El pitido en mis oídos no se ha ido. Las piernas… las siento tan pesadas como si les hubieran encadenado rocas. El humo inunda la habitación con un olor extraño. Segundos después caigo en la cuenta: otra trampa con veneno.
Puedo sentirlo corriendo por mis venas, trepando como una serpiente traicionera. Mis rodillas flaquean, mi vista se emborrona y, por un segundo, tengo la sensación de que voy a caer, pero… “¿acabar así justo ahora? ¿en el final? Esto no puede ser”.
-¡Keehkekeke… parece que esto se nos escapa de las manos y se desmorona! - Exclamo, sacando el aire de mis pulmones como si librara de un demonio y consiguiendo algo de claridad mental.
Con un gruñido, contengo la respiración y clavo los pies en el suelo, deshago mentalmente el camino para escapar y no veo cómo voy a volver al camarote del capitán… “No voy a morir por un veneno ni por un barco moribundo que se cae a pedazos… y si ya se está derrumbando ¡el plan de usar la fuerza bruta vuelve a estar sobre la mesa!”
Miro a Charel, está rebuscando con dedos hábiles entre los restos del cofre, se guarda rápidamente algo que no alcanzo a ver y aprovecha para revisar el contenido del antídoto que había encontrado en la bodega. Después Casca, aún con el cigarro colgando entre los labios con total tranquilidad “keehkekeke ¿acaso un veneno quitará el otro?”
Las paredes crujen, la madera llora y todo el barco se queja bajo el peso de su propia historia viniendose abajo. No hay tiempo para consultar si les parece bien. Agarro a Rimera con fuerza. El mango se siente más firme, como si supiera lo que estoy a punto de hacer y ella estuviese de acuerdo.
A paso acelerado vuelvo a la sala anterior, la bodega… la madera húmeda, vieja y castigada por el salitre. “No parece tan difícil… solo necesito una dirección y fuerza”. Veo los rayos de sol entrando por las rendijas en uno de los laterales. “Ahí hay tierra y aire”
- ¡Casca, Charel! - grito sin mirar hacia donde - ¡Salgo por aquí, seguidme si queréis!
KRAAACK
El primer golpe abre una grieta iluminada por el sol. Astillas vuelan y la corriente de aire se intensifica, trayendo el olor a agua marina de nuevo a mi nariz afectada por el veneno. Otro golpe. Otro. Rimera canta con cada impacto.
- ¡Tesoros trampa, runas malditas y ningún fantasma! - rujo, levantando a Rimera sobre mi cabeza y descargándola con un tajo vertical.
¡KRA-KRAAAASH!
La madera cede, dejando un hueco por el que puedo pasar, pero más importante que eso: Luz, sal y viento entran en la bodega como una bendición. Cojo una buena bocanada de aire y el barco, casi como respuesta se sacude con violencia. Intento localizar entre la bruma interior a Charel y Casca pero no distingo nada entre el humo ¿Habrían salido ya y estaría esperando para nada?
Puedo sentirlo corriendo por mis venas, trepando como una serpiente traicionera. Mis rodillas flaquean, mi vista se emborrona y, por un segundo, tengo la sensación de que voy a caer, pero… “¿acabar así justo ahora? ¿en el final? Esto no puede ser”.
-¡Keehkekeke… parece que esto se nos escapa de las manos y se desmorona! - Exclamo, sacando el aire de mis pulmones como si librara de un demonio y consiguiendo algo de claridad mental.
Con un gruñido, contengo la respiración y clavo los pies en el suelo, deshago mentalmente el camino para escapar y no veo cómo voy a volver al camarote del capitán… “No voy a morir por un veneno ni por un barco moribundo que se cae a pedazos… y si ya se está derrumbando ¡el plan de usar la fuerza bruta vuelve a estar sobre la mesa!”
Miro a Charel, está rebuscando con dedos hábiles entre los restos del cofre, se guarda rápidamente algo que no alcanzo a ver y aprovecha para revisar el contenido del antídoto que había encontrado en la bodega. Después Casca, aún con el cigarro colgando entre los labios con total tranquilidad “keehkekeke ¿acaso un veneno quitará el otro?”
Las paredes crujen, la madera llora y todo el barco se queja bajo el peso de su propia historia viniendose abajo. No hay tiempo para consultar si les parece bien. Agarro a Rimera con fuerza. El mango se siente más firme, como si supiera lo que estoy a punto de hacer y ella estuviese de acuerdo.
A paso acelerado vuelvo a la sala anterior, la bodega… la madera húmeda, vieja y castigada por el salitre. “No parece tan difícil… solo necesito una dirección y fuerza”. Veo los rayos de sol entrando por las rendijas en uno de los laterales. “Ahí hay tierra y aire”
- ¡Casca, Charel! - grito sin mirar hacia donde - ¡Salgo por aquí, seguidme si queréis!
KRAAACK
El primer golpe abre una grieta iluminada por el sol. Astillas vuelan y la corriente de aire se intensifica, trayendo el olor a agua marina de nuevo a mi nariz afectada por el veneno. Otro golpe. Otro. Rimera canta con cada impacto.
- ¡Tesoros trampa, runas malditas y ningún fantasma! - rujo, levantando a Rimera sobre mi cabeza y descargándola con un tajo vertical.
¡KRA-KRAAAASH!
La madera cede, dejando un hueco por el que puedo pasar, pero más importante que eso: Luz, sal y viento entran en la bodega como una bendición. Cojo una buena bocanada de aire y el barco, casi como respuesta se sacude con violencia. Intento localizar entre la bruma interior a Charel y Casca pero no distingo nada entre el humo ¿Habrían salido ya y estaría esperando para nada?
Off
Bélico
