04-05-2025, 11:05 AM
Cuando pensaba que el golpe de Garnet había sido el punto final, una contundente declaración de superioridad, el pistoletazo que pondría fin al incidente antes de que se convirtiera en un conflicto mayor, la realidad me abofeteó con violencia. Lo que vi a continuación me dejó helado. La intrusa, con un parche cubriéndole el ojo derecho giró con una fluidez letal, como si cada músculo de su cuerpo supiera perfectamente cuándo y cómo moverse. La patada que lanzó fue tan rápida que apenas si mis ojos pudieron seguirla. Un golpe seco, preciso, brutal. Garnet, nuestro bastión, la bestia indomable de los Alas Negras, cayó de espaldas como si le hubieran arrebatado el alma. Quedó inerte en el suelo, su cuerpo pesado vibrando levemente contra la cubierta del barco por el impacto. Un silencio incómodo se extendió como una sombra, arrancándome el aliento. Mi primera reacción fue quedarme quieto. No por parálisis, no por cobardía… sino por la cruda y fría comprensión de lo que acababa de pasar. Garnet no era fácil de vencer. De hecho, muchos lo habían intentado y habían terminado con más huesos rotos que dientes en la boca. Y esa mujer lo había tumbado de una sola patada, como si aplastara una lata vacía. Me sentí expuesto, como si, de pronto, estuviera desnudo frente a una tormenta que no comprendía. Si ella había podido leer y contrarrestar los movimientos de Garnet con tanta facilidad… ¿Qué diablos iba a poder hacer yo?
Acto seguido, sin siquiera detenerse a saborear la victoria sobre Garnet, la intrusa se giró con una naturalidad que me resultó escalofriante. No había prisa en sus movimientos, pero sí una decisión absoluta, como si todo ya estuviera predicho, como si cada paso suyo fuera parte de un guion que solo ella conocía. Su mirada, la única visible, de un tono que no sabría describir con palabras, entre frío metal y fuego viejo, se posó en Tobías. Él apenas tuvo tiempo de reaccionar. Bastó un movimiento, una ráfaga de sombra y fuerza. Un instante. Tobías cayó al suelo como un muñeco roto, su cuerpo golpeando la madera con un sonido seco y hueco que me erizó la piel. Me quedé helado. Fue como ver un castillo de cartas derrumbarse por un suspiro. Todo pasó tan rápido que sentí que el tiempo se había roto. Mis pensamientos se agolpaban sin orden, como hojas arrastradas por un vendaval. Una parte de mí quería gritar, otra quería correr hacia Tobías y comprobar si respiraba, otra —la más impulsiva, la más Kenzo— quería lanzarse de frente contra ella, sin pensar, sin calcular. Pero por primera vez… me sentí fuera de lugar. Pequeño. Irrelevante. En cualquier otra ocasión, me habría arrojado al combate con una sonrisa temeraria, como si el peligro no fuera más que una parte del juego. Pero esto era distinto. Garnet había caído. Tobías también. Dos pilares, dos fuerzas de los Alas Negras, derribados como si fueran paja en una tormenta. ¿Y yo? ¿Qué podía hacer yo? ¿Realmente creía que tenía alguna oportunidad? ¿Y con esta mierda de poder quería yo salir en busca de Yojimbo? ¡Era un completo inutil! Mis puños estaban apretados. Sentía el cosquilleo del licor surgiendo en mi interior, ardiente y ansioso. Pero por más que mi cuerpo gritara pelea, mi mente titubeaba.
Después de aquello, la escena dio un vuelco tan extraño como inquietante. La mujer, a la que a estas alturas no sabía si llamarla enemiga, bestia o simplemente fuerza de la naturaleza— se giró hacia Sasha, y con una facilidad que dolía mirar, la obligó a colocarse a cuatro patas, como si con ese gesto simbólico quisiera dejar claro quién dominaba la situación. Me pareció una imagen dura, casi humillante, y por un momento me quemó algo dentro del pecho. Pero Sasha… Sasha no gritó, no se quebró. La vi mantener la compostura dentro de lo posible, incluso cuando la mujer comenzó a interrogarla. Su tono no era agresivo, no al menos de forma evidente, pero sí tenía algo en la voz que perforaba, como una aguja que no corta, pero hiere. Le preguntaba sobre sus orígenes, sobre cosas que claramente importaban más de lo que parecía. Sasha le respondía como podía, con la voz entrecortada, pero firme. Me resultaba difícil saber si estaba asustada o simplemente confundida, pero su mirada me decía que intentaba aguantar el tipo. Aún así, no dejaba de ser grotesco. Ella, nuestra nakama, la fuerte Sasha, en esa posición tan vulnerable mientras aquella desconocida hablaba como si fuera la dueña del lugar. Y yo… yo solo miraba. Mis manos seguían tensas, el calor del alcohol seguía acumulándose en mi interior, pero no se traducía en acción. Había algo paralizante en todo aquello, no como un hechizo, sino como una incertidumbre pesada, que me ataba al suelo y me hacía dudar de cada movimiento. ¿Debía intervenir? ¿Podía hacerlo siquiera? Sentía que cualquier paso en falso haría estallar una tormenta que aún no entendía. Así que observé, impotente, atrapado entre el deseo de actuar y el miedo de hacerlo mal.
