01-07-2025, 07:56 PM
No sabía muy bien como, pero había logrado imbuir con su haki de armamento la katana. No obstante, aquello no era garantía de nada, puesto que la velocidad a la que se movía Onikiba era muy superior a la suya, así como la técnica, y, seguramente, la experiencia. ¿Quién podría saber cuantas décadas hacía que había sido forjada? Kisuke no tenía idea de aquello, pero sin duda Onikiba había estado en más combates que pelos tenía en la cabeza el antiguo pescador. La voluntad, el instinto de pelea, la espada... todo aquello estaba conectado de una manera que el capitán revolucionario aún no sabía o no alcanzaba a comprender por completo, pero tenía que descifrarlo si quería someter a Onikiba.
"Solo piensa en cortarle... en rebanarle... en someterlo..."
A pesar de aquel sanguinario pensamiento, Kisuke se sentía lejos de aquello, solo quería desarmarlo y hacer que se rindiese; pero como cualquier duelo, si sales a empatarlo, terminarás perdiendo. Aquello le habían dicho cuando era niño y jugaba a la pelota con otros niños, y también lo había leído en algún libro, aunque no recordaba cual de todos era el que le había dicho algo así como "el que duda acaba muerto". Y de eso se trataba en realidad, de enfocar todo su ser en su katana para cortar y eliminar a sus enemigos, pero el raciocinio del revolucionario se imponía tratando de limitar y controlar aquellos primarios instintos.
-¿Sigues dudando, princeso? Así ni vas a rozarme, nene...
Kisuke chasqueó la lengua ante aquella provocación, no podía dejar que le distrajese con sus palabras, tenía que centrarse en su espada y en la de él. Tensó la musculatura de su cuerpo y reguló su respiración para oxigenar bien sus células y dirigir adecuadamente el flujo de su haki. No iba a dar su brazo a torcer y saldría de aquel "mundo paralelo" con Onikiba "domésticada".
-Menos lobos, Caperucita... -dijo con una medio sonrisa burlona, esperando el ataque de la materialización de su propia espada.
Onikiba no esperó más y se abalanzó de nuevo hacia él, pero ahora con un rostro serio, no una mueca burlona. Los embates eran más rápidos y fuertes, pero extrañamente Kisuke estaba siendo capaz de reaccionar y responder mejor ante ellos. Las bromas se habían terminado. Ahora era cuando comenzaba el combate de verdad.
"Solo piensa en cortarle... en rebanarle... en someterlo..."
A pesar de aquel sanguinario pensamiento, Kisuke se sentía lejos de aquello, solo quería desarmarlo y hacer que se rindiese; pero como cualquier duelo, si sales a empatarlo, terminarás perdiendo. Aquello le habían dicho cuando era niño y jugaba a la pelota con otros niños, y también lo había leído en algún libro, aunque no recordaba cual de todos era el que le había dicho algo así como "el que duda acaba muerto". Y de eso se trataba en realidad, de enfocar todo su ser en su katana para cortar y eliminar a sus enemigos, pero el raciocinio del revolucionario se imponía tratando de limitar y controlar aquellos primarios instintos.
-¿Sigues dudando, princeso? Así ni vas a rozarme, nene...
Kisuke chasqueó la lengua ante aquella provocación, no podía dejar que le distrajese con sus palabras, tenía que centrarse en su espada y en la de él. Tensó la musculatura de su cuerpo y reguló su respiración para oxigenar bien sus células y dirigir adecuadamente el flujo de su haki. No iba a dar su brazo a torcer y saldría de aquel "mundo paralelo" con Onikiba "domésticada".
-Menos lobos, Caperucita... -dijo con una medio sonrisa burlona, esperando el ataque de la materialización de su propia espada.
Onikiba no esperó más y se abalanzó de nuevo hacia él, pero ahora con un rostro serio, no una mueca burlona. Los embates eran más rápidos y fuertes, pero extrañamente Kisuke estaba siendo capaz de reaccionar y responder mejor ante ellos. Las bromas se habían terminado. Ahora era cuando comenzaba el combate de verdad.
