01-05-2025, 01:56 AM
Respiré hondo, ya íbamos a salir de este infierno, la burbuja que recubría el barco se iba hinchando poco a poco, cada vez quedaba menos, yo solo tenía que sentarme y esperar, y con suerte tal vez en unos minutos saldríamos de allí. Rumbo a la isla Gyogin, no había oído hablar mucho de aquel lugar, pero debido a la redundancia del propio nombre suponía que ese lugar estaría habitado por gente de mi especie. Tal vez y solo tal vez, yo venía de aquel lugar, ya que aunque no me lo hubiese planteado nunca, alguien me tuvo que meter en aquel barril cuando era pequeño. Y otra vez, tal vez, y solo tal vez, allí encontraría respuestas.
Expiré hondo mientras los rallos de sol que pasaban a través de aquella capa de resina cegaban mis ojos. Sonreí, sin pensar en que de un momento a otro esa misma sensación que había sentido hace un rato volvió a calarse en mi piel. Ese aura, esa presencia, ¿El panda había vuelto? Aún le faltaba bastante dinero para recubrir su barco, y tal vez venía a por más.
Un escalofrío recorrió toda mi espalda mientras me levantaba y me giraba para intentar ver por encima de la barandilla del barco. Aunque para mi sorpresa el panda no estaba. No había… ¿Nadie? Si no había nadie ¿Quién estaba haciendo lo mismo que aquel mink hace unos momentos? Ya levantado observé a mis compañeros, todos parecían estar aterrorizados. Yo lo estaba también, debía admitirlo, pero el terror nunca me había achantado.
Casi trastabillando, debido a que mis heridas aún se resentían, me dirigí a las escaleras, me hice bolita y me precipité por ellas, dando vueltas a la par que caía por los escalones de una forma algo cómica para quien me viera. Debido a la inercia avancé unos centímetros para terminar tumbado de vientre sobre la madera del niebla de guerra habiendo dejando un reguero de sangre tras de mí, acabando en la cubierta cerca de los pies del capitán.
Levanté la mirada mientras trataba de reincorporarme usando mi arma como bastón. -¿Qué ventrescas pasa? -Dije mirándole fijamente mientras sabía que esto no era bueno. La burbuja parecía perder estabilidad y sentía la madera del barco crujir bajo mis pies. Desenvainé la katana aún sin saber bien lo que pasaba, hincando mi rodilla y mirando hacia todas direcciones esperando un ataque inminente.
-¿Esto lo está haciendo el panda de antes? No veo quién lo está haciendo pero quiero cortarle~gero. -Fue entonces cuando levanté la cabeza para darme cuenta de algo. Ashura también estaba en las últimas. No sabía contra qué o quién se había enfrentado pero sangraba muchísimo, y su piel se palidecía a cada segundo. Estaba perdiendo demasiada sangre pero pese a ello su determinación y presencia no disminuía, el tío seguía intimidando a cualquiera que cruzara su mirada con él.
Pese a ello con mi katana desenvainada y una rodilla aún hincada en la madera de la nave no perdí mi determinación. Observé el resto de barcos que teníamos cerca, sin saber muy bien donde enfocar la mirada. -Da igual lo que me cueste, da igual si pierdo otra extremidad en el intento, pero pienso hacer todo lo que esté en mi mano para salir con vida de este infierno. Así que dime demonio de humo. ¿Qué puedo hacer para serte útil? Úsame como arma, pero sobreviviré hasta haber logrado mi sueño y asegurarme que Quetzalli está bien~gero. -Pese a la debilidad de mi cuerpo mis ojos amarillos brillaban en determinación. Sabía que me estaba tirando un farol, apenas podía mantenerme en pie y debido a las heridas el resto de mis compañeros tampoco. Pero no iba a irme de este mundo sin tratar de proteger lo que me importa. Apreté la empuñadura de “la escultora de marfil” con fuerza.
