19-09-2023, 05:20 PM
El llanto desconsolado de su compañero se le hacía difícil de soportar. No por molestia, sino porque no le sentaba bien ver a otras personas sufrir emocionalmente. Naturalmente, si fueran enemigos no le importaría, pero incluso Kovashi le daría pena si así de vulnerable lo encontrase. Derya le partiría el corazón sin duda. El panda siguió los movimientos de la boca de su congénere oso casi sin darse cuenta en un fútil esfuerzo por entender a qué se refería con bebida no misteriosa. Supuso que Kovashi tenía algo que ver en todo aquello y decidió no darle más vueltas. –Vale, voy a por zumo entonces, pero tendrás que vigilar el fuego. Después responderé a todas tus preguntas. –Le dio una palmada en el hombro y se fue corriendo hacia Villa Foosha. No es que tuviera excesiva prisa, pero quería proveer de zumo a su compañero para consolarle cuanto antes. No le gustaba ver a otras personas llorar, pues empatizaba mucho. No tardó más de cinco minutos en llegar a su destino: una frutería. Se acercó a la dependienta y solicitó amablemente que le hiciera zumo de naranja por un lado, de piña por otro y una variedad de otras clases. Si llevaba un poco de todo no fallaría. La dependienta tardaría un poco, así que el panda aprovechó para ir por otras tiendas para ver si podía añadir algo más al lote que le iba a llevar a su compañero. Consiguió una bandeja de patatas cocidas en un restaurante y especias para el pescado en un colmado. Para cuando terminó de hacer compras, el zumo ya estaba listo. Pretendió pagar en efectivo en todas partes, pero nadie aceptó su dinero y tuvo que irse sin pagar. Le sentaba mal tanta amabilidad por parte de aquellos amables pueblerinos.
Se encaminó hacia Khruner, esta vez más despacio para no tirar nada. El camino le llevó esta vez quince minutos y para entonces el pescado estaría listo con certeza. Llegó allí y depositó las botellas de zumo en el suelo y acercó las patatas al fuego para mantenerlas calientes. Sacó las especias y las repartió un poco por las patatas para hacerlas más interesantes y esperó a la aprobación de Khruner, por si este no las quería en el pescado. –No es nada raro, solo son hierbas que aderezan el sabor del pescado. Creo que Kova las hace a mano, pero yo no sé. –Confesó el oso y le dejó las especias a su compañero. Se quedó mirándole callado, tratando de discernir si se encontraba ya mejor o si seguía igual de desconsolado. –¿Cómo lo llevas?–
