08-08-2025, 11:06 PM
Los enemigos van cayendo uno tras otros. Con cada barrido de hacha, media docena de hombres son partidos a la mitad. Pero como si fuera un paraíso para los guerreros, por cada enemigo que cae, aparecen un par más. La oleada de adversarios es infinita, provocando que mi ilusión por enfrentar al capitán Jhon , crezca de forma desmedida. Solo un pirata poderoso es capaz de juntar a tanta gente en un ataque coordinado. Y es entonces cuando, tras un intercambio a voces, se empieza a abrir un corrillo por el paseo, apareciendo de entre la multitud un contrincante destacable. Es un hombrecillo calvo, valiente y fornido. Muy parecido al que había matado esta misma mañana. Porta dos espadas, una en cada lado del cinturón, realzando un carácter fuerte y combativo con el que se presenta. A pesar de que es consciente de nuestra diferencia de tamaño, se empeña en pelear contra mí en duelo singular. Me gusta lo que dice. Y no pienso decepcionarle.
Agarro a Yggdrasil con ambas manos. Una tan cerca de la cabeza del hacha como me es posible. La otra en el pomo del arma. Así consigo un gran manejo de la misma, que me ayuda a enfrentarme a enemigos más pequeños y con más herramientas que yo. Echo para delante el torso, con fiereza, mientras flexiono las rodillas y las posiciono para empezar una carga frontal. Una carrera mortal para chocar contra el único rival digno que se me ha presentado en mucho tiempo. O eso aparenta. Sonrío. Sonrío con una mueca que asusta al miedo. Sonrío por la certeza de que alguien pueda aguantar más de un impacto de Yggdrasil sin morir en el proceso. Es el momento de disfrutar de la violencia. Lo veo en los ojos de mi oponente. Él también quiere sentirlo. La lucha de guerreros preparados para matar o morir.
Pero algo nos interrumpe. Llegada de ninguna parte, una mujer se interpone en nuestro camino justo antes de empezar. Es una tipa dura, se ve a simple vista. Tiene un cuerpo preparado para la batalla, no parece la típica chica fina que no soporta romperse una uña o le gusta lucirse de más. Parece compañera del otro, de la misma tripulación. Aunque antes de dedicarse buenas palabras, él la increpa. Yo estoy a punto de hacer lo mismo, pues roto el clímax que llevo esperando durante todo el santo día. Pero las palabras de ella son más interesantes. Asume su derrota. La suya y la de su camarada. Con solo verme es consciente de que nada pueden hacer. Chica lista. Entonces acuerdan romper el duelo para enfrentarme en un dos contra uno.
Reculo la postura ofensiva y mi cara presenta un rostro confuso, triste. -Que decepción...- digo mientras hablan. Al parecer quieren venderme a algún mercader de esclavos. -No solo se me arruina el duelo, sino que no tenéis pensado matarme. Que tristeza...- Por poder, podría haber atacado nada más apareciera la mujer y comenzaron a hablar, pero visto lo visto, ellos mismos son conscientes de que no pueden contra mi. Así que ninguno será el capitán. Mejor dejarles hacer la pantomima y que me ataquen juntos. Me resultará más entretenido. A todo esto... ¿Donde están Magnus y Alex? El líder de los Soles púrpura se perdió entre la marea de piratas. ¿Pero Alex? Si vino a enfrentarse a Magnus, debe de ser fuerte. ¿Donde estará?
Todo eso da igual ahora. Ambos miembros de la tripulación de Jhon Stern de coordinan para atacar al unísono. Ella apoya su bastón en el suelo, aplicando fuerza para usarlo de pértiga y alzarse por el aire. Su intención es superarme por arriba para ganarme la espalda y así tener dos flancos cubiertos. Al mismo tiempo, sin embargo, el calvo se adelanta para atacar. Se anticipa al aterrizaje de su compañera y se lanza en un uno contra uno prometido. Se acerca veloz e intenta conectar un tajo paralelo al suelo contra mi espinilla. Todo en vano. Con gesto rápido y demostrando una destreza superior, balanceo el hacha hacia abajo en un movimiento pendular de derecha a izquierda, desviando el ataque por completo tras chocar los filos de Yggdrasil con la espada del tipo. Con ese movimientos anulo su ataque y lo expongo con la guardia baja.
