27-04-2025, 04:14 AM
Desde la barandilla del barco, observaba todo con una mezcla de alivio y expectación contenida. Los carpinteros, tras comprobar con detenimiento el contenido del cofre y constatar que todo el dinero que habíamos reunido estaba allí, aceptaron finalmente la propuesta de Sasha. Sin perder más tiempo, comenzaron a trabajar de inmediato, como hormigas diligentes que saben que la tormenta se acerca. Los vi desplegar herramientas, maderas y clavos, moviéndose con una rapidez precisa, casi coreografiada, que me impresionó más de lo que esperaba. Cada golpe de martillo, cada crujido de las tablas bajo sus botas, sonaba como un latido más del barco que pronto sería nuestro salvavidas. Me quedé en cubierta, atento, con los músculos ligeramente tensos, listo para saltar a ayudar si alguno de ellos lo requería. No era carpintero, ni mucho menos, pero mis manos eran fuertes y mi voluntad aún más. Sabía que, en momentos como este, cualquier par de brazos podía marcar la diferencia entre un barco que navegara y uno que se hundiera en medio de la primera corriente traicionera. Así que aguardé, como un perro guardián en silencio, recorriendo con la mirada cada movimiento, cada carga que subían a bordo, cada cuerda que amarraban con nudos expertos. La brisa marina me agitaba el cabello, impregnada del olor de la madera recién cortada y del sudor de los trabajadores. El sol, aunque parcialmente velado por las nubes bajas, aún lograba calentarme la espalda, aportando un leve confort a la tensión que se respiraba en el ambiente. Me obligué a mantener la calma, a no dejar que la impaciencia se adueñara de mí. Esto era parte del camino, parte de la vida pirata que siempre había soñado vivir. Era caótico e imprevisible, y eso realmente me fascinaba.
Me quedé quieto, mirando el horizonte mientras todo lo ocurrido pasaba por mi mente como una película enloquecida. Yojimbo capturado. Esa noticia resonó en mi cabeza como un eco constante, una pesadilla que se repetía sin cesar. No podía dejar de pensar en cómo todo había cambiado en cuestión de horas. Estábamos tan seguros de nuestra causa, tan listos para tomar lo que nos pertenecía, y de repente… todo se derrumbó. Después vino aquella discusión, el caos entre nosotros. ¿Qué hacíamos? ¿Luchábamos? ¿Huíamos? Todos teníamos diferentes opiniones, pero nadie realmente sabía lo que estaba pasando. La incertidumbre, como una nube negra, nos rodeó. Y entonces, el tornado. Como si el mundo mismo decidiera separarnos, el vórtice de viento nos arrancó de Triana, dejando un vacío palpable en el aire. Los golpes de los artesanos azotaban nuestro barco con furia, y lo único que pude hacer fue aferrarme con fuerza a cualquier cosa que tuviera cerca. Luego, el ataque de los marines. Aquellos bastardos no nos daban tregua. El enfrentamiento fue caótico, y lo peor fue el momento en que me enfrenté junto a Jolyne a aquella marine enana. No entendí qué me pasó. Y justo después, de repente, todo mi cuerpo se paralizó sin razón, como si un hechizo invisible me tuviera bajo su control. Estaba vulnerable, incapaz de moverme, y la sensación de impotencia me recorrió de pies a cabeza. Pero la peor parte fue la explosión. Ese sonido atronador que desgarra los oídos y el aire, esa onda expansiva que nos desbordó. La isla se sacudió, y con ella, todos nuestros planes. Nos vimos obligados a huir. Escapamos como ratas, sabiendo que la situación era insostenible. Reagruparnos fue lo único sensato que pudimos hacer. Todo eso pasó tan rápido, pero al mismo tiempo, fue como si el tiempo se hubiera alargado. La incertidumbre seguía siendo nuestra única compañía. ¿Qué nos esperaba después de todo esto? ¿Realmente íbamos a sobrevivir a lo que se venía?
Ahora que los pensamientos se asentaban en mi mente, me di cuenta de algo que hasta ese momento había dejado pasar: la explosión probablemente tenía que ver con el Emperador. Mi estómago dio un vuelco al pensar en ello. ¿Qué había pasado exactamente? ¿Qué clase de poder o desastre había traído consigo esa explosión tan masiva? Quería entenderlo, saber quién estaba detrás, pero también me di cuenta de que, al menos por ahora, no servía de nada preocuparme. Estábamos en medio de una huida, a punto de zarpar, y las respuestas tendrían que esperar. No podíamos darnos el lujo de quedarnos parados, analizando cada detalle. Mi mente se llenó de preguntas, pero de inmediato las aparté. El caos, la urgencia del momento, me hicieron enfocarme en lo que estaba frente a mí: zarpar. Nos estábamos yendo, y todo lo demás se difuminaba en la niebla de la incertidumbre. Pero aún así, la pregunta persistía. ¿Quién era ese Emperador? Todo eso flotaba en mi mente como una corriente de agua revuelta, pero tenía que mantenerme firme. No podía distraerme. Había cosas más importantes en juego ahora. La ansiedad me apretaba el pecho, y para sacudírmela, me giré hacia mis nakama, donde la actividad era frenética. Todos se movían, pero a un ritmo controlado. De repente, me detuve y lancé un grito hacia donde estaban Sasha y los demás. Mi voz salió fuerte, aunque con un toque de impaciencia. -¡Sasha! ¡Chicos! ¿Cuánto os queda? ¡Estoy preparado!- Mi tono era enérgico, cargado de adrenalina. Estaba listo para cualquier cosa, pero había algo más profundo en mi voz. Esa urgencia no solo provenía de la necesidad de zarpar, sino de la ansiedad que crecía en mi interior, de la incertidumbre de lo que nos esperaba fuera, de lo que sucedería si no nos apresurábamos. Lo único claro era que no podíamos quedarnos allí, a merced de lo que viniera.
