18-09-2023, 01:29 AM
Sohem se despidió del marine bigotudo.
Bueno, no fue una despedida, sino una de sus formas de marcharse e indicarlo sin decir adiós. Comenzó a andar de la escena para abandonar a al duo de marines hasta Dios sabrá. Yo, por mi parte, más calmado, pasé al lado del marine que había sacado al borracho inicial que me increpó y lo despedí mostrando respeto, inclinando ligeramente mis hombros en muestra de respeto por su acto anterior. Muchos son marines, no todos se comportan como tal. Ese hombre tenía mi respeto. Por sus actos y por aguantar al compañero sin despeinarse. Comencé a andar tras Sohem mientras me despedía sin mirarlos, tanto a él como al compañero que salía del local.
- Hagan caso al enano. Y coman ensaladas. - sentencié mientras despedía con el dorso de la mano marchando tras el enmascarado.
Mi compañero, por su parte, sugirió dormir en la cubierta de algún barco para estar resguardados del tiempo, aunque, realmente nunca me ha importado demasiado. Él seguía andando y exponiendo lo que a todas luces era un plan sencillo: Divide y vencerás. Deberíamos separarnos al amanecer y buscar por nuestra cuenta gremios que merecieran la pena para adherirnos a ellos y poder cazar presas mayores. Tenía todo el sentido del mundo, después del "divide y vencerás" llega "la unión hace la fuerza." Gruñí en muestra de aceptación mientras sugería separarnos para abarcar terreno.
- No, pero, conseguiré uno mañana... aún me queda dinero. - dije con cierta vergüenza, aunque había sido pobre como las ratas, pero decirlo delante de él sonaba deprimente. - Vi un astillero con varios barcos que parecían tener poca vigilancia, sígueme. - dije mientras cambiaba de dirección bruscamente.
El camino fue corto y silencioso. La noche había hecho de la ciudad y el puerto un cementerio. El bullicio del local en el que estuvimos había quedado totalmente atrás y apenas se podía escuchar como un murmullo lejano, ajeno a nosotros. Cuando llegamos al astillero, divisé un barco que a todas luces llevaba tiempo sin usarse. Debía permitirnos dormir a pierna suelta, incluso con mi tamaño, que solía ser el problema en este tipo de situaciones. Sin decir absolutamente nada, subí y me senté en proa, con la espalda apoyada sobre el mascarón y mirando al centro del barco. Crucé mis brazos e intenté dormir. El día había sido largo y merecía descanso si mañana queríamos partir. Cuando amaneciera, que no sería dentro de demasiado, buscaría un Den den mushi para comunicarme con Sohem y... buscaría un nuevo rumbo.
Era tiempo de cambio.
