[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia.
#10
Sin dudas que sí, sin dudas que cada hormiga en el terreno del norte era mejor que nosotros. Yo eso lo sabía muy bien; conocía el poder de la comunidad, del trabajo, de la biología del instinto. Incluso su rol polinizador puede ser devastador y, a la vez, hermoso. Claro que los insectos eran mejores, mejores que cualquiera.

El gigante enmascarado, con bastante complejo de niñez, buscaba un juguete, un entretenimiento. Qué estúpida manera de ver el mundo, creer que esto era un juego. Yo me lo estaba tomando muy en serio. Escoria como esta no merecía surcar las crestas de los mares otra vez. Estaba molesto, poco poético, no contemplaba el mundo desde un lugar conciliador. Se me había agigantado el apetito de la guerra, de las malas costumbres de seguir órdenes hasta el límite.

El demonio, de un salto, quedó frente a mí. Pude ver en la flexión de sus rodillas sus intenciones. Eso no quiere decir que no haya sido imponente, que no me haya puesto el corazón a mil por hora, como si mi vida dependiera de ese puño furioso y endemoniado que se acercaba a mi rostro. Esa zurda que se dirigía hacia mí solo tenía esa estúpida intención violenta. No se preocupó por sus compañeros; tal vez alguno de aquellos cuerpos que brincó como si nada lo consideraba su amigo. No merecía la vida, este don que yo cargaba con pesar pero que, en este camino, me había dejado la esperanza de cambiar, de ser un facilitador para los habitantes del mundo.

Su puño estaba lo suficientemente cerca para que mis músculos no pudieran reaccionar. No podía bailar, no podía escapar; el gasto de energía que me había llevado enfrentar al grupo me había robado la capacidad de reaccionar con precisión. Entonces, el golpe me dio de lleno. Pero mi cuerpo se dobló como papel. Más que un golpe, aquello fue una caricia, un mimo, una ventaja que pudo cargar mi adrenalina. Mi cuerpo se había doblado, extendido, flameando como una bandera furiosa en la guerra. Y salio a la luz el beso que le di a la fruta maldita, fruta que me encontre en un terrible apartado de mundo. No quedaba de otra. No quedaban motivos para ocultarlo. Era un hombre que había perdido la gracia del mar.

Rodeé el cuerpo de Luisito como si me escurriera entre sus puños, como si su esqueleto se hubiera triturado por el golpe del fortachón. Pero lejos de ello, su golpe había sido nada; la mismísima nada. Me deslicé por la calle casi de manera reptante, pero con toda la elegancia del papel que se desdobla y trata de llegar a su estado más puro, más preciso, más geométrico.

Llegué a donde estaba Max y recuperé mi corporeidad; mi cuerpo volvía a ser el del roto. Tomé a Grau, pero esta vez dejé que mi cuerpo recordara una antigua técnica, de un deporte que parecía ajeno a los campos de batalla más sangrientos. Me flexioné hacia adelante, los pies paralelos como espejos, sosteniendo toda mi intención de matar. Tomé el arma con fuerza. Estaba furioso. Un pie, como pivote, acompañó el vuelo de mis alas, de ese objeto que, por memoria, volvería a mi mano sin oposición. Pero ahora había salido furioso, silbante, el aire a su alrededor parecía detenido, ligero, como si el cielo se abriera por la mitad. El lanzamiento buscaba impactar la nuca del luchador.

Me quedé cerca de Max para protegerlo. No dejaría que otro de mis compañeros llegara al final de su existencia. No le dije nada, no lo miré. Simplemente me quedé a su lado, a la deriva, pero firme.

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 473 + 0 = 473
Energia: 402 - 84 = 318
Espiritu: 123 + 0 = 123


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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - por Caelum Drift - 03-06-2025, 01:45 AM

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