22-04-2025, 03:54 PM
A Kisuke ya le estaba empezando a irritar la condescendencia y superioridad con la que le estaba tratando ese sujeto, que al parecer era una especie de manifestación de su katana Onikiba. Aunque bien era cierto que debería haber notado que se trataba de él mucho antes, quizá motivado por el poco tiempo que llevaban juntos. Se cruzó de brazos frunciendo el ceño y sopesó sus opciones en aquel encuentro.
-¿Qué es lo que quieres de mi?¿Qué es lo que me falta?
El otro desenvainó la katana y le atacó sin mediar palabra, a lo que Kisuke apenas pudo reaccionar y apartarse. No entendía aquella respuesta no verbal de Onikiba y estaba bastante desconcertado mientras seguía esquivando, a duras penas los ataques de su katana.
-Espera... espera... ¿por qué coño me atacas sin contestar?
Onikiba chasqueó la lengua, visiblemente molesto, poniendo la katana apoyada en su hombro y mirándolo casi con desprecio.
-¿Te crees que soy un puto profesor?¿Acaso no sabes ni lo más básico?
Kisuke se sorprendió ante la segunda pregunta. No sabía a que se refería Onikiba, y Kisuke detestaba los acertijos, no soportaba que la gente le hablase dando rodeos o con indirectas. Estaba totalmente perdido y no sabía qué decir. Onikiba le miró nuevamente de manera despectiva y le señaló con el dedo.
-Recibes un ataque y ni siquiera piensas en desenvainar tu espada... ¿qué coño voy a enseñar a alguien que carece del instinto para luchar?
Kisuke dio un respingo al darse cuenta de que ni siquiera había reparado en que tenía una katana en la cadera, y, ni mucho menos, había pensado en desenvainarla. Tenía razón que no había reaccionado como cabría esperar de un guerrero.
-Instinto...
Onikiba soltó una risa sarcástica.
-Sí, mendrugo, instinto. Ese pulso primigenio que te impulsa a combatir a tus enemigos, a querer rebanarlos, a destrozarlos...
Kisuke ladeó la cabeza atando cabos. Instinto; quizá era eso a lo que se refería Zorak tantas veces. El antiguo pescador era alguien que siempre intentaba buscar racionalidad en algo que, en realidad no lo era. Tenía que aprender a separar ambos conceptos, pero tampoco quería convertirse en una bestia salvaje, por lo que aunque separase su instinto para luchar con su voluntad, tendría que usar esa misma voluntad para mantener a ralla sus instintos y no convertirse en algo que detestaría. Y eso era algo que no iba a ser nada fácil.
-¿Qué es lo que quieres de mi?¿Qué es lo que me falta?
El otro desenvainó la katana y le atacó sin mediar palabra, a lo que Kisuke apenas pudo reaccionar y apartarse. No entendía aquella respuesta no verbal de Onikiba y estaba bastante desconcertado mientras seguía esquivando, a duras penas los ataques de su katana.
-Espera... espera... ¿por qué coño me atacas sin contestar?
Onikiba chasqueó la lengua, visiblemente molesto, poniendo la katana apoyada en su hombro y mirándolo casi con desprecio.
-¿Te crees que soy un puto profesor?¿Acaso no sabes ni lo más básico?
Kisuke se sorprendió ante la segunda pregunta. No sabía a que se refería Onikiba, y Kisuke detestaba los acertijos, no soportaba que la gente le hablase dando rodeos o con indirectas. Estaba totalmente perdido y no sabía qué decir. Onikiba le miró nuevamente de manera despectiva y le señaló con el dedo.
-Recibes un ataque y ni siquiera piensas en desenvainar tu espada... ¿qué coño voy a enseñar a alguien que carece del instinto para luchar?
Kisuke dio un respingo al darse cuenta de que ni siquiera había reparado en que tenía una katana en la cadera, y, ni mucho menos, había pensado en desenvainarla. Tenía razón que no había reaccionado como cabría esperar de un guerrero.
-Instinto...
Onikiba soltó una risa sarcástica.
-Sí, mendrugo, instinto. Ese pulso primigenio que te impulsa a combatir a tus enemigos, a querer rebanarlos, a destrozarlos...
Kisuke ladeó la cabeza atando cabos. Instinto; quizá era eso a lo que se refería Zorak tantas veces. El antiguo pescador era alguien que siempre intentaba buscar racionalidad en algo que, en realidad no lo era. Tenía que aprender a separar ambos conceptos, pero tampoco quería convertirse en una bestia salvaje, por lo que aunque separase su instinto para luchar con su voluntad, tendría que usar esa misma voluntad para mantener a ralla sus instintos y no convertirse en algo que detestaría. Y eso era algo que no iba a ser nada fácil.
