15-08-2025, 09:01 PM
OST
La sombra detrás de las rocas, situada a unos setenta metros de donde se estaba dando la refriega entre el joven gigante y los gemelos oni, recibió una llamada. Contestó rápidamente sacando un den den mushi blanco. Parecía que había nuevas órdenes y corría prisa. Aquello tenía que terminar ya, puesto que no tenía mucho margen de maniobra.
"Tengo suficiente con lo que he visto..."
Ajenos a todo lo que ocurría, la batalla se estaba alargando más de la cuenta. Una vez más, aquel mocoso gigante había bloqueado el ataque de Koganehiko, y, aunque Shiroganehiko había conseguido golpearle, parecía que nada hacía mella en aquel tipo. Estaban desesperados y aquello se estaba alargando de más. No podían permitir a aquel niñato salirse con la suya, Oleanna les había abandonado pero eso no quería decir que no tuviesen el orgullo de consentir que aquel crío les derrotase en combate a ambos, por lo que miró a su hermano una vez más y le dijo:
-Shiroganehiko, tenemos que...
Pero en ese momento un sonido atronador resonó en la explanada de la entrada del barracón y un estallido ocurrió a la vez que aparecía un agujero sangrante en la frente de Shiroganehiko y caía de bruces hacia adelante, fulminado. Antes de que pudiese hacer nada, ni siquiera articular palabra, Koganehiko se encontró mirando al cielo, con una fuerza oprimiendo su pecho, y un cañón de escopeta recortada en su boca, que seguía abierta de la impresión. El sargento Ninel había aparecido de repente, mirando seriamente a Koganehiko.
-Si no quieres acabar como tu hermano no muevas ni un músculo.
El oni impresionado, y sin siquiera ser capaz de gruñir algo, soltó su garrote dejando que rodase unos centímetros lejos de su alcance. Ninel, satisfecho, levantó la mirada del oni para mirar a su joven recluta y le dio indicaciones, sonriendo complacido por lo que había visto desde lejos. Con la mano que tenía libre, sacó un cigarro y lo prendió con habilidad mientras le decía al joven:
-Has hecho un buen trabajo, recluta Kelvin. Ahora entra en el barracón y libera a los posibles prisioneros que encuentres. Tienes que ver por ti mismo lo que hacía esta gente. No te preocupes, ya hemos detenido a la mujer y no quedan más de esta escoria esclavista en la zona.
Parecía que la batalla había terminado, Shiroganehiko estaba muerto, y Koganehiko estaba reducido por el sargento Ninel. No era lo que el revolucionario había planeado en un principio, pero había que ser prácticos y corría prisa que aquello terminase cuanto antes.
"Tengo suficiente con lo que he visto..."
Ajenos a todo lo que ocurría, la batalla se estaba alargando más de la cuenta. Una vez más, aquel mocoso gigante había bloqueado el ataque de Koganehiko, y, aunque Shiroganehiko había conseguido golpearle, parecía que nada hacía mella en aquel tipo. Estaban desesperados y aquello se estaba alargando de más. No podían permitir a aquel niñato salirse con la suya, Oleanna les había abandonado pero eso no quería decir que no tuviesen el orgullo de consentir que aquel crío les derrotase en combate a ambos, por lo que miró a su hermano una vez más y le dijo:
-Shiroganehiko, tenemos que...
Pero en ese momento un sonido atronador resonó en la explanada de la entrada del barracón y un estallido ocurrió a la vez que aparecía un agujero sangrante en la frente de Shiroganehiko y caía de bruces hacia adelante, fulminado. Antes de que pudiese hacer nada, ni siquiera articular palabra, Koganehiko se encontró mirando al cielo, con una fuerza oprimiendo su pecho, y un cañón de escopeta recortada en su boca, que seguía abierta de la impresión. El sargento Ninel había aparecido de repente, mirando seriamente a Koganehiko.
-Si no quieres acabar como tu hermano no muevas ni un músculo.
El oni impresionado, y sin siquiera ser capaz de gruñir algo, soltó su garrote dejando que rodase unos centímetros lejos de su alcance. Ninel, satisfecho, levantó la mirada del oni para mirar a su joven recluta y le dio indicaciones, sonriendo complacido por lo que había visto desde lejos. Con la mano que tenía libre, sacó un cigarro y lo prendió con habilidad mientras le decía al joven:
-Has hecho un buen trabajo, recluta Kelvin. Ahora entra en el barracón y libera a los posibles prisioneros que encuentres. Tienes que ver por ti mismo lo que hacía esta gente. No te preocupes, ya hemos detenido a la mujer y no quedan más de esta escoria esclavista en la zona.
Parecía que la batalla había terminado, Shiroganehiko estaba muerto, y Koganehiko estaba reducido por el sargento Ninel. No era lo que el revolucionario había planeado en un principio, pero había que ser prácticos y corría prisa que aquello terminase cuanto antes.
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