27-04-2025, 10:39 PM
Tras mi órdenes y mis instrucciones, la señorita Firebirth, el señor Fuguwu y el joven cazador de recompensas comenzaron a tratar mis heridas y curarme todos al unísono en una situación algo algo agobiante, en la que me agitaban, vendaban y toqueteaban las heridas mientras yo trataba de mantener el equilibrio y la emisión de mi viento constante. Noté como las cicatrices más profundas comenzaban a juntarse y cerrarse por si solas, como si el tiempo fuera hacia atrás en ellas... o más bien como si el proceso de regeneración natural de mi cuerpo se acelerase demasiado. Ese debía de ser el famoso poder del Ave Inmortal, el Fénix, una de las armas secretas de la Marina en el futuro... cuando estuviera pulida. Un poder magnífico.
Mientras estaba siendo asistido por partida triple, el líder del gremio de cazadores Magna dijo que iba a darle la bienvenida a aquel tipo... aunque lo llamó de una forma mucho más soez y grotesca, y posicionándose a mi lado lanzó con cada mano una bocanada de fuego hacia el torrente de viento, que se combinaron en una sola y avanzaron dentro del túnel eólico que había creado recorriendo la distancia que nos separaba de nuestro objetivo con celeridad e impactando en las velas de aquel navío comenzando a hacerlas arder. Mis cejas casi se arquearon con relativa sorpresa, mostrando una expresión confiable en el rostro, pero las heridas, el proceso de curación y el esfuerzo impidieron que así fuera. No obstante, habíamos cumplido un primer paso crucial... habíamos conseguido ponerle un problema a Odki del que preocuparse.
En ese momento y cuando las curas cesaron sobre mi, una gélida y refrescante sensación me invadió por completo terminando de aliviarme de manera sorpresiva. ¿Qué era eso?. Ahora estaba rodeado de un aura similar a la de uno de los presentes, el famoso espadachín de los cazadores, quien tenía una presencia algo más salvaje que antes aunque no pudiera girarme para verle. Eran versátiles y resolutivos, además de poseer unas presencias poderosas y prometedoras. Esa dupla podría conseguir grandes cosas en el futuro si lográbamos sobrevivir aquí.
Pero cuando iba a celebrar nuestro éxito, la motivación de quien espera impresionar a la jerarquía se hizo presente y el joven e inexperto señor Bahía decidió lanzar una técnica producida por su fruta de tipo logia. Arena — ¡No! — alcancé a gritar, pero fue tarde. La arena se disgregó por el torrente de aire, siguiendo el camino del fuego en lugar de mezclarse con él - lógico al haber salido más tarde - y fue lanzada con celeridad hacia el éxito ígneo que nos estaba dando la ventaja. Pensé con rapidez: Podría cortar el flujo de corriente del aire e impedir que la arena llegase al barco, pero aun no había conseguido que este frenase del todo. Tenía que elegir... apagar nuestro fuego y que el barco siguiera avanzando por inercia, o mantener el torrente de aire y terminar de frenarlo ahora que las velas ya estaban al menos dañadas. Pero si interrumpía Zabaglione tardaría un tiempo en poder volver a realizarla... y la verdad es que estaba exhausto. Así que opté por la segunda opción. Asumí el error de iniciativa de uno de los hombres a mi cargo como uno mío propio y mantuve mis esfuerzos en el plan inicial, que era frenar el barco por completo.
Tras impactar la arena, fruncí el ceño — ¡Sólo fuego! — grité, con el pelo arremolinado por el viento — ¡Todos los demás a cubierto! — añadí, con una sincronización macabra, pues como emulando una tormenta, el sonido de un gran trueno invadió todo el espacio y predijo una respuesta del Emperador, quien libre de tener que apagar las llamas de las velas de su barco estaba en posición de devolvernos el saludo, y lo hizo sin contenerse.