No quería que pensaran que fuera un inútil o alguien débil por el cual se tendrían que sacrificar por mi. No otra vez. Aún no me sentía parte de los mushoku como tal, pero esta tripulación me había aceptado y no pensaba quedarme atrás. Y pese a que me gustaran los grandes retos y pelear con gente fuerte, valorando la situación. Esa no era la mejor idea así que tan solo crucé los dedos esperando que nadie hiciera nada y todo esto fuese una falsa alarma, y lo más importante de todo. Que nuestra burbuja no explotara.
Expiré hondo mientras los rallos de sol que pasaban a través de aquella capa de resina cegaban mis ojos. Sonreí, sin pensar en que de un momento a otro esa misma sensación que había sentido hace un rato volvió a calarse en mi piel. Ese aura, esa presencia, ¿El panda había vuelto? Aún le faltaba bastante dinero para recubrir su barco, y tal vez venía a por más.
Un escalofrío recorrió toda mi espalda mientras me levantaba y me giraba para intentar ver por encima de la barandilla del barco. Aunque para mi sorpresa el panda no estaba. No había… ¿Nadie? Si no había nadie ¿Quién estaba haciendo lo mismo que aquel mink hace unos momentos? Ya levantado observé a mis compañeros, todos parecían estar aterrorizados. Yo lo estaba también, debía admitirlo, pero el terror nunca me había achantado.
Casi trastabillando, debido a que mis heridas aún se resentían, me dirigí a las escaleras, me hice bolita y me precipité por ellas, dando vueltas a la par que caía por los escalones de una forma algo cómica para quien me viera. Debido a la inercia avancé unos centímetros para terminar tumbado de vientre sobre la madera del niebla de guerra habiendo dejando un reguero de sangre tras de mí, acabando en la cubierta cerca de los pies del capitán.
Levanté la mirada mientras trataba de reincorporarme usando mi arma como bastón. -¿Qué ventrescas pasa? -Dije mirándole fijamente mientras sabía que esto no era bueno. La burbuja parecía perder estabilidad y sentía la madera del barco crujir bajo mis pies. Desenvainé la katana aún sin saber bien lo que pasaba, hincando mi rodilla y mirando hacia todas direcciones esperando un ataque inminente.
-¿Esto lo está haciendo el panda de antes? No veo quién lo está haciendo pero quiero cortarle~gero. -Fue entonces cuando levanté la cabeza para darme cuenta de algo. Ashura también estaba en las últimas. No sabía contra qué o quién se había enfrentado pero sangraba muchísimo, y su piel se palidecía a cada segundo. Estaba perdiendo demasiada sangre pero pese a ello su determinación y presencia no disminuía, el tío seguía intimidando a cualquiera que cruzara su mirada con él.
Pese a ello con mi katana desenvainada y una rodilla aún hincada en la madera de la nave no perdí mi determinación. Observé el resto de barcos que teníamos cerca, sin saber muy bien donde enfocar la mirada. -Da igual lo que me cueste, da igual si pierdo otra extremidad en el intento, pero pienso hacer todo lo que esté en mi mano para salir con vida de este infierno. Así que dime demonio de humo. ¿Qué puedo hacer para serte útil? Úsame como arma, pero sobreviviré hasta haber logrado mi sueño y asegurarme que Quetzalli está bien~gero. -Pese a la debilidad de mi cuerpo mis ojos amarillos brillaban en determinación. Sabía que me estaba tirando un farol, apenas podía mantenerme en pie y debido a las heridas el resto de mis compañeros tampoco. Pero no iba a irme de este mundo sin tratar de proteger lo que me importa. Apreté la empuñadura de “la escultora de marfil” con fuerza.
No quería que pensaran que fuera un inútil o alguien débil por el cual se tendrían que sacrificar por mi. No otra vez. Aún no me sentía parte de los mushoku como tal, pero esta tripulación me había aceptado y no pensaba quedarme atrás. Y pese a que me gustaran los grandes retos y pelear con gente fuerte, valorando la situación. Esa no era la mejor idea así que tan solo crucé los dedos esperando que nadie hiciera nada y todo esto fuese una falsa alarma, y lo más importante de todo. Que nuestra burbuja no explotara.
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