02-05-2025, 09:45 PM
En ese momento me temblaban las manos...
El grito de dolor de Sohem y su pecho taquicardico es lo que pude ver antes de centrarme por completo en él. Vi como la herida era totalmente irregular, como aquel Yonko había volado el brazo por los aires y lo peor que no había ninguna forma material en esos momentos de poder parar esa hemorragia. Hasta que vi su carne quemada... El muy terco habia sido capaz de cerrarse parcialmente la herida para que dejara de perder sangre.. El olor era nauseabundo... Su brazo humeante... y lo peor es que después de aquello pensaba que no se iba a mover más. No he conocido a nadie con tanta voluntad y testarudez en la vida como la de nuestro jefe.
Entonces fue cuando Viktor... hasta el momento no me había fijado en el, pero estaba diferente, no era el mismo, estaba literalmente exhausto, deshecho, con la mirada perdida, esperando una nana para quedarse dormido. - Pero que les ha pasado a estos dos. - Pensé, mientras nos daba espacio para que pudiera trabajar de forma cómoda, en cierta manera me recordó por primera vez a mí, sujetando su espada como aquel niño que protege a su padre de un monstruo. Eso era lealtad y en cierta manera fraternidad.
Mi respiración era errática y mi pulso era inestable, culpable, mis piernas temblaban, culpable. El jefe libero todo aquel haki del conquistador, a pesar de cada vez que lo saca de paseo me acostumbro un poco más, pero eso no quita que me siga recorriendo el cuerpo como un bisturí abriéndome desde el trasero hasta la cabeza.
Me arrodilla justo cuando llegue a donde Sohem, la herida estaba parcialmente cerrada, pero no lo suficiente, el poder de su fruta le había salvado de morir desangrado, pero cada vez estaba más al límite, la sangre de aquella especie de muñón, me salpicaba en las gafas y mi gabardina blanca estaba tornándose roja. Abrí el abrigo en dos y saque mi botiquín de emergencia, este era literalmente mucho más pequeño, pero solamente valía para situaciones límite. Saque dos inyectables, el primero de ellos un compuesto hecho a base de drogas anestésicas y en cierta manera relajantes, lo que permitirá en un periodo muy corto de tiempo adormecer parcialmente la zona herida. Una especie de morfina. Con un movimiento le quité el abrigo militar que llevaba, dejándole expuesto la totalidad del muñón y la zona de la espalda. Cogí el vial y se lo clavé detrás de la clavícula. - Esta ha sido la primera banderilla y esta no duele. - Le dije en un tono sarcástico. El inyectable empezó a bombearse hacia el interior de su cuerpo. - Te dará tiempo para que puedas aguantar.
Volví a abrir mi gabardina y saque esta vez el segundo inyectable, una jeringa de un tamaño mayor y una aguja de un grosor considerable. Y ya había perdido demasiado tiempo. - No me odies por esto Jefe, a la de tres voy. - Susurre mientras hacía uno de los giros aprendidos por Vik en los entrenamientos, con una precisión milimétrica. Le atravesé el pecho con aquella jeringa a la altura de su corazón. -! TRES¡ -La adrenalina comenzó a fluir. Su respiración se agitó y noté como todo su cuerpo se tensó. - Trabajo hecho. - Retiré la jeringa y con un movimiento la lancé hacia la nada y me aparté dando un paso hacia atrás.
Mire a esa especie de abominación, no me sorprendí, para llegar tan alto en la marina, desde luego hay que tener poder si y desde luego parece que aún le queda para llegar a la capacidad de Gukuro...
El grito de dolor de Sohem y su pecho taquicardico es lo que pude ver antes de centrarme por completo en él. Vi como la herida era totalmente irregular, como aquel Yonko había volado el brazo por los aires y lo peor que no había ninguna forma material en esos momentos de poder parar esa hemorragia. Hasta que vi su carne quemada... El muy terco habia sido capaz de cerrarse parcialmente la herida para que dejara de perder sangre.. El olor era nauseabundo... Su brazo humeante... y lo peor es que después de aquello pensaba que no se iba a mover más. No he conocido a nadie con tanta voluntad y testarudez en la vida como la de nuestro jefe.
Entonces fue cuando Viktor... hasta el momento no me había fijado en el, pero estaba diferente, no era el mismo, estaba literalmente exhausto, deshecho, con la mirada perdida, esperando una nana para quedarse dormido. - Pero que les ha pasado a estos dos. - Pensé, mientras nos daba espacio para que pudiera trabajar de forma cómoda, en cierta manera me recordó por primera vez a mí, sujetando su espada como aquel niño que protege a su padre de un monstruo. Eso era lealtad y en cierta manera fraternidad.
Mi respiración era errática y mi pulso era inestable, culpable, mis piernas temblaban, culpable. El jefe libero todo aquel haki del conquistador, a pesar de cada vez que lo saca de paseo me acostumbro un poco más, pero eso no quita que me siga recorriendo el cuerpo como un bisturí abriéndome desde el trasero hasta la cabeza.
Me arrodilla justo cuando llegue a donde Sohem, la herida estaba parcialmente cerrada, pero no lo suficiente, el poder de su fruta le había salvado de morir desangrado, pero cada vez estaba más al límite, la sangre de aquella especie de muñón, me salpicaba en las gafas y mi gabardina blanca estaba tornándose roja. Abrí el abrigo en dos y saque mi botiquín de emergencia, este era literalmente mucho más pequeño, pero solamente valía para situaciones límite. Saque dos inyectables, el primero de ellos un compuesto hecho a base de drogas anestésicas y en cierta manera relajantes, lo que permitirá en un periodo muy corto de tiempo adormecer parcialmente la zona herida. Una especie de morfina. Con un movimiento le quité el abrigo militar que llevaba, dejándole expuesto la totalidad del muñón y la zona de la espalda. Cogí el vial y se lo clavé detrás de la clavícula. - Esta ha sido la primera banderilla y esta no duele. - Le dije en un tono sarcástico. El inyectable empezó a bombearse hacia el interior de su cuerpo. - Te dará tiempo para que puedas aguantar.
Volví a abrir mi gabardina y saque esta vez el segundo inyectable, una jeringa de un tamaño mayor y una aguja de un grosor considerable. Y ya había perdido demasiado tiempo. - No me odies por esto Jefe, a la de tres voy. - Susurre mientras hacía uno de los giros aprendidos por Vik en los entrenamientos, con una precisión milimétrica. Le atravesé el pecho con aquella jeringa a la altura de su corazón. -! TRES¡ -La adrenalina comenzó a fluir. Su respiración se agitó y noté como todo su cuerpo se tensó. - Trabajo hecho. - Retiré la jeringa y con un movimiento la lancé hacia la nada y me aparté dando un paso hacia atrás.
Mire a esa especie de abominación, no me sorprendí, para llegar tan alto en la marina, desde luego hay que tener poder si y desde luego parece que aún le queda para llegar a la capacidad de Gukuro...
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