Oí el tiro al mismo tiempo que vi el carmesí brotar del brazo del hombre que estaba a mi lado y que había lanzado el fuego a mi técnica, exponiéndose por mi culpa. Y la sangre no anunciaba una herida común, pues el hecho de salir despedida de aquella forma no era si no porque le habían amputado el brazo a aquel hombre, de un tiro limpio. Su brazo derecho salía por los aires mientras mis ojos se habrían como platos, girando mi cabeza por un instante y sintiendo como su aura disminuía considerablemente, pero no desaparecía. Y para colmo, antes de poder reaccionar o pensar en reaccionar siquiera, un segundo disparo sonó y otra de las auras disminuyó por completo, esta vez la del joven logia a mis espaldas que flotaba por el cielo — ¡He dicho a cubierto! — grité de nuevo manteniendo mis esfuerzos en mi técnica, no dejándome llevar por mis sentimientos y entendiendo que todos aquí eran soldados dispuestos a pelear, y que si Odki no me había disparado a mi era porque quería jugar con nosotros. Y no podía darle mucho tiempo para seguir obrando sin represalias, así que iría con todo a darle un contrataque y algo en lo que enfocarse... tal y como intenté con el fuego en sus velas. Un problema mayor en su barco que no pudiera ignorar y nos diera un respiro para poder reorganizarnos. Y para no cometer errores, iría con absolutamente todo.
— A todas la unidades Patriota, ¡entren al túnel de viento! — grité manteniendo aquella ráfaga haciendo un esfuerzo sobrehumano, mientras los diez Patriotas que estaban tras de mi saltaban en orden de numeración de uno en uno a la corriente de Zabaglione y giraban sus turbinas de los tobillos, volando a a una velocidad que nunca hubieran imaginado... si es que esas cosas podían imaginarse algo. Cuando iban a estar justo frente el navío enemigo, corté el flujo del aire y dejé que el residuo de este terminase de empujarlos hasta estar frente a él, llevé la mano al botón exterior del auricular, activando mi comunicación con ellos — Ejecuten maniobra noventa — dije con un tono claro, calmado y tranquilo, viendo como tras desaparecer el impulso del viento cinco cuerpos se propulsaban a introducirse en el agua y los otros cinco quedaban volando frente al navío, empezando a acumular luz amarillenta y cegadora en sus posiciones, que hacía un dulce e hipnótico baile con destellos y brillos que surgían del suelo al unísono y se fundían en una hermosa vista casi boreal — Adesso dorme con i pesci... stronzo — susurré, casi por instinto, una frase que había escuchado decir a mi padre cuando era muy pequeño, ya sin pulsar el botón del comunicador, y entonces unas terribles explosiones e impactos se sucedieron una tras otra en la cubierta de "El Bravo" al mismo tiempo que otras lo hacían en el casco, bajo el agua. La maniobra noventa de los Patriotas era la de realizar un movimiento de pinza vertical sobre un navío y provocar su hundimiento disparando a la cubierta y al casco simultáneamente. Pocas tripulaciones podían defender ambas superficies, y aunque la tripulación de un Yonko podría ser una de esas tripulaciones, había que aprovechar ahora que mi Kenbunshoku no detectaba aun a los Arsenal en la cubierta junto con el Emperador, y tendría que dividirse las tareas para no hundirse.
Entonces giré sobre mi flanco, sin dar la espalda al Emperador y su barco pero mirando hacia mis compañeros — ¡Saquen al señor Burnedead de aquí y vayan a prestar auxilio al señor Bahía! — ordené, mirando al chiquillo joven de los del gremio Magna — Les ruego que terminen cuanto antes, por favor — añadí mirando a la señorita Firebirth, volviendo a mirar al frente para no perder ojo de la batalla, tocando de nuevo el botón exterior del auricular dos veces seguidas para poner el modo de visión de uno de los Patriotas y observar mejor la situación — ¡Le necesito aquí, Vicealmirante Joestar! — exclamé llamando a quien debía de ser mi mano derecha en estos momentos para que acudiese al frente. Teníamos que reorganizarnos con lo que teníamos... Entre el señor Joestar y yo, quizá con la ayuda del señor Evans - si es que estaba recíproco a ayudar después de haber casi abatido a su jefe - tendríamos que encarar la situación. Sólo esperaba poder recuperarme a tiempo y daba gracias de contar con los sanadores que tenía, pues sin ellos, esto habría acabado antes de empezar.
