11-06-2025, 08:54 PM
Me quedé unos segundos pensando en la respuesta que acababa de dar. ¿De verdad había sido capaz de contar algo sin verlo? Si era capaz de calcular a cuántas vacas de distancia se encontraban mis cabras, no tenía motivos para desconfiar de mi talento innato. No por nada era la indiscutible bicampeona del torneo más importante de todo Villa Syrup: las carreras de sacos. Y digo más, ¿quién de aquí podía decir que era la ganadora del primer torneo insular de tiro a la herradura? ¿Triana? Lo dudo mucho. Respiré hondo hinchando el pecho más que un gallo y solté todo el aire de golpe.
— Hay que ver lo desconfiada que eres, Triana. Ni que yo fuera mintiendo por la vida. Pero ya que me lo preguntas, te lo diré. Al cerrar los ojos, dejé fluir esa sensación por todo mi cuerpo para después desparramarla a mi alrededor. Igual que el fluir de un río cuando no hay castores de por medio. ¿Sabías que esos roedores pueden desmantelar graneros enteros? Yo lo vi con mis propios ojos la primavera del año 9. En fin, el caso es que, cuando me quise dar cuenta, noté la presencia de una persona a este lado — dije señalando al lado derecho. —Y justo después, a otra por allí — señalé moviendo un poco la mano hacia la izquierda. — ¿Es correcto? ¿Crees que es suficiente para apuntarme a un concurso de adivinación con Jimba?
El esfuerzo que había empleado para saberlo era muy diferente al que podía usar para levantar un saco de trigo o incluso para aguantar uno de los disparos de mi rifle. Era agotador a su manera, y nunca había experimentado esa sensación en mis tantas primaveras de vida. Aún así, me preocupaba que solo fuera pura suerte, ya que, como era bien sabido por todos — sobre todo en mi pueblo —, la suerte de Jolyne Jones no tenía parangón. — Ejem — carraspeé. — Puedes ponerme otra de tus pruebas si no estás segura — dije, sabiendo que era yo la que no terminaba de convencerme.
Si conseguía acertar lo que sea que me dijera, podía darme por satisfecha. De lo contrario, no me quedaría más remedio que convertirme en una ermitaña que se alimenta de cangrejos y moluscos hasta desentrañar el secreto de este extraño poder.
— Hay que ver lo desconfiada que eres, Triana. Ni que yo fuera mintiendo por la vida. Pero ya que me lo preguntas, te lo diré. Al cerrar los ojos, dejé fluir esa sensación por todo mi cuerpo para después desparramarla a mi alrededor. Igual que el fluir de un río cuando no hay castores de por medio. ¿Sabías que esos roedores pueden desmantelar graneros enteros? Yo lo vi con mis propios ojos la primavera del año 9. En fin, el caso es que, cuando me quise dar cuenta, noté la presencia de una persona a este lado — dije señalando al lado derecho. —Y justo después, a otra por allí — señalé moviendo un poco la mano hacia la izquierda. — ¿Es correcto? ¿Crees que es suficiente para apuntarme a un concurso de adivinación con Jimba?
El esfuerzo que había empleado para saberlo era muy diferente al que podía usar para levantar un saco de trigo o incluso para aguantar uno de los disparos de mi rifle. Era agotador a su manera, y nunca había experimentado esa sensación en mis tantas primaveras de vida. Aún así, me preocupaba que solo fuera pura suerte, ya que, como era bien sabido por todos — sobre todo en mi pueblo —, la suerte de Jolyne Jones no tenía parangón. — Ejem — carraspeé. — Puedes ponerme otra de tus pruebas si no estás segura — dije, sabiendo que era yo la que no terminaba de convencerme.
Si conseguía acertar lo que sea que me dijera, podía darme por satisfecha. De lo contrario, no me quedaría más remedio que convertirme en una ermitaña que se alimenta de cangrejos y moluscos hasta desentrañar el secreto de este extraño poder.
INFORMACIÓN
