12-05-2025, 10:40 PM
Por la expresión en su rostro, las palabras que dije sobre Yamamura para animarle, que fueron bastante escuetas, sirvieron para en su rostro aflorase una sonrisa de satisfacción y se tranquilizase. Aunque realmente lo creía, que había también la posibilidad de que hubiese pasado algo terrible o, simplemente que las circunstancias se complicasen y nuestros caminos tardasen en cruzarse de nuevo. Ojalá no fuese el caso, pero era imposible saber que nos depararía el futuro, así que no estaba satisfecha con haber contribuido a crearle, ilusiones o falsas esperanzas. Sin embargo, en estos momentos de incertidumbre la esperanza podía ser un valioso salvavidas. Más adelante, cuando obtuviésemos la suficiente información, ya podríamos organizarnos y pensar de manera realista en este problema. Por el momento, solo podíamos esperar.
Kenzo no tomó en cuenta mi sugerencia de descansar y continuó lanzando puñetazos al aire. No parecía especialmente exhausto, pero por el sudor de su cuerpo se podría apreciar que llevaba un buen rato entrenando que podría no tardar en agotarse, aunque parecía imposible y que su energía era infinita. No recordaba si con su edad. Yo era tan enérgica. Recordaba perfectamente en mis tardes de entrenamiento, mis mañanas de clases y estudio y, en general, todo el tiempo dedicado a fortalecer cuerpo y mente, pero no creía recordar que me lo tomase tan en serio como él. Si seguía así, pronto tendríamos un integrante en la banda al que nuestros rivales temerían. No insistí más en el tema. Si quería entrenar hasta caer rendido en el suelo que lo hiciese. No había nadie mejor que él mismo para llevar su cuerpo al límite y explorar su tope, hasta dónde era capaz de llegar.
Ignoré que volvió a llamarme vieja escuchar su breve pero triste historia. Tal y como imaginaba, no tenía familia. Ni siquiera recordaba a su madre y era una lástima, porque parecía una de las buenas, no como la mía. Por lo visto, después de vivir como un niño huérfano en las calles de su isla natal, un hombre se apiadó de él y le cuidó y entrenó. Con la cantidad de personas desalmadas que había en el mundo, existía la posibilidad de que alguien hubiese querido aprovecharse de él o explotarle, pero no parecía ser el caso. Por su carácter enérgico y alegre y, sobre todo, por las palabras que le dedicó a ese tal viejo Kumatetsu, parecía que se había encargado bien de él. Inmediatamente después de reír al recordar a este hombre, me preguntó por mi familia. Había hablado de ello con Sasha y Garnet, pero no con Kenzo. No lo consideraba importante, pero tampoco me importaba hablar de ello. —Claro que tengo familia, pero mejor si no nos cruzamos con ellos. ¡AAARRAARRAAAHA! —reí al imaginarme la escena. Seguramente si eso llegase a suceder acabaríamos todos muy mal parados. —No tengo padre, pero mi madre es marine y mi hermano un pirata. Ambos son temibles y no me tienen mucho aprecio, así que si nos cruzamos con ellos más nos vale estar preparados para darles una paliza. Por cómo estás entrenando imagino que dentro de poco podrás hacerles frente y protegerme si vienen a por mí —dije para animarle a continuar entrenando. Realmente no necesitaba a nadie para cuidarme y tampoco quería implicarles en mis problemas, pero esperaba que estas palabras sirviesen para que no dejase de esforzarse. —Oye, ¿y qué pasó con Kumatetsu? ¿Sabe en el lío en el que te has metido?
Kenzo no tomó en cuenta mi sugerencia de descansar y continuó lanzando puñetazos al aire. No parecía especialmente exhausto, pero por el sudor de su cuerpo se podría apreciar que llevaba un buen rato entrenando que podría no tardar en agotarse, aunque parecía imposible y que su energía era infinita. No recordaba si con su edad. Yo era tan enérgica. Recordaba perfectamente en mis tardes de entrenamiento, mis mañanas de clases y estudio y, en general, todo el tiempo dedicado a fortalecer cuerpo y mente, pero no creía recordar que me lo tomase tan en serio como él. Si seguía así, pronto tendríamos un integrante en la banda al que nuestros rivales temerían. No insistí más en el tema. Si quería entrenar hasta caer rendido en el suelo que lo hiciese. No había nadie mejor que él mismo para llevar su cuerpo al límite y explorar su tope, hasta dónde era capaz de llegar.
Ignoré que volvió a llamarme vieja escuchar su breve pero triste historia. Tal y como imaginaba, no tenía familia. Ni siquiera recordaba a su madre y era una lástima, porque parecía una de las buenas, no como la mía. Por lo visto, después de vivir como un niño huérfano en las calles de su isla natal, un hombre se apiadó de él y le cuidó y entrenó. Con la cantidad de personas desalmadas que había en el mundo, existía la posibilidad de que alguien hubiese querido aprovecharse de él o explotarle, pero no parecía ser el caso. Por su carácter enérgico y alegre y, sobre todo, por las palabras que le dedicó a ese tal viejo Kumatetsu, parecía que se había encargado bien de él. Inmediatamente después de reír al recordar a este hombre, me preguntó por mi familia. Había hablado de ello con Sasha y Garnet, pero no con Kenzo. No lo consideraba importante, pero tampoco me importaba hablar de ello. —Claro que tengo familia, pero mejor si no nos cruzamos con ellos. ¡AAARRAARRAAAHA! —reí al imaginarme la escena. Seguramente si eso llegase a suceder acabaríamos todos muy mal parados. —No tengo padre, pero mi madre es marine y mi hermano un pirata. Ambos son temibles y no me tienen mucho aprecio, así que si nos cruzamos con ellos más nos vale estar preparados para darles una paliza. Por cómo estás entrenando imagino que dentro de poco podrás hacerles frente y protegerme si vienen a por mí —dije para animarle a continuar entrenando. Realmente no necesitaba a nadie para cuidarme y tampoco quería implicarles en mis problemas, pero esperaba que estas palabras sirviesen para que no dejase de esforzarse. —Oye, ¿y qué pasó con Kumatetsu? ¿Sabe en el lío en el que te has metido?
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