Sin pensármelo un solo segundo, tras el desvío, corrijo la trayectoria del arma, que asciende en el movimiento pendular previo. Y desde lo alto, cargo con todas mis fuerzas en un ataque diagonal descendente. -¡¡¡ÁSGARÐR!!!- rujo con brutalidad mientras los filos del hacha cortan y desgarran el antebrazo y la mano con la que sujeta la espada. El movimiento no es solo certero y salvaje, si no que es extremadamente veloz. Un ataque digno de la tierra de los dioses. El hombre pierde el arma de su mano, y de la herida empieza a brotar sarge a borbotones. Pero eso da igual. Dan igual los gritos de dolor o el estado en el que acabe ese brazo y esa mano. Esto es un dos contra uno y hay que repartir.
Mientras esto sucede, la mujer acaba de aterrizar a tres metros de distancia. Debe de ser duro ver qué tienes un compañero tan necio como para que en una pelea con superioridad numérica el imbécil ataque por su cuenta. Pero ahora es ella quien va a pagar las consecuencias. Sin moverme del sitio ni perder tiempo en movimientos innecesarios, cargo a Yggdrasil con una sola mano. Le doy la espalda por completo. Una espalda marcada por mil batallas. Batallas más duras que esta. La sombra que proyecta frente a las llamas es imponente, majestuosa. Se extiende tanto que atrapa a la mujer por los pies. Es un augurio de muerte asegurada. Giro la cabeza levemente, sin perder de vista al compañero desarmado que tengo a mis pies. Es tan solo para que sepa con certeza que me dirijo a ella. Y con la voz sería, sin bromas y sin fanfarronería, exclamo.
-Criatura, esto os sobrepasa con creces... Sé inteligente y llama a tu capitán. Solo así salvarás tú vida... Y la de tu compañero. No habrán segundas oportunidades.-
La voz resuena como el trueno en la tormenta. El eco se filtra entre las ruinas y las explosiones. La verdad es evidente. Solo ella tiene la llave de su destino. Si decide obedecer y avisar a su capitán, se salvará. Con la promesa de la vida de su camarada. Si se niega, caerá. Caerá ella, morirá él y más tarde daré con su capitán. Las negociaciones están cerradas. Que escoja con cuidado su siguiente movimiento.
Agarro a Yggdrasil con ambas manos. Una tan cerca de la cabeza del hacha como me es posible. La otra en el pomo del arma. Así consigo un gran manejo de la misma, que me ayuda a enfrentarme a enemigos más pequeños y con más herramientas que yo. Echo para delante el torso, con fiereza, mientras flexiono las rodillas y las posiciono para empezar una carga frontal. Una carrera mortal para chocar contra el único rival digno que se me ha presentado en mucho tiempo. O eso aparenta. Sonrío. Sonrío con una mueca que asusta al miedo. Sonrío por la certeza de que alguien pueda aguantar más de un impacto de Yggdrasil sin morir en el proceso. Es el momento de disfrutar de la violencia. Lo veo en los ojos de mi oponente. Él también quiere sentirlo. La lucha de guerreros preparados para matar o morir.
Pero algo nos interrumpe. Llegada de ninguna parte, una mujer se interpone en nuestro camino justo antes de empezar. Es una tipa dura, se ve a simple vista. Tiene un cuerpo preparado para la batalla, no parece la típica chica fina que no soporta romperse una uña o le gusta lucirse de más. Parece compañera del otro, de la misma tripulación. Aunque antes de dedicarse buenas palabras, él la increpa. Yo estoy a punto de hacer lo mismo, pues roto el clímax que llevo esperando durante todo el santo día. Pero las palabras de ella son más interesantes. Asume su derrota. La suya y la de su camarada. Con solo verme es consciente de que nada pueden hacer. Chica lista. Entonces acuerdan romper el duelo para enfrentarme en un dos contra uno.
