24-06-2025, 12:24 AM
El joven arquero de la marina se encontraba en Akarui, una de las ciudades de Ilisia donde se dirigió tras los sucesos en el pueblo de Shinzen al norte, siendo que tuvo que liberar el pueblo de una misteriosa plaga que los tenía adormilados y sin capacidad, o más bien voluntad, de trabajar, siendo que todo lo que hacían era quedarse en casa ignorando el campo, sin regar las plantaciones, sin vigilar si era hora de cosechar y mucho menos sin llevar a cabo la cosecha, haciendo que hubiera un gran riesgo de que toda la plantación se echara a perder por no ser cosechada a tiempo. Afortunadamente los niños no se veían afectados por esa plaga y en la zona había un hombre que parecía saber la forma de salvar al pueblo y así lo hicieron entre el hombre, Bertram y otro marine que había en la zona.
Tras eso el joven arquero siguió con sus otras labores y en una de ellas entraba el patrullar y enviar mensajes a otros marines desde la base o acudir a los lugares donde los civiles mencionaban que había problemas o conflictos. En esta ocasión el joven se encontraba de patrulla, o más bien, en un tiempo libre después de enviar un mensaje pues debía esperar la respuesta para mandarla de regreso a la base y le dijeron que permaneciera en la ciudad por el tiempo que hiciera falta. El joven pelirrojo caminaba por las calles de la ciudad con su arco al hombre, el viento agitando su pelo siempre despeinado y su carcaj sujeto en diagonal en su espalda, con las flechas sobresaliendo por encima de su hombro derecho, facilitando el tomar las flechas en caso de ser necesario pelear.
El arquero mantenía una mirada alegre en su rostro, mientras caminaba por las calles sabiendo que absolutamente nadie le conocía, lo cual era normal, pues recién se había unido a la marina y había llegado al lugar, sin haber siquiera ido a misiones más serias que la de la plaga o enfrentado a un criminal, básicamente estaba dando sus primeros pasos y no podía esperar que le reconocieran. Lo bueno era que la mezcla del sol y la brisa hacían que el clima fuese totalmente agradable, y el que algunos de los ciudadanos que se hallaban en la calle le saludaran hacía que todo fuese todavía más agradable.
El día estaba siendo tranquilo y agradable, y no parecía que nada lo iba a estropear, pero el joven no pensaba ignorar el hecho de que las cosas no siempre se mantenían tranquilas y en cualquier momento todo podía complicarse, un asalto, un robo cualquier cosa podía ocurrir por lo que el joven mantenía la atención sin cambiar su actitud calmada y alegre, una de las capacidades que adquirió como cazador era tener un control bastante decente de sus emociones.
Tras eso el joven arquero siguió con sus otras labores y en una de ellas entraba el patrullar y enviar mensajes a otros marines desde la base o acudir a los lugares donde los civiles mencionaban que había problemas o conflictos. En esta ocasión el joven se encontraba de patrulla, o más bien, en un tiempo libre después de enviar un mensaje pues debía esperar la respuesta para mandarla de regreso a la base y le dijeron que permaneciera en la ciudad por el tiempo que hiciera falta. El joven pelirrojo caminaba por las calles de la ciudad con su arco al hombre, el viento agitando su pelo siempre despeinado y su carcaj sujeto en diagonal en su espalda, con las flechas sobresaliendo por encima de su hombro derecho, facilitando el tomar las flechas en caso de ser necesario pelear.
El arquero mantenía una mirada alegre en su rostro, mientras caminaba por las calles sabiendo que absolutamente nadie le conocía, lo cual era normal, pues recién se había unido a la marina y había llegado al lugar, sin haber siquiera ido a misiones más serias que la de la plaga o enfrentado a un criminal, básicamente estaba dando sus primeros pasos y no podía esperar que le reconocieran. Lo bueno era que la mezcla del sol y la brisa hacían que el clima fuese totalmente agradable, y el que algunos de los ciudadanos que se hallaban en la calle le saludaran hacía que todo fuese todavía más agradable.
El día estaba siendo tranquilo y agradable, y no parecía que nada lo iba a estropear, pero el joven no pensaba ignorar el hecho de que las cosas no siempre se mantenían tranquilas y en cualquier momento todo podía complicarse, un asalto, un robo cualquier cosa podía ocurrir por lo que el joven mantenía la atención sin cambiar su actitud calmada y alegre, una de las capacidades que adquirió como cazador era tener un control bastante decente de sus emociones.
