Fyodor supo que había acertado con su respuesta en cuanto vio la reacción del enorme mink y su posterior respuesta, reforzada por una actitud más relajada que había dejado atrás la afilada atmósfera anterior.
Por otro lado, la respuesta de su felino interlocutor le había dejado claro que, a priori, compartía una moralidad similar a la suya. Buscando proteger a los que él consideraba su familia y al débil, igual que harían su hermano y su difunta madre a la que acababa de honrar en el cementerio.
Tras eso, el felino comenzó a divagar, hablando en un tono cada vez más bajo hasta que se convirtió en un susurro que era incapaz de escuchar a esa distancia, como si el mink estuviese hablando consigo mismo mientras rememoraba viejos recuerdos.
Tras ese breve lapsus, el enorme mink volvió a fijar la mirada en Fyodor y reinició la conversación, dejando en aquel pequeño claro una declaración de intenciones que provocó una oleada de ilusión en el joven y cicatrizado corazón de Fyodor, tanto por la insinuación de hacer equipo con él, como por la intención de destruir ese sistema podrido que gobernaba el mundo si era necesario.
-¡Nos haremos fuertes y reduciremos a cenizas este sistema!. Los que están en la cima del mundo y se regodean del sufrimiento de los demás desearan que nuestros caminos nunca se hubieran cruzado. - la emoción que sentía le había hecho levantarse del suelo, comprobando con ello como el mink le sacaba varias cabezas de altura. -¡Puedes llamarme Fyodor! -concluyó, extendiendo su puño cerrado en dirección al pecho del enorme mink tigre a modo de presentación.
Los tenryubitos. Aquellos a los que iba dirigido su mensaje y que estaban en la cima del mundo, aprovechando su posición para hacer lo que querían sin tener consecuencias. Fyodor sabía eso muy bien, sus antepasados habían amasado fortuna y poder como miembros de los tenryubitos en la tierra sagrada de Mariejoa y su abuelo biológico había continuado con sus tradiciones en el West Blue.
Por otro lado, la respuesta de su felino interlocutor le había dejado claro que, a priori, compartía una moralidad similar a la suya. Buscando proteger a los que él consideraba su familia y al débil, igual que harían su hermano y su difunta madre a la que acababa de honrar en el cementerio.
Tras eso, el felino comenzó a divagar, hablando en un tono cada vez más bajo hasta que se convirtió en un susurro que era incapaz de escuchar a esa distancia, como si el mink estuviese hablando consigo mismo mientras rememoraba viejos recuerdos.
Tras ese breve lapsus, el enorme mink volvió a fijar la mirada en Fyodor y reinició la conversación, dejando en aquel pequeño claro una declaración de intenciones que provocó una oleada de ilusión en el joven y cicatrizado corazón de Fyodor, tanto por la insinuación de hacer equipo con él, como por la intención de destruir ese sistema podrido que gobernaba el mundo si era necesario.
-¡Nos haremos fuertes y reduciremos a cenizas este sistema!. Los que están en la cima del mundo y se regodean del sufrimiento de los demás desearan que nuestros caminos nunca se hubieran cruzado. - la emoción que sentía le había hecho levantarse del suelo, comprobando con ello como el mink le sacaba varias cabezas de altura. -¡Puedes llamarme Fyodor! -concluyó, extendiendo su puño cerrado en dirección al pecho del enorme mink tigre a modo de presentación.
Los tenryubitos. Aquellos a los que iba dirigido su mensaje y que estaban en la cima del mundo, aprovechando su posición para hacer lo que querían sin tener consecuencias. Fyodor sabía eso muy bien, sus antepasados habían amasado fortuna y poder como miembros de los tenryubitos en la tierra sagrada de Mariejoa y su abuelo biológico había continuado con sus tradiciones en el West Blue.
