[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia.
#16
El grito del animal resonó, seco, como un eco de mi propia ira. Mi disparo había tenido valor, pero no fue suficiente. Aquel toro, un cuerpo de músculos, esperma y cuero, no fue capaz de acariciar el golpe que le había dado. Sin embargo, mi compañero no aprovechó la abertura para encontrar una ventana de escape. La exagerada musculatura de la bestia lo privaba de movimientos sencillos, y entendí que allí debíamos atacar.

Ya había puesto todo lo que tenía. Mi oportunidad de ir con toda mi fuerza estaba en juego, pero aun así, no fue suficiente. Era evidente, necesitábamos unir fuerzas para derribar a esa bestia.
Max estaba anclado al piso, quizás por instinto o por miedo, nunca se lo pregunté. Luisito estaba allí, justo sobre él, intentando sofocar la llama fiera que brillaba en los ojos del joven. Yo estaba cansado. No al límite, pero mi cuerpo jadeaba, subía y bajaba, y bajo la máscara, mi rostro empapado de sudor ardía de furia, cargando años de rabia depositados en ese enmascarado.

Y entonces, sin que mi cuerpo pudiera moverse de nuevo, una explosión de sangre brotó del cráneo de Luisito, empapando el lugar y tiñendo de carmesí el uniforme impecablemente planchado de mi compañero. El cuerpo del toro cayó y no tembló; pero el suelo sí lo hizo. En mi rostro se dibujó una sonrisa, no sádica, sino de alivio.

No tuve tiempo de entender qué había pasado cuando aparecieron dos seres idénticos, casi calcos el uno del otro. Se acusaron mutuamente del asesinato de mi rival. No eran humanos, pero no por su fría actitud de asesinos en la oscuridad, sino por su aspecto, su piel añil, en la penumbra, parecía aún más oscura. Eran de una raza que jamás había visto. Utilizaban un ataque invisible o a distancia, una técnica que yo, un estúpido marine , podría comprender.

“Uchimizu”, cantaron al unísono, nombrando su logro con un solo movimiento, algo que yo no había podido hacer ni con todo mi poder. La distancia entre esos marines y nosotros era abismal. Me dio vergüenza mirarlos a los ojos, no por timidez, sino por respeto. No fui capaz de agradecerles,  sin que mi boca emitiera un solo sonido, mi conciencia lo hizo: “Gracias”, pensé, y fue todo lo que pude ofrecer en ese instante. Jamás lo dije. Qué tonto fui.

Los hermanos caminaron entre los cadáveres, observando todo como si buscaran una explicación a lo que habíamos vivido. Golpeaban los cuerpos inertes, buscando algún signo vital, tal vez un testigo, alguien que pudiera aportar algo de información útil antes del último aliento. Tras el recorrido, solo les quedaba la conclusión obvia, claro que habíamos sido nosotros. ¿Acaso no es eso lo que se espera de un soldado?
No cuestioné nada. Solo seguí la siguiente orden, olvidando por un momento que otro de nuestros compañeros aún estaba en combate. Tomé el caracol y hablé con Ryker desde mi perspectiva rota de verlo todo.

-Sargento.

Informé con voz rota y jadeante.

- Luisito ha caído junto a veinte de sus hombres. Veinte marines necesitamos y diez más para corroborar daños en los locales afectados. No hay heridos confirmados.

Un informe breve pero útil que no esperaba una respuesta. La misión aún no había terminado. Y no fue por mérito propio que lo supe, sino por la nueva orden, apoyar a Ryu en el puerto.

Avanzamos con Max a toda prisa, con la esperanza intacta de reencontrarnos con nuestro guía en este infierno, uno de los pocos que confiaba en esta banda de desviados, esta banda de rotos.

Una multitud en las sombras del puerto rodeaba algo, un bulto que no identifiqué hasta que estuve lo suficientemente cerca, era mi compañero, inerte. La expresión de un nuevo soldado mirando la nada, como si después de la muerte ya no quedara nada, como si no fuéramos más que una triste casualidad. Me acerqué al cuerpo tullido en el suelo, ensangrentado, producto de mil puñaladas, de alguien que parecía haberlo torturado antes de matarlo.

Los locales no dieron paso, murmuraban sin decir nada al ver el uniforme. Muchos me miraban con miedo y asco, alejándose más por mi aspecto que por mi autoridad. Traté de encontrar algo de humanidad en el cuerpo de Ryu, pero fue inútil. Ya no era nada. Nuevamente, había llegado la hora de enterrar a un compañero. No era necesario decir nada. Por alguna extraña razón, una lágrima se deslizó por los bordes de mi máscara. Era la primera vez que, desde lo frío y el desinterés, podía sentir algo así. Pero esa lágrima no viajó sola, fue la sentencia de una promesa. Quería matar a Henry. La primera flor que recibió el cuerpo de Ryu fue la mina, esculpida con delicadeza en una hoja de papel que el me había regalado antes. 

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 473 + 0 = 473
Energia: 234 + 5 = 239
Espiritu: 123 + 0 = 123


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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - por Caelum Drift - 09-06-2025, 01:51 PM

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