[PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho
#7
Durante un segundo, apenas un instante robado al caos del combate, sentí cómo todo el universo se alineaba a mi favor. El sonido seco del impacto resonó en mi mano como un tambor de guerra, justo en la boca del estómago de Garnet. Mis nudillos se hundieron contra su abdomen, y pude sentir cómo el aire le salía de los pulmones en un resuello forzado, como si no se lo esperara, como si por una vez yo hubiese ido un paso por delante. No pude evitarlo. Una sonrisa triunfal se dibujó en mi rostro, desbordante, vibrante, con esa mezcla de euforia y alivio que sólo conocen los que han estado a punto de caer y han conseguido mantenerse de pie. -¡Toma ya!- Grité, aún con el puño extendido, tembloroso por la fuerza del golpe y por la adrenalina que me recorría como una corriente ardiente. Mi plan había funcionado. Mi plan. El mío. No fue más fuerte que él. Ni más rápido. Pero fue más listo. Más osado. Aposté todo a un señuelo y gané el primer asalto.

Vi cómo Garnet escupía tras el golpe. Su rostro endurecido se contrajo levemente, no de dolor, sino de sorpresa. No lo había previsto. Y esa grieta en su coraza, esa microexpresión, ese titubeo… valía oro. Lo había tocado. Había atravesado su defensa, por pequeña que fuera. El monstruo podía sangrar. Mi pecho se inflaba con orgullo, mi corazón golpeando con fuerza contra las costillas. Pero también sabía que esa pequeña victoria no duraría. Que ahora él estaría alerta. Que la próxima vez, probablemente, no tendría tanta suerte. Y aún así, en ese momento exacto, me sentí invencible. Por primera vez en el combate, sentí que yo también podía dictar el ritmo de esta danza mortal.

Pero el triunfo es efímero y me duró lo que dura una gota de lluvia en el mar. Apenas había comenzado a saborear la dulzura de haber golpeado a Garnet, apenas mi mente se estaba permitiendo pensar en una posibilidad, una ínfima posibilidad, de victoria, cuando todo se desmoronó en un latido cruel. Sentí un golpe seco, certero, devastador. No lo vi venir. Solo sentí un estallido de dolor puro en mi entrepierna, tan brutal que el aliento se me quedó atrapado en la garganta como si me lo hubieran arrancado de cuajo. Mis piernas se doblaron como ramas quebradas y un grito desgarrador se escapó de mi boca, incontrolable, agudo, cargado de una mezcla de rabia y sufrimiento que me hizo ver estrellas y sombras a la vez.

-¡Aaaaggghhh, joder!- Solté, sin poder evitarlo, mientras mi mano izquierda se apresuraba a cubrir la zona atacada, como si pudiera protegerme de un segundo golpe que no llegó, pero cuya amenaza flotaba en el aire, burlona. El mundo se volvió brumoso. Sentí cómo el sudor me recorría la espalda en un hilo frío, mientras el dolor se irradiaba como fuego líquido desde el centro de mi cuerpo hacia los extremos. Estaba mareado, desorientado. Un zumbido agudo llenó mis oídos, y durante unos tres eternos segundos, no supe si estaba en pie, tumbado o muerto. Y lo peor no fue el dolor. Lo peor fue la humillación. Fue la rabia que me subió por la garganta como un vómito de fuego. Aquel golpe fue bajo. Asquerosamente bajo. Me hervía la sangre por dentro. Garnet no solo era más fuerte y más rápido, también era sucio. Cobarde. Sucio. Pude ver su rostro, tranquilo, imperturbable, como si lo que acababa de hacer fuera tan natural como respirar. Y eso me encendió aún más.

-¡Eso ha sido una mierda de golpe!- Le grité, entre dientes, con los ojos nublados por la rabia. No me importa cuán fuerte seas. No voy a caer así. Apreté los dientes y comencé a levantarme. El dolor seguía allí, agudo, cortante, pero la ira me ayudaba a mantenerme consciente. No iba a dejar que terminara así. No ahora. Apreté la mandíbula con tanta fuerza que me dolían los dientes, el eco del golpe aún vibrando en mi entrepierna como un recordatorio cruel de mi vulnerabilidad. El dolor seguía allí, enroscado como un animal salvaje en mis entrañas, pero mi orgullo herido pesaba aún más. Me incorporé con dificultad, temblando de rabia, y sin apartar la vista de Garnet, extendí mi brazo derecho con decisión. Mi dedo índice temblaba levemente, no de miedo, sino por la tensión acumulada, por la necesidad urgente de que él entendiera lo que acababa de hacer. Moví el índice de mi mano derecha, señalándole la nariz, queriendo que todo entrara en él, incluida mi rabia y enfado.

-¡Eso no vale!- Espeté, con la voz aún afectada por el dolor, pero cargada de determinación. -¡Eso fue una trampa y lo sabes! ¡No es honorable, joder!- Lo dije con el corazón palpitando con fuerza en el pecho, cada latido acompañando con el pensamiento de que esto no es una pelea justa. Esto no es lo que debería ser. Había algo casi infantil en mi queja, una búsqueda desesperada de reglas, de algún código que nos separara de los animales. Yo necesitaba creer en algo más allá de la fuerza bruta. Y necesitaba hacérselo pagar. No esperé más.

Impulsado por la ira, por el orgullo herido y por una necesidad imperiosa de golpear algo, me lancé hacia él. Cada paso que di fue un estallido de dolor que me subía desde las piernas, pero ignoré el sufrimiento, lo enterré bajo capas de adrenalina y furia. Con la diestra bien armada, lancé el primer puñetazo directo a su rodilla derecha, apuntando para desestabilizarle. No había técnica, no había gracia, solo pura voluntad condensada en un golpe. Y sin detenerme, giré la cadera y arremetí con un segundo puñetazo, buscando de nuevo el mismo sitio, deseando que esta vez, el impacto no fuera solo físico, sino también moral. Que entendiera que, aunque él jugara sucio, yo no me iba a rendir. Que podía romperme el cuerpo, pero no el espíritu.

INFO

Contenido Oculto
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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4851 - 1830 = 3021
Energia: 2968 + 21 = 2989
Espiritu: 546 + 0 = 546


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RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por Kenzo D. Fujiwara - 10-04-2025, 05:58 PM
RE: [PRESENTE RELATIVO] El tigre borracho - por PX-2 - 14-05-2025, 12:40 PM

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