[PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho
#11
Mi puñetazo impactó de lleno, y durante un brevísimo instante creí haber ganado. Sentí mis nudillos hundirse contra su carne, un golpe seco y potente que buscaba arrastrarlo con todo el peso de mi cuerpo y estrellarlo contra el suelo. Quería tumbarlo, doblegarlo, someterlo como si fuese un bicho más de los que atrapaba con mis frascos. Pero no. Para mi sorpresa, y frustración inmediata, Garnet no cayó. Se tambaleó, sí, pero sus pies parecían raíces incrustadas en la tierra. Tenía un equilibrio brutal, antinatural, como si su cuerpo ya supiera cómo anticipar una embestida. Se mantuvo de pie, firme, clavando los talones como si se burlara de mi fuerza. Mis cejas se fruncieron, y los dientes me rechinaron. Mi brazo temblaba aún por el impacto, pero no por dolor… por rabia. Antes de que pudiera preparar el siguiente movimiento, algo me golpeó con la rapidez de una centella y la crudeza de una pesadilla. Un ataque directo, preciso… y cruel. Sentí un dolor visceral, absoluto, en mis partes otra vez. El mundo se apagó durante un segundo. No hubo colores, no hubo sonidos. Solo una punzada desgarradora que me dejó sin aliento y sin capacidad de reacción. Me doblé hacia adelante de forma automática, un gruñido escapó de mi garganta. El aire me faltaba, la vista me temblaba. Pero incluso en ese caos interno, en medio de la agonía que me atravesaba como una cuchilla, noté algo extraño: el ataque… había sido más lento de lo normal. ¿Fue una burla o el alcohol estaba haciendo efecto? No lo sabía, pero estaba dispuesto a descubrirlo.

Instintivamente, como si mi cuerpo supiera lo que necesitaba antes que mi mente pudiera ordenar algo, llevé la mano izquierda a mi entrepierna, buscando mitigar aunque fuera un ápice del dolor punzante que me atravesaba como un rayo traicionero. Apreté los dientes con tanta fuerza que pensé que me los partiría. No llegué a soltar un grito completo, pero lo ahogué a duras penas, convertido en un gruñido contenido, tembloroso, casi animal. Sentí cómo mis mejillas se encendían, no solo por la vergüenza del ataque, sino por la impotencia de no haberlo evitado. ¿Cómo era posible que me hubiera sorprendido de esa manera? ¿Cómo, con toda mi atención puesta en la pelea, no pude anticiparlo? Entonces Garnet habló, y aunque sus palabras eran sencillas, me tocaron más de lo que esperaba. Dijo que el golpe había dolido, con un tono entre burlón y sincero, y no pude evitar sentir cierto orgullo retorcido. Si hasta él reconocía el dolor, es que había sido efectivo. No era mucho, pero en medio del caos que sentía en mis tripas, cualquier pequeña victoria contaba. Luego, claro, no tardó en llamarme hipócrita, mencionando que después de haberme lanzado con todo ese discurso grandilocuente sobre el honor y el respeto al combate limpio, había terminado haciendo lo mismo que él. No lo dijo con rabia, más bien con ironía, pero el mensaje era claro. Aun así, no tenía pensado dejarle la última palabra. -Bueno, Garnet...- Le respondí, con la voz ronca por el dolor, pero cargada de descaro. -La verdad es que el alcohol estaba en el suelo y solo hice uso de él. ¿Qué quieres que le haga si tú no te diste cuenta?- Mi voz temblaba un poco, pero mantenía el tono desenfadado. Por dentro, me hervía algo más que el golpe: una mezcla extraña de rabia, orgullo herido y una risa que amenazaba con salir. Porque, joder, dolía… pero había sido un buen contraataque.

Sin perder más tiempo, Garnet me instó a terminar el combate, como si fuera él quien marcara el compás de esta sinfonía de golpes, pero yo ya no necesitaba permiso. El ardor persistente en mi entrepierna servía como recordatorio de que esto no era un simple juego. Era personal. No había espacio para titubeos ni para estrategias a medias. Mi cuerpo se tensó como un resorte a punto de estallar y, sin dudarlo, me lancé hacia él, cada fibra de mis músculos impulsándome con rabia contenida, con esa mezcla de dolor y determinación que solo se alcanza cuando te han humillado justo donde más duele. Avancé tan rápido como pude, tratando de convertirme en una sombra difícil de seguir. Zigzagueé de derecha a izquierda, cambiando mi trayectoria de manera errática, como un insecto escurridizo, impredecible, difícil de atrapar. Sentía el suelo vibrar bajo mis pies a cada paso, pero mi atención estaba completamente enfocada en su figura. Cada vez que me desplazaba hacia un lado, le lanzaba una mirada fugaz, esperando ver en sus ojos la menor señal de desconcierto, un indicio de que mis movimientos estaban funcionando, de que lo tenía, al fin, descolocado. Cuando por fin estuve lo suficientemente cerca, me impulsé con ambas piernas y salté hacia él con toda la agresividad que fui capaz de reunir. Elevé el puño derecho, sintiendo cómo la sangre bombeaba con violencia en mi antebrazo, y descargué el primer derechazo hacia su rostro. Sin darle tiempo a reaccionar, solté el segundo puñetazo justo después, sin cambiar la trayectoria, directo, rápido, brutal. No buscaba belleza en la ejecución, ni estilo en la forma: solo impacto, solo la certeza de que, aunque fuera una vez, mis nudillos se estrellaran contra su rostro. Aunque fuera una. Quería escuchar el crujido seco de la piel contra la piel, el jadeo contenido, el retroceso inevitable. Quería, necesitaba, golpearle. Y en ese instante, lo único que importaba era que ese golpe, al menos uno de ellos, alcanzara su objetivo.

INFO

[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1510 - 1150 = 360
Energia: 2242 + 21 = 2263
Espiritu: 546 + 0 = 546


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RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por Kenzo D. Fujiwara - 30-04-2025, 02:45 AM
RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por PX-2 - 14-05-2025, 12:40 PM

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