18-03-2025, 11:04 PM
Jean mantuvo un tenso silencio cuando Casca comenzó a explicar el contenido real que había detrás del pequeño papel que aún mantenía entre los dedos. Frunció ligeramente el ceño y dibujó con sus labios una fina linea mientras comenzaba a interpretar lo que debía de haber sucedido. Evidentemente le faltaban datos, pero podía aproximar que aquella nota tan precariamente escrita no era sino una llamada de auxilio de aquellos que apenas pueden permitirse un techo sobre sus cabezas. Una llamada a la que Casca había respondido. Pero, ¿Cómo se había involucrado exactamente? ¿Formaba parte del suburbio 2? ¿Tenía alguna relación personal con ellos? ¿O simplemente era un agente externo? Lo volvió a mirar de arriba a abajo mientras el tenso silencio, breve pero pesado, les encerraba en una burbuja de privacidad entre toda la gente que continuaba discurriendo por el pasillo, cada uno preocupado por sus propios asuntos.
- No, definitivamente no es Marine. Pero tampoco parece un simple civil... - reflexionó Jean fijándose en su armadura ligera - ¿Un cazarrecompensas tal vez?
Parecía la opción más probable. En el poco tiempo que Jean había servido a la Marina, poco más de una semana, no habían sido poco los cazarrecompensas que se habían pasado por la base G-19 para cobrar un Wanted o un aviso menor. Pese a lo que en un principio pensaba la joven rubia, dentro de los cazadores no había un arquetipo concreto. Había visto tanto a montañas de músculos que solo estaban separados del otro lado de la ley por una interpretación legal algo laxa, había visto elegantes hombres bien vestidos a los que solo les faltaba un Martini en la mano, a bandoleros de buen corazón y, sobre todo, a jóvenes ilusionados que buscaban con avidez la fama y el protagonismo que demanda aquella temprana edad en la que nada importa más que el ego.
De tener que encajar a Casca en algún molde, sería en este último. Su juventud, y esa mirada llena de fuego.
Pero no podía ignorar que el joven acababa de admitir que se había visto involucrado en un evento que había dejado al menos casi una veintena de muertos, uno de ellos a sus propias manos. Aquello hizo que a Jean se le formara un pequeño peso en la boca del estomago. No era tan ingenua como para pensar que ninguno de sus compañeros tenía las manos limpias, pues no eran pocas las historias donde una patrulla era atacada sin previo aviso, o donde un arresto se descontrolaba y las cosas acababan de la peor manera. Pero si que era la primera vez que Jean se veía de cara y de manera tan directa con alguien que había sesgado una vida. No pudo evitar pensar que, algún día, ella sería la que estaría allí. Aquel pensamiento la aterró.
Sacudió la cabeza para alejar aquella oscura reflexión y volvió a concentrarse. Casca no parecía alguien sanguinario en absoluto. De hecho, parecía estar bastante afectado. Se mordió el labio inferior y negó para si. No podía con aquello ella sola.
- Lo siento, Casca. - dijo Jean bajando la voz y acercándose a Casca, devolviéndole la nota mientras entrelazaba sus dedos con los suyos. - Te seré sincera, no llevo mucho tiempo aquí, así que creo que esto se me queda un poco grande. Quiero que me acompañes a las oficinas que hay en el ala de aquí al lado, allí podrán ayudarte más de lo que podría hacerlo yo. Ven conmigo.
Jean avanzó un par de pasos rodeando a Casca, soltando su mano una vez este dio una vuelta sobre si mismo para señalarle el camino. Le ofreció una sonrisa cálida, intentando que el joven se calmara y sintiera que estaba en un lugar seguro.
- Cuéntame todo lo sucedido y veremos que hacer. - dijo comenzando a andar por el pasillo, señalándole a Casca con el brazo que la siguiera. - Ah, por cierto. - se detuvo en seco, girándose hacia el peliblanco. - Es Jean, no Jannire. - le advirtió con un tono tranquilo para quitar un poco de hierro a la situación.
Sonrió y se dio la vuelta, emprendiendo de nuevo la marcha.
- No, definitivamente no es Marine. Pero tampoco parece un simple civil... - reflexionó Jean fijándose en su armadura ligera - ¿Un cazarrecompensas tal vez?
Parecía la opción más probable. En el poco tiempo que Jean había servido a la Marina, poco más de una semana, no habían sido poco los cazarrecompensas que se habían pasado por la base G-19 para cobrar un Wanted o un aviso menor. Pese a lo que en un principio pensaba la joven rubia, dentro de los cazadores no había un arquetipo concreto. Había visto tanto a montañas de músculos que solo estaban separados del otro lado de la ley por una interpretación legal algo laxa, había visto elegantes hombres bien vestidos a los que solo les faltaba un Martini en la mano, a bandoleros de buen corazón y, sobre todo, a jóvenes ilusionados que buscaban con avidez la fama y el protagonismo que demanda aquella temprana edad en la que nada importa más que el ego.
De tener que encajar a Casca en algún molde, sería en este último. Su juventud, y esa mirada llena de fuego.
Pero no podía ignorar que el joven acababa de admitir que se había visto involucrado en un evento que había dejado al menos casi una veintena de muertos, uno de ellos a sus propias manos. Aquello hizo que a Jean se le formara un pequeño peso en la boca del estomago. No era tan ingenua como para pensar que ninguno de sus compañeros tenía las manos limpias, pues no eran pocas las historias donde una patrulla era atacada sin previo aviso, o donde un arresto se descontrolaba y las cosas acababan de la peor manera. Pero si que era la primera vez que Jean se veía de cara y de manera tan directa con alguien que había sesgado una vida. No pudo evitar pensar que, algún día, ella sería la que estaría allí. Aquel pensamiento la aterró.
Sacudió la cabeza para alejar aquella oscura reflexión y volvió a concentrarse. Casca no parecía alguien sanguinario en absoluto. De hecho, parecía estar bastante afectado. Se mordió el labio inferior y negó para si. No podía con aquello ella sola.
- Lo siento, Casca. - dijo Jean bajando la voz y acercándose a Casca, devolviéndole la nota mientras entrelazaba sus dedos con los suyos. - Te seré sincera, no llevo mucho tiempo aquí, así que creo que esto se me queda un poco grande. Quiero que me acompañes a las oficinas que hay en el ala de aquí al lado, allí podrán ayudarte más de lo que podría hacerlo yo. Ven conmigo.
Jean avanzó un par de pasos rodeando a Casca, soltando su mano una vez este dio una vuelta sobre si mismo para señalarle el camino. Le ofreció una sonrisa cálida, intentando que el joven se calmara y sintiera que estaba en un lugar seguro.
- Cuéntame todo lo sucedido y veremos que hacer. - dijo comenzando a andar por el pasillo, señalándole a Casca con el brazo que la siguiera. - Ah, por cierto. - se detuvo en seco, girándose hacia el peliblanco. - Es Jean, no Jannire. - le advirtió con un tono tranquilo para quitar un poco de hierro a la situación.
Sonrió y se dio la vuelta, emprendiendo de nuevo la marcha.
