[Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir
#2
Formarse, no como geometría, sino como norma. Esa idea de pulcritud, de rectitud. De militarizarlo todo. El estar, el habitar cada espacio de nuestra malcriada Marina. Yo, aquí en el patio de la base, recogía el invierno sobre mis hombros. Tomaba con brutal inocencia la furia del frío, como si lo que me había traído hasta aquí fuera más importante que morir congelado.

Susurré, tiritando, a la bufanda que llevaba con dos vueltas exactas en el cuello. Esta vez no como pasado, sino como refugio.

-No conozco a nadie aquí.

No quería que esas palabras circularan. Fueron íntimas. Apenas surcaron el interior de la máscara hasta hundirse en la tela amarilla. No es que me importara conocer o no, es que se me había hecho costumbre caminar al lado de los rotos, de los desviados. Y hoy, hoy todo estaba lleno de rostros nuevos. Seres con historias por contar, con oídos aún sin cicatrices. Yo estaba cargado de ira, de tristeza. Lo de Ryu aún estaba fresco. No quería conocer a nadie más. Solo iba a estar por la orden, por la misión, por la formalidad.

La palabra que bramo el sargento recorrió las instalaciones. Se coló por mis oídos y, por pura memoria muscular, hice de mi cuerpo una estatua con la percha justa de quien pretende respetar la autoridad. Todo esto era un circo. Así lo veía yo. Esa estúpida manía de poner un gesto a una palabra que pretende ser orden. "¡Atención!"

La inexperiencia abundaba entre nosotros. No quería excluirme del grupo de cachorros, pero me sentía con una confianza extra. Había vivido cosas. Historias que me forjaron. Historias que me hacían querer doblar el mundo. A mi lado, un joven hecho a las apuradas ajustaba su arma, o su protección. Quién sabe. Y sin poder ojear más a mis pares, las palabras del sargento parecieron salidas de una ficción total.

Le han robado a la Marina.

Al órgano regulador del crimen. O nos desbordamos de corruptos, o la ineptitud se adueñó del procedimiento. No era experto en seguridad interna, ni en delitos, y mucho menos tenía compromiso con los asuntos internos. Pero no había muchas opciones. El robo había sido nuestro.
Por omisión o por práctica. Por llevarnos, estúpidamente, algo que debía reportarse al instante. Parecía obra del misterioso destino enredado al que la Marina nos tiene acostumbrados.

De ahí se desprendía nuestro salario. Escaso, para ser sinceros. Y de poco peso frente a la incalculable peligrosidad que representaba cada misión. Pero suficiente para alguien con las influencias justas quisiera trepar unos cuantos escalones de golpe, cobrar como tal.

Un mar de palabras dichas por debajo de la mesa se entonó como himno. Aparentemente, no estaba solo en pensamiento. Miradas, murmullos, todo el mundo se inquietó de golpe. Había gente allí que vivía de eso. Que se alistó en la Marina como escape rápido a la vida laboral, no por heroísmo ni por justicia. Por dinero. Era el camino más directo para pertenecer al Gobierno, aunque fuera en esta minúscula miga que representábamos. Pero al fin y al cabo, parte del sistema. Además, nos daban un fusil y un uniforme. ¿Qué mayor privilegio que ese? A mí, ciertamente, el dinero me importaba poco.

Mis pensamientos se plagaban de ideas contra quien jerarquiza en la Marina. Quería un responsable, no por honor, sino por lealtad. No era posible que valgamos lo mismo que la escoria de los Piratas, ladrones y asesinos. Y como si el destino tuviera la cortesía de entregarme mis caprichos, mi nombre salió de la boca del sargento. Mi nombre, y el de dos soldados más. Nombres a secas, sin adornos, suficientes para que las miradas de los compañeros se nos clavaran. Hacía tiempo que nadie me miraba. Nadie, aunque fuera con acusación, hablaba de mí. No lo hacían por miedo ni por desinterés. Sino por lo horrendo de mi aspecto.

Mi bufanda parecía tratar de arrancarme de ese lugar. Se aferraba a las palabras del viento que eran puñaladas, nos jugaban.  ¿Porque el hombre puede desnudar sus infiernos con tan solo un puñado de intención? ¿Con una información a medias, sin cestera mas que su propio interés?

Pese a todo, no me moví. Me mantuve sereno, distante, a la deriva. Si era una acusación, imagino que al menos me mostrarían el informe administrativo. Y en un mismo movimiento de labios, pasamos de villanos a héroes. Los Elegidos. El trío que se encargaría de "la investigación".
Algunos elogios nos pintaron como los indicados. Una nueva misión, la acepté simplemente por ser parte, por esas ganas locas de desenmascarar al infiltrado. No quería flores. Solo poder habitar un espacio limpio y sano.

No dije nada. Nunca lo digo. Pareció que el cielo habló por nosotros al arrojar sus primeras gotas.
No sé si fue melancolía o la urgencia de movernos. El suelo comenzó a empaparse, junto con nuestros uniformes. Y el frío se hizo más intenso. Recordé una frase que resonaba en mi mente,
A veces llueve de frío. Varias veces lloví de frío.

Asentí con la cabeza cuando dijeron mi nombre y no dije nada más. Un gesto eficaz, lo suficientemente duro para mantener la distancia con los otros dos. No había necesidad de hablar.
Uno de nosotros había sido el responsable. Y yo no había sido. Todos estábamos bajo la lupa. Nada estaba librado al azar. Este grupo no fue formado al azar, fue medido. No había necesidad de hablar de más.

Se acercó nuestro otro compañero, más osado en actitud, aunque me ignoró. No podía culparlo.
Yo también me ignoraría, si pudiera. El elegante chico del látigo dialogó únicamente con Iwatani.
Casi celebraba el hecho de poder hacer una “investigación real”. Así lo describió, con soltura.
En algún rincón de mi alma, la actitud de mi compañero acarició mi ego. Y sin dejarme intimidar, ni molestándome, tomé las alas de Grau y las dejé reposar en mi espalda. Mostrando, sin palabras, que yo no estaba solo.

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RE: [Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir - por Caelum Drift - 11-06-2025, 09:50 PM

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