04-05-2025, 11:21 PM
Casi sin darme cuenta, aquella mujer se movió tan rápido que lo único que pude seguir fue el leve rastro que dejaba al agarrar a Sasha del cogote. Me recordó a los movimientos de aquel trilero que me estafó mis nueces con un burdo truco de manos en Isla Elíseo. Todavía recuerdo la impotencia al ver que la bolita no estaba debajo del vaso que yo había señalado. Aún estoy convencida de que se la escondió bajo la manga, el muy rata. Cuando me quise dar cuenta, Garnet cayó contra el suelo y, sin darme tiempo a pestañear, le siguió Tobías. Los dos se desplomaron en un instante que ni siquiera pude ver con claridad.
Vale que los dos ya venían heridos de antes, pero, aunque me costara reconocerlo, la velocidad de aquella individua estaba por encima de mis capacidades. No sé si podría decir lo mismo estando en una carrera de sacos —en las que, por cierto, era bicampeona— pero había que reconocer que era muy hábil. Yo tenía la pistola a tan solo un movimiento de muñeca y con balas de sobra como para dejar ciego a un bizco, pero no tenía ningún sentido sacarla si solo iba a empeorar las cosas. Poco podría hacer por todos si yo también caía inconsciente de uno de esos golpes.
El por qué seguía empeñada en hablar con Sasha era todo un misterio y, tras responderle con su edad, se mostró interesada por saber más cosas acerca de su madre. Cuando la mujer mencionó que no quería que más moscas le molestasen, miré a nuestro alrededor. —¿Moscas? ¿Dónde? Inconscientemente, busqué rápidamente con la mirada por si veía alguno de esos ricos insectos por el barco, pero no había nada. Desde que yo me encargaba del control de plagas —puesto autoasignado y muy bien llevado—, apenas nos rondaban los bichos. Mientras tanto, Sasha empezó a soltarle cosas sobre su familia. Pensándolo bien, yo tampoco sabía nada de su pasado ni le había preguntado nunca, así que puse la oreja y escuché con atención lo que le contó. Me sorprendió la voluntad de aquella muchacha, que aún estando en la situación en la que que estaba, tenía la fuerza de seguir plantándole cara.
Ojalá eso bastara. Ojalá, como dijo Triana, se largase por donde había venido. Porque en cuanto se largara, podríamos correr a ver si Garnet y Tobías estaban bien. No quería tener que imaginarme el peor de los casos. Esa mujer hacía que se me pusiera el pellejo de punta.
Vale que los dos ya venían heridos de antes, pero, aunque me costara reconocerlo, la velocidad de aquella individua estaba por encima de mis capacidades. No sé si podría decir lo mismo estando en una carrera de sacos —en las que, por cierto, era bicampeona— pero había que reconocer que era muy hábil. Yo tenía la pistola a tan solo un movimiento de muñeca y con balas de sobra como para dejar ciego a un bizco, pero no tenía ningún sentido sacarla si solo iba a empeorar las cosas. Poco podría hacer por todos si yo también caía inconsciente de uno de esos golpes.
El por qué seguía empeñada en hablar con Sasha era todo un misterio y, tras responderle con su edad, se mostró interesada por saber más cosas acerca de su madre. Cuando la mujer mencionó que no quería que más moscas le molestasen, miré a nuestro alrededor. —¿Moscas? ¿Dónde? Inconscientemente, busqué rápidamente con la mirada por si veía alguno de esos ricos insectos por el barco, pero no había nada. Desde que yo me encargaba del control de plagas —puesto autoasignado y muy bien llevado—, apenas nos rondaban los bichos. Mientras tanto, Sasha empezó a soltarle cosas sobre su familia. Pensándolo bien, yo tampoco sabía nada de su pasado ni le había preguntado nunca, así que puse la oreja y escuché con atención lo que le contó. Me sorprendió la voluntad de aquella muchacha, que aún estando en la situación en la que que estaba, tenía la fuerza de seguir plantándole cara.
Ojalá eso bastara. Ojalá, como dijo Triana, se largase por donde había venido. Porque en cuanto se largara, podríamos correr a ver si Garnet y Tobías estaban bien. No quería tener que imaginarme el peor de los casos. Esa mujer hacía que se me pusiera el pellejo de punta.
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