Acto seguido, sin siquiera detenerse a saborear la victoria sobre Garnet, la intrusa se giró con una naturalidad que me resultó escalofriante. No había prisa en sus movimientos, pero sí una decisión absoluta, como si todo ya estuviera predicho, como si cada paso suyo fuera parte de un guion que solo ella conocía. Su mirada, la única visible, de un tono que no sabría describir con palabras, entre frío metal y fuego viejo, se posó en Tobías. Él apenas tuvo tiempo de reaccionar. Bastó un movimiento, una ráfaga de sombra y fuerza. Un instante. Tobías cayó al suelo como un muñeco roto, su cuerpo golpeando la madera con un sonido seco y hueco que me erizó la piel. Me quedé helado. Fue como ver un castillo de cartas derrumbarse por un suspiro. Todo pasó tan rápido que sentí que el tiempo se había roto. Mis pensamientos se agolpaban sin orden, como hojas arrastradas por un vendaval. Una parte de mí quería gritar, otra quería correr hacia Tobías y comprobar si respiraba, otra —la más impulsiva, la más Kenzo— quería lanzarse de frente contra ella, sin pensar, sin calcular. Pero por primera vez… me sentí fuera de lugar. Pequeño. Irrelevante. En cualquier otra ocasión, me habría arrojado al combate con una sonrisa temeraria, como si el peligro no fuera más que una parte del juego. Pero esto era distinto. Garnet había caído. Tobías también. Dos pilares, dos fuerzas de los Alas Negras, derribados como si fueran paja en una tormenta. ¿Y yo? ¿Qué podía hacer yo? ¿Realmente creía que tenía alguna oportunidad? ¿Y con esta mierda de poder quería yo salir en busca de Yojimbo? ¡Era un completo inutil! Mis puños estaban apretados. Sentía el cosquilleo del licor surgiendo en mi interior, ardiente y ansioso. Pero por más que mi cuerpo gritara pelea, mi mente titubeaba.
Después de aquello, la escena dio un vuelco tan extraño como inquietante. La mujer, a la que a estas alturas no sabía si llamarla enemiga, bestia o simplemente fuerza de la naturaleza— se giró hacia Sasha, y con una facilidad que dolía mirar, la obligó a colocarse a cuatro patas, como si con ese gesto simbólico quisiera dejar claro quién dominaba la situación. Me pareció una imagen dura, casi humillante, y por un momento me quemó algo dentro del pecho. Pero Sasha… Sasha no gritó, no se quebró. La vi mantener la compostura dentro de lo posible, incluso cuando la mujer comenzó a interrogarla. Su tono no era agresivo, no al menos de forma evidente, pero sí tenía algo en la voz que perforaba, como una aguja que no corta, pero hiere. Le preguntaba sobre sus orígenes, sobre cosas que claramente importaban más de lo que parecía. Sasha le respondía como podía, con la voz entrecortada, pero firme. Me resultaba difícil saber si estaba asustada o simplemente confundida, pero su mirada me decía que intentaba aguantar el tipo. Aún así, no dejaba de ser grotesco. Ella, nuestra nakama, la fuerte Sasha, en esa posición tan vulnerable mientras aquella desconocida hablaba como si fuera la dueña del lugar. Y yo… yo solo miraba. Mis manos seguían tensas, el calor del alcohol seguía acumulándose en mi interior, pero no se traducía en acción. Había algo paralizante en todo aquello, no como un hechizo, sino como una incertidumbre pesada, que me ataba al suelo y me hacía dudar de cada movimiento. ¿Debía intervenir? ¿Podía hacerlo siquiera? Sentía que cualquier paso en falso haría estallar una tormenta que aún no entendía. Así que observé, impotente, atrapado entre el deseo de actuar y el miedo de hacerlo mal.
INFO
![[Imagen: oSgdXs8.png]](https://imgur.com/oSgdXs8.png)
Alas Negras
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