Mientras estaba siendo asistido por partida triple, el líder del gremio de cazadores Magna dijo que iba a darle la bienvenida a aquel tipo... aunque lo llamó de una forma mucho más soez y grotesca, y posicionándose a mi lado lanzó con cada mano una bocanada de fuego hacia el torrente de viento, que se combinaron en una sola y avanzaron dentro del túnel eólico que había creado recorriendo la distancia que nos separaba de nuestro objetivo con celeridad e impactando en las velas de aquel navío comenzando a hacerlas arder. Mis cejas casi se arquearon con relativa sorpresa, mostrando una expresión confiable en el rostro, pero las heridas, el proceso de curación y el esfuerzo impidieron que así fuera. No obstante, habíamos cumplido un primer paso crucial... habíamos conseguido ponerle un problema a Odki del que preocuparse.
En ese momento y cuando las curas cesaron sobre mi, una gélida y refrescante sensación me invadió por completo terminando de aliviarme de manera sorpresiva. ¿Qué era eso?. Ahora estaba rodeado de un aura similar a la de uno de los presentes, el famoso espadachín de los cazadores, quien tenía una presencia algo más salvaje que antes aunque no pudiera girarme para verle. Eran versátiles y resolutivos, además de poseer unas presencias poderosas y prometedoras. Esa dupla podría conseguir grandes cosas en el futuro si lográbamos sobrevivir aquí.
Pero cuando iba a celebrar nuestro éxito, la motivación de quien espera impresionar a la jerarquía se hizo presente y el joven e inexperto señor Bahía decidió lanzar una técnica producida por su fruta de tipo logia. Arena — ¡No! — alcancé a gritar, pero fue tarde. La arena se disgregó por el torrente de aire, siguiendo el camino del fuego en lugar de mezclarse con él - lógico al haber salido más tarde - y fue lanzada con celeridad hacia el éxito ígneo que nos estaba dando la ventaja. Pensé con rapidez: Podría cortar el flujo de corriente del aire e impedir que la arena llegase al barco, pero aun no había conseguido que este frenase del todo. Tenía que elegir... apagar nuestro fuego y que el barco siguiera avanzando por inercia, o mantener el torrente de aire y terminar de frenarlo ahora que las velas ya estaban al menos dañadas. Pero si interrumpía Zabaglione tardaría un tiempo en poder volver a realizarla... y la verdad es que estaba exhausto. Así que opté por la segunda opción. Asumí el error de iniciativa de uno de los hombres a mi cargo como uno mío propio y mantuve mis esfuerzos en el plan inicial, que era frenar el barco por completo.
Tras impactar la arena, fruncí el ceño — ¡Sólo fuego! — grité, con el pelo arremolinado por el viento — ¡Todos los demás a cubierto! — añadí, con una sincronización macabra, pues como emulando una tormenta, el sonido de un gran trueno invadió todo el espacio y predijo una respuesta del Emperador, quien libre de tener que apagar las llamas de las velas de su barco estaba en posición de devolvernos el saludo, y lo hizo sin contenerse.