Me quedé quieto, mirando el horizonte mientras todo lo ocurrido pasaba por mi mente como una película enloquecida. Yojimbo capturado. Esa noticia resonó en mi cabeza como un eco constante, una pesadilla que se repetía sin cesar. No podía dejar de pensar en cómo todo había cambiado en cuestión de horas. Estábamos tan seguros de nuestra causa, tan listos para tomar lo que nos pertenecía, y de repente… todo se derrumbó. Después vino aquella discusión, el caos entre nosotros. ¿Qué hacíamos? ¿Luchábamos? ¿Huíamos? Todos teníamos diferentes opiniones, pero nadie realmente sabía lo que estaba pasando. La incertidumbre, como una nube negra, nos rodeó. Y entonces, el tornado. Como si el mundo mismo decidiera separarnos, el vórtice de viento nos arrancó de Triana, dejando un vacío palpable en el aire. Los golpes de los artesanos azotaban nuestro barco con furia, y lo único que pude hacer fue aferrarme con fuerza a cualquier cosa que tuviera cerca. Luego, el ataque de los marines. Aquellos bastardos no nos daban tregua. El enfrentamiento fue caótico, y lo peor fue el momento en que me enfrenté junto a Jolyne a aquella marine enana. No entendí qué me pasó. Y justo después, de repente, todo mi cuerpo se paralizó sin razón, como si un hechizo invisible me tuviera bajo su control. Estaba vulnerable, incapaz de moverme, y la sensación de impotencia me recorrió de pies a cabeza. Pero la peor parte fue la explosión. Ese sonido atronador que desgarra los oídos y el aire, esa onda expansiva que nos desbordó. La isla se sacudió, y con ella, todos nuestros planes. Nos vimos obligados a huir. Escapamos como ratas, sabiendo que la situación era insostenible. Reagruparnos fue lo único sensato que pudimos hacer. Todo eso pasó tan rápido, pero al mismo tiempo, fue como si el tiempo se hubiera alargado. La incertidumbre seguía siendo nuestra única compañía. ¿Qué nos esperaba después de todo esto? ¿Realmente íbamos a sobrevivir a lo que se venía?
Ahora que los pensamientos se asentaban en mi mente, me di cuenta de algo que hasta ese momento había dejado pasar: la explosión probablemente tenía que ver con el Emperador. Mi estómago dio un vuelco al pensar en ello. ¿Qué había pasado exactamente? ¿Qué clase de poder o desastre había traído consigo esa explosión tan masiva? Quería entenderlo, saber quién estaba detrás, pero también me di cuenta de que, al menos por ahora, no servía de nada preocuparme. Estábamos en medio de una huida, a punto de zarpar, y las respuestas tendrían que esperar. No podíamos darnos el lujo de quedarnos parados, analizando cada detalle. Mi mente se llenó de preguntas, pero de inmediato las aparté. El caos, la urgencia del momento, me hicieron enfocarme en lo que estaba frente a mí: zarpar. Nos estábamos yendo, y todo lo demás se difuminaba en la niebla de la incertidumbre. Pero aún así, la pregunta persistía. ¿Quién era ese Emperador? Todo eso flotaba en mi mente como una corriente de agua revuelta, pero tenía que mantenerme firme. No podía distraerme. Había cosas más importantes en juego ahora. La ansiedad me apretaba el pecho, y para sacudírmela, me giré hacia mis nakama, donde la actividad era frenética. Todos se movían, pero a un ritmo controlado. De repente, me detuve y lancé un grito hacia donde estaban Sasha y los demás. Mi voz salió fuerte, aunque con un toque de impaciencia. -¡Sasha! ¡Chicos! ¿Cuánto os queda? ¡Estoy preparado!- Mi tono era enérgico, cargado de adrenalina. Estaba listo para cualquier cosa, pero había algo más profundo en mi voz. Esa urgencia no solo provenía de la necesidad de zarpar, sino de la ansiedad que crecía en mi interior, de la incertidumbre de lo que nos esperaba fuera, de lo que sucedería si no nos apresurábamos. Lo único claro era que no podíamos quedarnos allí, a merced de lo que viniera.
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Alas Negras
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