22-03-2025, 07:10 PM
42 de otoño, año 14
Manglar 33, Sabaody, 12:34 p.m.
Con las armas afiladas y listas para cualquier trabajo que pudiera surgir, había poco que hacer en el barco. Sohem seguía empeñado en que nos escondiéramos y fuéramos discretos, pero, no había nada en el barco que pudiera apaciguar mi sed de conocimientos, tampoco nuestra necesidad de suministros. Por esa razón decidí realizar una pequeña batida por los puestos mercantes, intentando socavar algo de información o, en el peor de los casos, simplemente abastecerme de nuevos materiales para la creación de armas o herramientas necesarias para nuestro gremio. Creo que, además, ya iba siendo hora de deshacerse de la cantidad de creaciones mediocres que realicé en nuestra estancia en Báltigo para aprender y dominar el oficio, pero, de nuevo, esa sería tarea para un momento mejor. Hoy, mis pies me habían traído al primer manglar que nos vio aparecer en el archipiélago: el manglar 33.
Allí pudimos conseguir la fruta de Shoto gracias a la intimidación del jefe sobre aquel pobre tendero de subasta. Aquello me hacía pensar que si ese “modesto y justo” negocio estaba de manera legal y custodiado por un Marine, cabía la posibilidad de que más tenderos tuvieran puestos de venta en la zona. Fue necesario un rato desde que salí del barco para arribar a la zona y, en efecto, una serie de tenderetes con diversos personajes aguardaban a la multitud que se apelotonaba para poder rebuscar alguna ganga.
Había de todo. Frutas exóticas (no akumas no mi, por desgracia para el jefe y por suerte para mi bolsillo), herramientas, armas de cochambrosa y dudosa factura, armaduras… y, en algunas de las tiendas que mostraban armas, también había materiales como cueros, lingotes de acero o derivados que podrían servir como materia prima para mis andanzas en la forja del Panzer. — Oye, tendero. — dije acercándome a uno, que parecía algo menos abarrotado. — ¿Qué tienes qué me sirva para forjar? Quiero materiales de buena calidad, ¿qué me ofreces? — cuestioné al hombrecillo que parecía no conocer ni su propio género. — Hola, amable comprador. Materiales tengo y lingotes traigo. ¿Quizás acero extraído de las minas de islas lejanas? — ofreció apuntando con un palo a un puñado de lingotes mal formados que parecían estar casi comenzando a oxidarse por el paso del tiempo a la intemperie. — No, creo que no. — respondí mirando hacia todo el mostrador, rebuscando algo que mereciera la pena con cara de desagrado. — No sé si me convence… — dije cortando mis palabras tras percatarme de un pequeño bloque de abstracta forma de mineral oscuro. Bien podía ser una aleación especial de acero. La tomé y comprobé su peso y dureza con unos golpes de mis nudillos. — Esto. ¿Cuánto? — pregunté seco al tendero — Esa baratija no vale mucho. Cien dorados y relucientes berries y es tuya. — contestó el pobre hombre haciendo que me reafirmara en mi primer pensamiento: no conoce ni su género. Solté los cien berries sobre su mostrador y me di la vuelta. Había más que buscar y demasiadas tiendas.
Si todos eran tan ilusos como este tendero, volvería rico.
Recolección

![[Imagen: W7KwXzn.png]](https://imgur.com/W7KwXzn.png)
![[Imagen: Nuf4AJR.png]](https://i.imgur.com/Nuf4AJR.png)