[Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir
#4
Ellos hablaban, y hablaban bien. Eran disciplinados, hábiles, rectos en precisión y experiencia. Yo no podía aportar mucho, solo era un joven que doblaba papel. Dino era exacto; sus palabras, barnizadas de certeza, resonaban en toda la oficina, en la inmensidad de los escombros de papel por resolver. Naofumi, el chico tímido, temblaba entre los dedos con una honestidad brutal, como una hoja en blanco que todavía no había sido doblada. Yo, atrás, siempre me mantengo al margen, observando. No por indiferencia, sino porque entre las palabras se filtran los más perversos deseos. Hay tonalidades melancólicas en las omisiones, la pausa es el compás en los silencios. En la oficina, el olor no era solo a humedad. Mis narinas, apresuradas, percibían la estela de algo que no se estaba diciendo. Y la lluvia, que no cesaba, parecía limpiar las huellas de algo a lo que aún no sabíamos ponerle nombre.

El cofre ya no está. Lo habían arrancado de raíz. Mis compañeros comprenden la ausencia, el hueco chillón que destrona al orden. Yo lo veo como un mensaje, como un código que deberíamos descifrar lo antes posible. Todo hecho puede medirse con geometría, la falta de algo también tiene forma. La silueta del cofre aún sigue allí, no solo por el polvo que forma sus huellas, sino por lo denso que dejó tras su ausencia. El peso de su estructura, el peso de lo que valía para cada joven allí, había sido arrancado de golpe, con un único movimiento. Sus huellas estáticas así lo delataban.

Me agacho también, buscando ese secreto que busca mi compañero, como si, calcando sus movimientos, pudiera tener su precisión. Hay algo en el suelo. Cera. Tres gotas, espaciadas con una cirugía ritual. No parecía un accidente. No había goteo desordenado ni derrames de gente actuando a toda prisa. Parecía tener la intención de alguien que deja migajas en el camino para volver a su destino y luego se arrepiente.

No hablé aún. Dejé que mis compañeros siguieran juzgando, siguieran leyendo ese brillo sobre el suelo. Dino se sigue moviendo con esos aires como si caminara sobre piso de apoderados, piso de mármol. Dicen lo obvio, dicen lo que había que decir, dicen lo que la cera grita, alguien había usado una vela. Pero la fragancia en el ambiente no es a sebo ni a aceite rancio. No es la clásica vela que puede encontrarse por el mundo. Es un olor más dulce, una cera suave, con esas notas vegetales que no se logran percibir si uno no está acostumbrado. Yo la reconozco. No como militar ni noctámbulo, sino como artista. Es una cera que no estropea tanto el papel. Pero no solo los artistas la utilizamos, también los ritos, el paganismo, las fiestas sin nombre. Son velas de memoria, de honor. Más que para iluminar, son para marcar.

Observo la lámpara de aceite intacta. No fue utilizada. Si alguien quería ver y mover la estructura de hierro, la hubiera usado. Pero no. Eligió algo portátil que emitía una luz igual de detectable por la ventana. Una vela. Y no para leer papeles sobre el escritorio, sino para habitar la oficina. No había lógica de alguien que está apurado y perdería una de sus manos en una vela. No había lógica clara. Conociendo las guardias que realizó el compañero, que ahora lamía sus heridas, el crimen fue rápido e igual de cuidado. Prisa y detalle. Una combinación extraña, como dedos ligeros haciendo origami perfecto. Me viene esa imagen a la cabeza, alguien doblando en la oscuridad, con manos precisas y rápidas, algunos.

Ellos continúan hablando, como si yo no existiera. Sugieren interrogatorios, requisas, inventarios de velas, permisos y omisiones. Pero mi idea era otra. Pienso en otra frecuencia. No fue solo un robo por dinero. Fue una intervención violenta que desestabiliza y hiere. Como un paso más en un baile que rompe la armonía clásica de la coreografía. Pero, pese a eso, quien lo hizo no quiso dejar nombre. Quiso desaparecer, pero no del todo. Tal vez esas gotas fueron su firma, o una inusual manera de advertencia. Como si dijera: “me escondo, pero no del todo”.

Mientras el Capitán sale, dejándonos con más preguntas que respuestas, dejo que mi bufanda amarilla repose sobre mi pecho. Y trato de desdoblar el misterio que dejó el robo, la figura maravillosa de alguien que hizo imponentemente tangible el vacío.

Y, en un giro inesperado de la trama, me preguntan. Me dan la palabra. Me reconocen como frescura. Entonces hablo. No mucho. No levanto la voz, que ya se hace difusa al atravesar la máscara.

-Esta cera no es común. No viene de almacenes. No se busca en cajones ni en roperos. Se busca en lugares bajo llave, en mochilas que son extensiones del cuerpo. Es cera de ritual. De mundo antiguo. Es cera de artistas. Es cera vegetal. Cera fácil de conservar en invierno, pero de difícil elaboración por la escasez de plantas. No es cera improvisada. Además, el hierro fue arrancado de raíz, de un solo movimiento. Dudo de uno, desconfío de treinta.

Lo digo sereno, sin apuro. No tengo la intención de tapar el plan de mis compañeros. Mi intención es dar algo más, algo que mi condición de artista me regaló hace años. No me importa si me escuchan o no, si logran entender mis palabras y su propósito. No vine aquí a liderar. Solo a seguir, a acompañar, por esta estúpida fidelidad que tengo con la bandera albiceleste.

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RE: [Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir - por Caelum Drift - 13-06-2025, 02:31 PM

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