.
“El sendero se ha cerrado detrás de nosotros” – dije, mi voz traicionando parte del terror que trataba de controlar – “tenemos que elegir izquierda o derecha” – instante en el que saque una moneda de mi pantalón – “dado que no veo un camino claro, al menos que tengas una mejor idea opino que lo dejemos a la suerte” – dije, lanzando la moneda al aire donde giro brevemente para caer en la palma de mi mano derecha para ser tapada al instante siguiente con la mano izquierda – “si es Berry vamos por la derecha y si es el valor de la moneda vamos por la izquierda” – abrí la mano y la tenue luz de la piedra que llevaba Apolo consigo con su arena revelo el resultado.
Berry, la suerte nos decía que tomáramos el camino de la derecha.
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Belico
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Atributos
Inventario

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