26-04-2025, 01:33 PM
Cuando un archipiélago entero amenazaba con estallar en mil pedazos ante la colisión de dos fuerzas con un poder sin parangón, lo normal era que imperara el egoísmo, el mirar a tu propio ombligo y al de tus seres cercanos. Sin embargo, quizás en un arrebato de altruismo o de camaradería, al compartir lazos con un buen amigo y conocido como era Don Bambú, Sasha aceptó sin mayor miramientos ayudar al revolucionario a quién, en esta ocasión, la capitana de los Alas Negras sí se percató de su presencia, sellando una promesa de un encuentro en un futuro cercano.
Mientras la navegante de la tripulación se encargaba de tenderle una mano al capitán revolucionario, Jolyne se acercó hacia el cofre dónde Sasha, Tobías y Kenzo habían dejado el dinero del que disponían para hacer lo mismo, depositando lo que restaba y salvándole el día a los Alas Negras. Cuando vio la gran cantidad de berries que había puesto la pelirrosa, el que lideraba ese grupo de artesanos se agachó para reunir y coger en sus manos todos los billetes y monedas del baúl, parándose a contarlas meticulosamente para que no quedara ni un berry por poner.- Está bien. - Anunció tras algunos segundos en silencio que bien podrían haber parecido eternos.- Está todo el dinero, los tres millones y medio que acordamos. - Confirmó, asegurándose de que sus herramientas estaban bien ataviadas a la par que miraba a todo su grupo.- Vamos a dejar el trabajo hecho lo antes posible para irnos cuanto antes de aquí. - Motivó a todo su equipo, sacando todos los útiles y herramientas necesarias para preparar al Solar Karma para la dura travesía que le esperaba.
Con la timonel ya de vuelta, todos y cada uno de los integrantes de los Alas Negras ponían de su parte para dejar listo el galeón para partir en cualquier momento hacia las profundidades del vasto océano. A pesar del caos que podía imperar ahora mismo en Sabaody, la banda pirata trabajaba en armonía y con tranquilidad, cada uno enfocado en su propia tarea. Para fortuna de los artesanos - que sí que se les notaba algo tensos al ir contrarreloj - una mano amiga y generosa por parte de Tobías les fue tendida, facilitando y agilizando su trabajo a pesar de la poca experiencia que podía tener el peliazul. El que parecía ser el capataz se limitó a sonreírle e inclinar su cabeza en acto de agradecimiento. Les estaba resultando útil que alguien le proporcionara la resina y las herramientas necesarias para cubrir la superficie del barco en aquella película viscosa.
Una vez que habían terminado su labor, el jefe de los artesanos se dirigió a Tobías. Ya que había sido el que mayor atención había puesto al proceso y el que había brindado su ayuda, el hombre consideró que era el más apto para realizar la tarea que aún les quedaba.- Muchas gracias, por la ayuda, joven. - Agradeció mientras tendía su mano cerrada hacia el vaquero, abriéndola y mostrando una especie de utensilio, parecido a una válvula con forma de coral.- Tómalo, cuando estéis listos para zarpar, activa la válvula. Gracias a ella, la resina que hemos colocado alrededor de vuestro navío se empezará a llenar de aire hasta crear un espacio de aire dentro. - Le cedió el particular aparato.- Los artesanos lo denominamos como “techo - burbuja”. Tardará algo en inflarse, pero os salvará de la presión al estar sumergidos. - Explicó, dando la media vuelta para bajarse del barco, aunque se paró por un segundo.- Ah, y cuidado con que no estalle la pompa, mucho cuidado y sobrevivid hasta Gyojin, ¡hasta más ver! - Se despidió y saltó junto a sus compañeros del barco, perdiéndose en la lejanía con rapidez para ir en dirección a su propio navío que les salvaría de la situación de la que se encontraba. Con todo listo, ahora los Alas Negras tan sólo necesitaban esperar a que la burbuja de resina se inflara. En ese momento ya podrían salir del cataclismo que estaba a punto de suceder.
Mientras la navegante de la tripulación se encargaba de tenderle una mano al capitán revolucionario, Jolyne se acercó hacia el cofre dónde Sasha, Tobías y Kenzo habían dejado el dinero del que disponían para hacer lo mismo, depositando lo que restaba y salvándole el día a los Alas Negras. Cuando vio la gran cantidad de berries que había puesto la pelirrosa, el que lideraba ese grupo de artesanos se agachó para reunir y coger en sus manos todos los billetes y monedas del baúl, parándose a contarlas meticulosamente para que no quedara ni un berry por poner.- Está bien. - Anunció tras algunos segundos en silencio que bien podrían haber parecido eternos.- Está todo el dinero, los tres millones y medio que acordamos. - Confirmó, asegurándose de que sus herramientas estaban bien ataviadas a la par que miraba a todo su grupo.- Vamos a dejar el trabajo hecho lo antes posible para irnos cuanto antes de aquí. - Motivó a todo su equipo, sacando todos los útiles y herramientas necesarias para preparar al Solar Karma para la dura travesía que le esperaba.
Con la timonel ya de vuelta, todos y cada uno de los integrantes de los Alas Negras ponían de su parte para dejar listo el galeón para partir en cualquier momento hacia las profundidades del vasto océano. A pesar del caos que podía imperar ahora mismo en Sabaody, la banda pirata trabajaba en armonía y con tranquilidad, cada uno enfocado en su propia tarea. Para fortuna de los artesanos - que sí que se les notaba algo tensos al ir contrarreloj - una mano amiga y generosa por parte de Tobías les fue tendida, facilitando y agilizando su trabajo a pesar de la poca experiencia que podía tener el peliazul. El que parecía ser el capataz se limitó a sonreírle e inclinar su cabeza en acto de agradecimiento. Les estaba resultando útil que alguien le proporcionara la resina y las herramientas necesarias para cubrir la superficie del barco en aquella película viscosa.
Una vez que habían terminado su labor, el jefe de los artesanos se dirigió a Tobías. Ya que había sido el que mayor atención había puesto al proceso y el que había brindado su ayuda, el hombre consideró que era el más apto para realizar la tarea que aún les quedaba.- Muchas gracias, por la ayuda, joven. - Agradeció mientras tendía su mano cerrada hacia el vaquero, abriéndola y mostrando una especie de utensilio, parecido a una válvula con forma de coral.- Tómalo, cuando estéis listos para zarpar, activa la válvula. Gracias a ella, la resina que hemos colocado alrededor de vuestro navío se empezará a llenar de aire hasta crear un espacio de aire dentro. - Le cedió el particular aparato.- Los artesanos lo denominamos como “techo - burbuja”. Tardará algo en inflarse, pero os salvará de la presión al estar sumergidos. - Explicó, dando la media vuelta para bajarse del barco, aunque se paró por un segundo.- Ah, y cuidado con que no estalle la pompa, mucho cuidado y sobrevivid hasta Gyojin, ¡hasta más ver! - Se despidió y saltó junto a sus compañeros del barco, perdiéndose en la lejanía con rapidez para ir en dirección a su propio navío que les salvaría de la situación de la que se encontraba. Con todo listo, ahora los Alas Negras tan sólo necesitaban esperar a que la burbuja de resina se inflara. En ese momento ya podrían salir del cataclismo que estaba a punto de suceder.
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