12-05-2025, 05:16 PM
La resolución de Zorak, y la piedad y temple que demostraba al decirme que él se mancharía las manos por mi hasta que estuviera preparado me hicieron sentir un escalofrío, ¿Llegaría ese momento? ¿El momento en el que estaría preparado para tomar una vida y extinguirla?, ¿En un momento crítico podría? Eran incógnitas que me hacían estremecer, me encogía el alma tener que pensar siquiera en ello, y las palabras siguientes de Zorak cayeron como un ladrillo perfectamente medido en la pirámide de dudas que se estaba construyendo en mi corazón. — Yo… No creo que sea capaz, oink. — dije, entrecortado, mientras Zorak volvía a vestirse. — No sé cómo pasaste de tener mi punto de vista a tener el que tienes ahora, pero puedo ver que no ha sido un camino de rosas, pero yo quiero mantenerlo. Quiero ser alguien que pueda inspirar en los demás algo más que miedo, no quiero que un soldado marine me vea y tema por su vida, quiero que me vea y piense que mis actos se corresponden con mi lucha. — confesé, y era la verdad más visceral, poder convencer a tu enemigo de que, por diferentes que sean los medios, se quiere un final verdaderamente bueno para todos era la mayor demostración de la fuerza de los ideales que se podía hacer.
Sin embargo Zorak insistía en que no era el caso, poniendo un ejemplo personal, él y un tal Apolo Bahía, un soldado marine que había sido pareja de la hermana de Zorak, la cual ahora estaba muerta, — Siento escuchar lo de tu hermana. — espeté, tragando saliva por la dura declaración de mi mariscal, pero su historia y su filosofía seguían sin penetrar mi grueso y duro cráneo porcino, por más que intentase decir que era cuestión de matar o morir, no podía estar de acuerdo con eso. — Entiendo que somos parte de algo más grande que nosotros mismos ahora, pero creo que confunde la ira del pueblo oprimido con sus gritos de ayuda. La gente que sufre no quiere dejar de hacerlo por un asesinato de quien esté en el poder, quieren que la gente con poder no abuse de él. Lo siento, pero a las suplicas del pueblo no acudirá, por mi parte, un dragón vengativo. Yo seré el dragón de la clemencia y el perdón. — finalicé, con las rodillas en el suelo, esa era mi determinación, así debía saberlo mi mariscal, pues no aceptaría de él una orden de matar.
