17-06-2025, 07:11 PM
Según lo que me estaba contando Triana, el haki no serviría para lo que yo me había imaginando. Entender cómo funcionaba algo así de abstracto y caótico me tomaría mucho más tiempo de entrenamiento, aún así, había conseguido construir la base del granero al ser capaz de percatarme de las dos presencias detrás de la ventana. Por el momento, me había ganado un buen descanso. —Pues vaya chasco, entonces. Pero al menos ya no tendré que vigilar tanto mis espaldas... Tengo el cuello resentido de tanto girar la cabeza con el rifle —dije poniendo una mano sobre mi nuca, masajeándola con una expresión de dolor. —Ni vigilando a mis cabras me ponía tan tensa. Aunque ellas se criaban solitas prácticamente. Recuerdo una vez que perdí a tres de ellas mientras pastaban. Regresaron una semana más tarde sin pelo y sin hacer un solo ruido, pero de una sola pieza.
Lo más gratificante para mi, había sido escuchar de la boca de Triana que había hecho un buen trabajo. Fui la gran zarigüeya del pueblo y, al salir, me di cuenta de que había tejones mucho más fuertes de lo que yo podía imaginar. Y no me extrañaba. Con estos trucos de buhoneros que se guardaban bajo la manga, cualquiera podría. Si queria estar a la altura, debía entrenar y desentrañar los secretos que escondían. —No ha sido nada, Triana. La que te tiene que dar las gracias soy yo. Con esto sé que pronto podré lograr mi gran cometido en la vida.
Me quité la gorra, dejando al descubierto las dos antenas que me salían de la cabeza. La mayoría del tiempo obviaba que las tenía o, mejor dicho, las ignoraba siempre que podía. Igual que las inútiles alas que escondía bajo la chaqueta y que marcaban una ligera chepa en mi espalda. Aproveché ese breve momento para rascarme la cabeza y, acto seguido, me volví a poner el gorro. —En fin, ¡Jimba! Espero que no estés comiendo más maíz de la cuenta. ¡No dudaré en usar ni haki para encontrarte! Yee haw haw haw. Apenas terminé la frase, mi sonrisa fue desvaneciéndose hasta adoptar una expresión más neutra al volverme hacia Triana. Ya había dejado bien claro que no podía usar ese poder para según qué cosas. —Era una broma, por supuesto. Jamás se me ocurriría hacer algo así. En fin, tengo que ir a ocuparme de... algo importante. ¡Nos vemos luego! Recuperé la sonrisa mientras salía corriendo del hostal, sujetándome la gorra para que no se volara. —¡Prepárate, Jimba! Porque vamos a aprender a jugar al escondite extremo.
Lo más gratificante para mi, había sido escuchar de la boca de Triana que había hecho un buen trabajo. Fui la gran zarigüeya del pueblo y, al salir, me di cuenta de que había tejones mucho más fuertes de lo que yo podía imaginar. Y no me extrañaba. Con estos trucos de buhoneros que se guardaban bajo la manga, cualquiera podría. Si queria estar a la altura, debía entrenar y desentrañar los secretos que escondían. —No ha sido nada, Triana. La que te tiene que dar las gracias soy yo. Con esto sé que pronto podré lograr mi gran cometido en la vida.
Me quité la gorra, dejando al descubierto las dos antenas que me salían de la cabeza. La mayoría del tiempo obviaba que las tenía o, mejor dicho, las ignoraba siempre que podía. Igual que las inútiles alas que escondía bajo la chaqueta y que marcaban una ligera chepa en mi espalda. Aproveché ese breve momento para rascarme la cabeza y, acto seguido, me volví a poner el gorro. —En fin, ¡Jimba! Espero que no estés comiendo más maíz de la cuenta. ¡No dudaré en usar ni haki para encontrarte! Yee haw haw haw. Apenas terminé la frase, mi sonrisa fue desvaneciéndose hasta adoptar una expresión más neutra al volverme hacia Triana. Ya había dejado bien claro que no podía usar ese poder para según qué cosas. —Era una broma, por supuesto. Jamás se me ocurriría hacer algo así. En fin, tengo que ir a ocuparme de... algo importante. ¡Nos vemos luego! Recuperé la sonrisa mientras salía corriendo del hostal, sujetándome la gorra para que no se volara. —¡Prepárate, Jimba! Porque vamos a aprender a jugar al escondite extremo.
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