13-06-2025, 01:49 AM
Antes de dar por finalizado mi entrenamiento, Triana me encomendó una última prueba: adivinar cómo eran esas presencias. Me quedé mirando fijamente hacia la habitación. ¿Qué se suponía que tenía que saber? ¿Si llevaban bigote? ¿Si bailaban claqué? Hablando de claqué, yo tenía unas gallinas que entrené a conciencia para que movieran sus patas al unísono, pero casualmente todas enfermaron la misma primavera tras una gripe extraña. Siempre sospeché que mi vecino Lester "Tres pelos" contaminó las tierras con un nuevo fertilizante desconocido que hacía que sus cultivos doblaran su tamaño. Como nunca pude probarlo, me dediqué a pegar tiros a sus espantapájaros mientras dormía para que los cuervos acabaran con su cosecha como venganza. Luego resultó que las gallinas murieron por una contaminación del bebedero, pero al menos me quité de en medio a un digno rival en el festival del calabazón.
Cerré los ojos de nuevo e hice un esfuerzo por reconocer aún más esas figuras. Al principio solo eran dos presencias bastante difusas, y ya bastante me costaba concentrarme en algo que no era capaz de ver. Pero, como decía el famoso dicho, no había que poner el carro delante de los bueyes y, conociendo su posición, ya tenía la mitad del trabajo hecho. Primero decidí centrarme en una de las dos presencias; la de la derecha. Parecía firme y profunda, pero no me di cuenta de lo diferentes que eran hasta que la comparé con la otra. La segunda presencia era mucho más suave y considerablemente más débil en comparación.
— Si no me equivoco y he sido iluminada con el don de la clarividencia, la presencia de la izquierda es más pequeña y débil que la de la derecha. Aún así, no creo que ninguno de los dos sea rival para mí — dije, abriendo finalmente los ojos. No es que me quisiera tirarme trigos encima, pero no parecían un peligro a simple vista — o mejor dicho, a mi no vista—.
— Pero a ver que yo me entienda — continué, poniendo mi mano derecha detrás de la espalda y sacando tres dedos. — Solo para estar segura de que esto no es una patraña, ¿serías capaz de saber ahora mismo cuántos dedos tengo en la mano?
Cerré los ojos de nuevo e hice un esfuerzo por reconocer aún más esas figuras. Al principio solo eran dos presencias bastante difusas, y ya bastante me costaba concentrarme en algo que no era capaz de ver. Pero, como decía el famoso dicho, no había que poner el carro delante de los bueyes y, conociendo su posición, ya tenía la mitad del trabajo hecho. Primero decidí centrarme en una de las dos presencias; la de la derecha. Parecía firme y profunda, pero no me di cuenta de lo diferentes que eran hasta que la comparé con la otra. La segunda presencia era mucho más suave y considerablemente más débil en comparación.
— Si no me equivoco y he sido iluminada con el don de la clarividencia, la presencia de la izquierda es más pequeña y débil que la de la derecha. Aún así, no creo que ninguno de los dos sea rival para mí — dije, abriendo finalmente los ojos. No es que me quisiera tirarme trigos encima, pero no parecían un peligro a simple vista — o mejor dicho, a mi no vista—.
— Pero a ver que yo me entienda — continué, poniendo mi mano derecha detrás de la espalda y sacando tres dedos. — Solo para estar segura de que esto no es una patraña, ¿serías capaz de saber ahora mismo cuántos dedos tengo en la mano?
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