12-04-2025, 05:44 PM
[personajeinvalido=1608]
Mis dotes de navegante y el haber prestado atención al mapa del archipiélago en su momento, me dotaron de gran ayuda a la hora de desplazarme entre las decenas de manglares. Así mismo, ayudado por la ventaja que me ofrecía mi elemento, pude desplazarme entre ellos de manera directa, sorteando el mar y sin tener que recurrir a los puentes para cruzar. Todo convertido en finas partículas de color ámbar.
Seguía dándole vueltas al asunto de no poder haber contactado con nadie de la división pero el hecho de que las palabras del almirante sonasen tan autoritarias, daba a entender que el asunto era clave, por lo que no me detuve ni un momento y acudí directo. Además, por como habló, parecía que nos estaba llamando a todos a la vez. No sabía a qué se refería con eso del emperador pero algo me decía que pronto descubriría de qué iba la cosa.
Tras llegar al manglar treinta y tres (¿cómo?) y, gracias a tener el waki de observación activado, pude detectar dos auras familiares junto a otras dos. Se encontraban en la línea de costa y, junto a ellos, una fila de Patriotas firme y recta observaba hacia el océano como si de guardianes del archipiélago se tratase. Guardianes por decir algo, ya que esas máquinas no me gustaban un pelo por lo que había sucedido antes y seguía sin fiarme de nada, pese a que en teoría nos sirviesen a nosotros.
Mi waki no detectaba a nadie más familiar por lo que seguí volando hasta acercarme al aura de Joe y Fuguwu. Las partículas de arena en las que me deshice, rápidamente empezaron a arremolinarse sobre el hombro del Patriota más cercano a Joe y a aquellos dos desconocidos, y con ello empecé a hacer aparecer mi cuerpo, sentado sobre la máquina, echando hacia atrás mi pelo con mi mano derecha y todavía vestido únicamente con la parte inferior del uniforme, ya que había perdido la mitad de éste. Los desconocidos que estaban junto a Joe emitían un aura bastante poderosa pero no parecían Marines, por lo que no sabía a qué se podía deber que estuviesen allí. Sin perder ni un segundo, alcé la voz hacia Joe — ¿Sabes algo del resto? Después de aquel huracán intenté contactar con todos un par de veces pero no respondían a mis llamadas. Tampoco encontré al almirante. Y por cierto... no olvido lo que estas chatarras hicieron. Me da igual a quién pertenezcan, si nos la vuelven a jugar — apunté con mi dedo índice hacia el suelo — habrá que enviarlos directamente de viaje hacia la Isla Gyojin, ¿me sigues? — Gracias a haber hablado con Fuguwu sobre el extraño comportamiento del log pose, sabía que el próximo destino era su isla natal.
Tras ello miré al horizonte, a lo lejos se podía ver un barco colosal — Allí debe de estar ese emperador del que hablaba Gukuro... es un navío impresionante — Escuchando hacia la embarcación, podía apreciar el sonido de unos tambores de guerra, como si nos quisiesen mandar un mensaje hostil — pero creo que a esa percusión le hace falta algo de ritmo ¡kakahaha! — Quizás por el hecho de encontrarme en perfecto estado, quizás por mi inconsciencia y desconocimiento o quizás por todo a la vez, aún podía permitirme el lujo de bromear con la situación.
Mis dotes de navegante y el haber prestado atención al mapa del archipiélago en su momento, me dotaron de gran ayuda a la hora de desplazarme entre las decenas de manglares. Así mismo, ayudado por la ventaja que me ofrecía mi elemento, pude desplazarme entre ellos de manera directa, sorteando el mar y sin tener que recurrir a los puentes para cruzar. Todo convertido en finas partículas de color ámbar.
Seguía dándole vueltas al asunto de no poder haber contactado con nadie de la división pero el hecho de que las palabras del almirante sonasen tan autoritarias, daba a entender que el asunto era clave, por lo que no me detuve ni un momento y acudí directo. Además, por como habló, parecía que nos estaba llamando a todos a la vez. No sabía a qué se refería con eso del emperador pero algo me decía que pronto descubriría de qué iba la cosa.
Tras llegar al manglar treinta y tres (¿cómo?) y, gracias a tener el waki de observación activado, pude detectar dos auras familiares junto a otras dos. Se encontraban en la línea de costa y, junto a ellos, una fila de Patriotas firme y recta observaba hacia el océano como si de guardianes del archipiélago se tratase. Guardianes por decir algo, ya que esas máquinas no me gustaban un pelo por lo que había sucedido antes y seguía sin fiarme de nada, pese a que en teoría nos sirviesen a nosotros.
Mi waki no detectaba a nadie más familiar por lo que seguí volando hasta acercarme al aura de Joe y Fuguwu. Las partículas de arena en las que me deshice, rápidamente empezaron a arremolinarse sobre el hombro del Patriota más cercano a Joe y a aquellos dos desconocidos, y con ello empecé a hacer aparecer mi cuerpo, sentado sobre la máquina, echando hacia atrás mi pelo con mi mano derecha y todavía vestido únicamente con la parte inferior del uniforme, ya que había perdido la mitad de éste. Los desconocidos que estaban junto a Joe emitían un aura bastante poderosa pero no parecían Marines, por lo que no sabía a qué se podía deber que estuviesen allí. Sin perder ni un segundo, alcé la voz hacia Joe — ¿Sabes algo del resto? Después de aquel huracán intenté contactar con todos un par de veces pero no respondían a mis llamadas. Tampoco encontré al almirante. Y por cierto... no olvido lo que estas chatarras hicieron. Me da igual a quién pertenezcan, si nos la vuelven a jugar — apunté con mi dedo índice hacia el suelo — habrá que enviarlos directamente de viaje hacia la Isla Gyojin, ¿me sigues? — Gracias a haber hablado con Fuguwu sobre el extraño comportamiento del log pose, sabía que el próximo destino era su isla natal.
Tras ello miré al horizonte, a lo lejos se podía ver un barco colosal — Allí debe de estar ese emperador del que hablaba Gukuro... es un navío impresionante — Escuchando hacia la embarcación, podía apreciar el sonido de unos tambores de guerra, como si nos quisiesen mandar un mensaje hostil — pero creo que a esa percusión le hace falta algo de ritmo ¡kakahaha! — Quizás por el hecho de encontrarme en perfecto estado, quizás por mi inconsciencia y desconocimiento o quizás por todo a la vez, aún podía permitirme el lujo de bromear con la situación.
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