26-05-2025, 10:16 AM
— Esto es demasiado aburrido. Hoy no parece haber vida nocturna en este pueblo —murmuró el soldado Cooperstein mientras jugaba con su arco.
— Se nota que eres un novato —le respondió Ryu recorriendo los callejones oscuros con su mirada—. Es en las noches silenciosas cuando las cosas se ponen interesantes o peligrosas.
— Si, si. Si tu lo dices —respondió Max.
Los tres marines seguían caminando, acompañados por el silencio y por la fría brisa de la noche. Ryu caminaba al centro de la calle, mientras que Caelum iba a su derecha y Max a su izquierda. A la derecha de Caelum había una gran joyería llamada "La Mamonada", un establecimiento conocido por sus piezas de gran valor.
Solo alguien con un gran oído podría escuchar como un tic tac sonaba dentro de aquella joyería. La tranquilidad de la noche no fue perpetua. Un gran estruendo ensordecedor rompió la quietud.
El cristal de la joyería explotó de adentro hacia afuera, generando una lluvia de fragmentos filosos que alcanzó a Caelum y a Ryu que eran los más cercanos. La explosión hizo que los tres marines cayeran derribados al suelo alfombrado de vidrios.
Dos figuras enmascaradas cargando bolsos negros repletos, muy seguramente de joyas, saltaron desde dentro de la joyeria cayendo a unos tres metros de los marines.
— No puede ser… —dijo Ryu al ver a aquellas dos figuras, reconociéndolas casi de inmediato— Cooperstein. Drift. No puedo darles detalles pero… A partir de aquí no cometan absolutamente ninguna tontería. Esos son Henry “El hombre de los 100 rostros” y Luisito Fernandez. Ambos criminales buscados por actos violentos, robos y asesinatos —dijo casi susurrando.
Los dos hombres tenían físicos muy distintos, Luisito Fernandez un hombre grande y corpulento con una máscara de lucha libre y unos guanteletes parecidos a los usados por los boxeadores. El otro era Henry, un enmascarado delgado, que aunque pareciera mas fragil, era el que daba mas miedo.
— Oye, Henry. Mira la basura que alguien dejo tirada en el suelo. Kapapapapa —dijo Luisito al ver a los tres marines tirados en el piso.
— Vaya, vaya. Seguramente son espectadores VIP que vienen a ser testigos del nacimiento de los Piratas Manhattan. Pero lamento decir que no hay tiempo para autógrafos. Nuestro barco nos espera queridos —dijo con voz juguetona el enmascarado llamado Henry, mientras tras de él la joyería se incendiaba cada vez más.
Ryu se levantó con dificultad, con un poco de sangre en su uniforme debido a los vidrios. Mientras que Max estaba perplejo en el piso.
— Mas les vale rendirse ahora. De lo contrario nos veremos obligados a usar la fuerza —les dijo Ryu mientras metía su mano en el porta shurikens que tenía en su espalda—. Suelten lo que llevan en sus manos.
— Se nota que eres un novato —le respondió Ryu recorriendo los callejones oscuros con su mirada—. Es en las noches silenciosas cuando las cosas se ponen interesantes o peligrosas.
— Si, si. Si tu lo dices —respondió Max.
Los tres marines seguían caminando, acompañados por el silencio y por la fría brisa de la noche. Ryu caminaba al centro de la calle, mientras que Caelum iba a su derecha y Max a su izquierda. A la derecha de Caelum había una gran joyería llamada "La Mamonada", un establecimiento conocido por sus piezas de gran valor.
Solo alguien con un gran oído podría escuchar como un tic tac sonaba dentro de aquella joyería. La tranquilidad de la noche no fue perpetua. Un gran estruendo ensordecedor rompió la quietud.
¡BOOM!
¡CRASH!
¡CRASH!
El cristal de la joyería explotó de adentro hacia afuera, generando una lluvia de fragmentos filosos que alcanzó a Caelum y a Ryu que eran los más cercanos. La explosión hizo que los tres marines cayeran derribados al suelo alfombrado de vidrios.
Dos figuras enmascaradas cargando bolsos negros repletos, muy seguramente de joyas, saltaron desde dentro de la joyeria cayendo a unos tres metros de los marines.
— No puede ser… —dijo Ryu al ver a aquellas dos figuras, reconociéndolas casi de inmediato— Cooperstein. Drift. No puedo darles detalles pero… A partir de aquí no cometan absolutamente ninguna tontería. Esos son Henry “El hombre de los 100 rostros” y Luisito Fernandez. Ambos criminales buscados por actos violentos, robos y asesinatos —dijo casi susurrando.
Los dos hombres tenían físicos muy distintos, Luisito Fernandez un hombre grande y corpulento con una máscara de lucha libre y unos guanteletes parecidos a los usados por los boxeadores. El otro era Henry, un enmascarado delgado, que aunque pareciera mas fragil, era el que daba mas miedo.
— Oye, Henry. Mira la basura que alguien dejo tirada en el suelo. Kapapapapa —dijo Luisito al ver a los tres marines tirados en el piso.
— Vaya, vaya. Seguramente son espectadores VIP que vienen a ser testigos del nacimiento de los Piratas Manhattan. Pero lamento decir que no hay tiempo para autógrafos. Nuestro barco nos espera queridos —dijo con voz juguetona el enmascarado llamado Henry, mientras tras de él la joyería se incendiaba cada vez más.
Ryu se levantó con dificultad, con un poco de sangre en su uniforme debido a los vidrios. Mientras que Max estaba perplejo en el piso.
— Mas les vale rendirse ahora. De lo contrario nos veremos obligados a usar la fuerza —les dijo Ryu mientras metía su mano en el porta shurikens que tenía en su espalda—. Suelten lo que llevan en sus manos.
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