Reculo la postura ofensiva y mi cara presenta un rostro confuso, triste. -Que decepción...- digo mientras hablan. Al parecer quieren venderme a algún mercader de esclavos. -No solo se me arruina el duelo, sino que no tenéis pensado matarme. Que tristeza...- Por poder, podría haber atacado nada más apareciera la mujer y comenzaron a hablar, pero visto lo visto, ellos mismos son conscientes de que no pueden contra mi. Así que ninguno será el capitán. Mejor dejarles hacer la pantomima y que me ataquen juntos. Me resultará más entretenido. A todo esto... ¿Donde están Magnus y Alex? El líder de los Soles púrpura se perdió entre la marea de piratas. ¿Pero Alex? Si vino a enfrentarse a Magnus, debe de ser fuerte. ¿Donde estará?
Todo eso da igual ahora. Ambos miembros de la tripulación de Jhon Stern de coordinan para atacar al unísono. Ella apoya su bastón en el suelo, aplicando fuerza para usarlo de pértiga y alzarse por el aire. Su intención es superarme por arriba para ganarme la espalda y así tener dos flancos cubiertos. Al mismo tiempo, sin embargo, el calvo se adelanta para atacar. Se anticipa al aterrizaje de su compañera y se lanza en un uno contra uno prometido. Se acerca veloz e intenta conectar un tajo paralelo al suelo contra mi espinilla. Todo en vano. Con gesto rápido y demostrando una destreza superior, balanceo el hacha hacia abajo en un movimiento pendular de derecha a izquierda, desviando el ataque por completo tras chocar los filos de Yggdrasil con la espada del tipo. Con ese movimientos anulo su ataque y lo expongo con la guardia baja.
Sin pensármelo un solo segundo, tras el desvío, corrijo la trayectoria del arma, que asciende en el movimiento pendular previo. Y desde lo alto, cargo con todas mis fuerzas en un ataque diagonal descendente. -¡¡¡ÁSGARÐR!!!- rujo con brutalidad mientras los filos del hacha cortan y desgarran el antebrazo y la mano con la que sujeta la espada. El movimiento no es solo certero y salvaje, si no que es extremadamente veloz. Un ataque digno de la tierra de los dioses. El hombre pierde el arma de su mano, y de la herida empieza a brotar sarge a borbotones. Pero eso da igual. Dan igual los gritos de dolor o el estado en el que acabe ese brazo y esa mano. Esto es un dos contra uno y hay que repartir.
Mientras esto sucede, la mujer acaba de aterrizar a tres metros de distancia. Debe de ser duro ver qué tienes un compañero tan necio como para que en una pelea con superioridad numérica el imbécil ataque por su cuenta. Pero ahora es ella quien va a pagar las consecuencias. Sin moverme del sitio ni perder tiempo en movimientos innecesarios, cargo a Yggdrasil con una sola mano. Le doy la espalda por completo. Una espalda marcada por mil batallas. Batallas más duras que esta. La sombra que proyecta frente a las llamas es imponente, majestuosa. Se extiende tanto que atrapa a la mujer por los pies. Es un augurio de muerte asegurada. Giro la cabeza levemente, sin perder de vista al compañero desarmado que tengo a mis pies. Es tan solo para que sepa con certeza que me dirijo a ella. Y con la voz sería, sin bromas y sin fanfarronería, exclamo.
-Criatura, esto os sobrepasa con creces... Sé inteligente y llama a tu capitán. Solo así salvarás tú vida... Y la de tu compañero. No habrán segundas oportunidades.-
La voz resuena como el trueno en la tormenta. El eco se filtra entre las ruinas y las explosiones. La verdad es evidente. Solo ella tiene la llave de su destino. Si decide obedecer y avisar a su capitán, se salvará. Con la promesa de la vida de su camarada. Si se niega, caerá. Caerá ella, morirá él y más tarde daré con su capitán. Las negociaciones están cerradas. Que escoja con cuidado su siguiente movimiento.
En efecto, cajita feliz
