[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#10
El enorme gigante se negó a la petición del otro hombre de devolver el dinero a su legítimo dueño. Su negativa vino acompañada de un sermón digno de un hombre de Dios como era Beto. Aquellas palabras avergonzaron al otro hombre, quien se rascó la nuca algo nervioso. Era cierto que podría haber preguntado directamente al hombre de pelo negro acerca de su identidad, pero no dejaba de ser una persona buscada y tampoco podía arriesgarse demasiado o acabaría con total seguridad en la horca. Antes de que el hombre pudiera decir nada más, una nube de polvo negro descendió justo delante de sus ojos, los cuales se abrieron como platos. Incrédulo, se quedó parado mirando aquella nube comprimirse poco a poco. Pudo ver como se formaba una silueta, la cual se fue definiendo más y más, hasta tomar una apariencia humana. Una apariencia que reconocía claramente, pues no era otra que la del hombre por el que había estado preguntando. Pese a que uno de sus hombres de confianza le había asegurado hacía unos instantes que realmente era la persona indicada, el hombre de la capucha no pudo estar completamente seguro hasta que le vio en persona, haciendo que suspirara aliviado - Menos mal. Ya pensaba que sería otra trampa del capitán - estiró el brazo, haciéndole entrega de la bolsa que contenía el dinero robado.

El invidente coloso había ignorado las palabras de aquellos guardias, quienes parecían ponerse más y más nerviosos. Se miraban unos a otros, sin saber qué hacer, pues dar el alto a unos pobres ciudadanos era muy diferente a tener que lidiar con un hombre cuya altura sobrepasaba la de los edificios cercanos - ¡Alto! - gritó uno de ellos, haciendo que los demás apuntaran sus armas hacia el gigante, a la altura de sus tobillos - ¡Identificaos!

Ninguno de los guardias, ni aquel al que llamaban Rob ni ninguno de los demás hombres y mujeres que formaban parte de su grupo de forajidos de este último se habían percatado de la presencia del enorme mink panda que acechaba bajo sus pies y quien esperaba pacientemente a la señal de su comandante para hacer su aparición triunfal, y ninguno de los presentes en aquel callejón había reparado en aquel que desde la lejanía observaba aquella extraña escena. Asomado en la ventana de una pequeña casa, al otro lado del pueblo, se encontraba alguien. Se trataba de un hombre alto, de en torno al metro noventa, con el pelo negro y relativamente corto. Se apoyaba con ambos brazos en la parte baja de la ventana, mientras el aire que corría por la calle chocaba contra su desnudo pecho, en el cual se podían percibir sin ningún tipo de esfuerzo sus definidos músculos, seguramente consecuencia de lo que parecía un riguroso entrenamiento. Si bien su cuerpo parecía completamente relajado, su rostro decía completamente lo contrario, pues en él podía denotarse una mueca de profundo asco. Llevó su mano derecha a la cómoda que había junto a la ventana, rozando la superficie de lujosa madera antes de agarrar el objeto que había sobre ella. Volvió a mirar por la ventana y sonrió, antes de lanzar el objeto.

- Ya estoy lista. Siento no haberte tenido mucho tiempo esperando, amor - una dulce y femenina voz se escuchó en la habitación, así como leves pisadas - Ya te he dicho que no te asomes por la ventana o alguien podría verte. ¿O es que acaso estás mirando a otra? - preguntó con la misma voz, aunque con un notable tono de celos - Ya te he dicho que tú eres la única - la mujer siguió caminando hasta quedar pegada al misterioso hombre. Lo que hasta hacía unos instantes era una silueta dejó paso a la figura de una hermosa mujer de tez morena, y pelo largo y rizado, unos pocos centímetros más baja que él. Con un sensual movimiento le pasó su brazo izquierdo por encima del hombro, rozando la piel de sus pectorales con las uñas - Yo soy la única, pero todavía no me has convertido en tu mujer - habló con un tono de molestia, mientras el hombre acariciaba su brazo - Sabes perfectamente que si abandono a mi mujer perdería mi estatus, y todo el mundo te señalaría a ti - respondió él, llevándose la mano de la que parecía su amante a la boca para besarla - Pero te prometo que dentro de poco no tendremos que preocuparnos más por ella. Y entonces podremos casarnos - aquellas palabras parecieron agradar sobremanera a la morena, pues tras darle un suave beso en la mejilla tiró del hombre hacia dentro de la habitación.

Mientras el lanzador atendía sus asuntos amorosos, el proyectil voló con una trayectoria perfecta. Se elevó, superando los techos de los edificios, en dirección al enorme gigante. Pero aquel invidente monje con un enorme cuerpo y un más enorme todavía corazón no era el objetivo de aquel lanzamiento. El proyectil recorrió cual centella los setenta metros que le separaban de su objetivo e impactó en el pecho del mink lince, atravesando su cuerpo a la vez que un destello iluminaba el callejón y el sonido de un rayo alertaban a los que se encontraban alrededor de lo que acababa de pasar.

El hombre de la capucha verde cerró los ojos dos segundos, cegado por aquel destello. Alzó la mirada instintivamente par ver como el felino científico caía en picado desde las alturas. Trató de correr para agarrar al mink antes de que este aterrizara a los pies del coloso, pero parecía como si se hubiera quedado pegado al suelo - Mierda, mierda - dijo, llevándose las manos a la cabeza, aterrado, al ver pequeños resquicios de electricidad recorrer el cuerpo del científico - Se suponía que él no debería estar aquí - miró al hombre que tenía enfrente, con gran seriedad - Tenemos que huir al bosque ahora mismo, antes de que nos pille - trataba de liberarse sin resultado, mientras intentaba convencer al revolucionario de que esa era su única alternativa - Una vez estemos allí podremos tratar a tu amigo sin problemas, y te contaré todo lo que necesites saber, pero no hay tiempo que perder - se fijó entonces en el grupo de guardias, lo cual podría suponer un problema para su intento de huida. Se llevó la mano a la boca y emitió un potente silbido.

El sonido resonó por las paredes del callejón y llegó hasta la calle principal. Allí, una veintena de hombres y mujeres, siguiendo la señal de su líder, se agruparon y se dirigieron rápidamente a tratar de detener a los guardias, en un intento de ganar tiempo para sus compañeros. El primer grupo se quedó atrapado en él barro del suelo, por lo que el segundo, habiendo visto esto, se valió de los diversos obstáculos del terreno como cajas y barriles para poder llegar hasta los guardias.

Cuatro valientes revolucionarios habían desembarcado hacía escasos minutos en el muelle del pueblo Bayo, en el reino de Mogaro. El destino parecía haberse cebado con ellos, pues no solo les habían robado nada más llegar, si no que en un abrir y cerrar de ojos, uno de ellos parecía haber sido impactado por un rayo, sin que ninguno de sus compañeros, ni siquiera su poderoso superior, pudieran hacer nada para evitarlo. Una simple casualidad. Alguien que ni siquiera debería estar en aquella localidad, había sido el causante de tal trágico suceso. ¿Se trataba acaso de una trampa? Lo único que el ahora trío revolucionario sabía era que aquel misterioso hombre de capucha verde parecía estar de su lado y parecía también estar diciendo la verdad. ¿Optarían los Toros Negros por encontrar al causante de aquella desgracia y enfrentarlo o, por el contrario, harían caso de lo que les decía un lugareño y se replegarían al bosque?



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RE: [EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo - por Voz Seductora - 13-08-2025, 10:51 PM

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