Oí el tiro al mismo tiempo que vi el carmesí brotar del brazo del hombre que estaba a mi lado y que había lanzado el fuego a mi técnica, exponiéndose por mi culpa. Y la sangre no anunciaba una herida común, pues el hecho de salir despedida de aquella forma no era si no porque le habían amputado el brazo a aquel hombre, de un tiro limpio. Su brazo derecho salía por los aires mientras mis ojos se habrían como platos, girando mi cabeza por un instante y sintiendo como su aura disminuía considerablemente, pero no desaparecía. Y para colmo, antes de poder reaccionar o pensar en reaccionar siquiera, un segundo disparo sonó y otra de las auras disminuyó por completo, esta vez la del joven logia a mis espaldas que flotaba por el cielo — ¡He dicho a cubierto! — grité de nuevo manteniendo mis esfuerzos en mi técnica, no dejándome llevar por mis sentimientos y entendiendo que todos aquí eran soldados dispuestos a pelear, y que si Odki no me había disparado a mi era porque quería jugar con nosotros. Y no podía darle mucho tiempo para seguir obrando sin represalias, así que iría con todo a darle un contrataque y algo en lo que enfocarse... tal y como intenté con el fuego en sus velas. Un problema mayor en su barco que no pudiera ignorar y nos diera un respiro para poder reorganizarnos. Y para no cometer errores, iría con absolutamente todo.
— A todas la unidades Patriota, ¡entren al túnel de viento! — grité manteniendo aquella ráfaga haciendo un esfuerzo sobrehumano, mientras los diez Patriotas que estaban tras de mi saltaban en orden de numeración de uno en uno a la corriente de Zabaglione y giraban sus turbinas de los tobillos, volando a a una velocidad que nunca hubieran imaginado... si es que esas cosas podían imaginarse algo. Cuando iban a estar justo frente el navío enemigo, corté el flujo del aire y dejé que el residuo de este terminase de empujarlos hasta estar frente a él, llevé la mano al botón exterior del auricular, activando mi comunicación con ellos — Ejecuten maniobra noventa — dije con un tono claro, calmado y tranquilo, viendo como tras desaparecer el impulso del viento cinco cuerpos se propulsaban a introducirse en el agua y los otros cinco quedaban volando frente al navío, empezando a acumular luz amarillenta y cegadora en sus posiciones, que hacía un dulce e hipnótico baile con destellos y brillos que surgían del suelo al unísono y se fundían en una hermosa vista casi boreal — Adesso dorme con i pesci... stronzo — susurré, casi por instinto, una frase que había escuchado decir a mi padre cuando era muy pequeño, ya sin pulsar el botón del comunicador, y entonces unas terribles explosiones e impactos se sucedieron una tras otra en la cubierta de "El Bravo" al mismo tiempo que otras lo hacían en el casco, bajo el agua. La maniobra noventa de los Patriotas era la de realizar un movimiento de pinza vertical sobre un navío y provocar su hundimiento disparando a la cubierta y al casco simultáneamente. Pocas tripulaciones podían defender ambas superficies, y aunque la tripulación de un Yonko podría ser una de esas tripulaciones, había que aprovechar ahora que mi Kenbunshoku no detectaba aun a los Arsenal en la cubierta junto con el Emperador, y tendría que dividirse las tareas para no hundirse.
Entonces giré sobre mi flanco, sin dar la espalda al Emperador y su barco pero mirando hacia mis compañeros — ¡Saquen al señor Burnedead de aquí y vayan a prestar auxilio al señor Bahía! — ordené, mirando al chiquillo joven de los del gremio Magna — Les ruego que terminen cuanto antes, por favor — añadí mirando a la señorita Firebirth, volviendo a mirar al frente para no perder ojo de la batalla, tocando de nuevo el botón exterior del auricular dos veces seguidas para poner el modo de visión de uno de los Patriotas y observar mejor la situación — ¡Le necesito aquí, Vicealmirante Joestar! — exclamé llamando a quien debía de ser mi mano derecha en estos momentos para que acudiese al frente. Teníamos que reorganizarnos con lo que teníamos... Entre el señor Joestar y yo, quizá con la ayuda del señor Evans - si es que estaba recíproco a ayudar después de haber casi abatido a su jefe - tendríamos que encarar la situación. Sólo esperaba poder recuperarme a tiempo y daba gracias de contar con los sanadores que tenía, pues sin ellos, esto habría acabado antes de empezar.
Resumen
Curaciones
Bélico
Gastos
Inventario
