16-03-2025, 06:34 PM
Esperé pacientemente a que Jolyne se concentrase. Imaginaba que no le resultaría demasiado complicado pensar en un recuerdo feliz, pero no tenía ninguna prisa. Prefería que tardase y que no pensase en la primera gilipollez que se le pasase por la cabeza. Parecía una chica alegre y con una vida relativamente tranquila a pesar del trabajo duro del campo que, según ella, llevaba realizando desde que era muy pequeña. A la vista estaba que otra de sus características era su actitud despreocupada. Precisamente por ello me alegraba ver que se preocupaba por el entrenamiento y por mejorar. Sus habilidades con la pistola ya eran excepcionales, pero si aprendía a dominar el haki quién sabía hasta dónde podía llegar. Yo todavía no le había sacado demasiado partido a aquella habilidad, aunque estaba segura de que ella sí lo haría debido principalmente a su estilo de pelea. Entre eso y que era capaz de convertirse en un bicho asqueroso, pero eficaz, se convertiría pronto en una de las mejores tiradoras que conocía.
Permanecí en silencio, intentando no perturbar su momento de paz. Otra cosa no, pero paciencia me sobraba, sobre todo al ver que esta vez Jolyne se estaba esforzando de verdad. En algún momento tendría que entrenar para tener esa puntería, aunque nunca le había visto. Tal vez fuese eso de talento o, quizá, se debiese a toda una vida de aburrimiento y procrastinación en el campo disparando las latas vacías. En cualquier caso, le había venido bien, y mucho mejor le iba a ir a partir de ahora, que era consciente de que estábamos rodeados de enemigos peligrosos y no podíamos dejar de seguir fortaleciéndonos. Todo momento desperdiciado en el que pudiésemos entrenar y no lo hiciésemos, sería ventaja que le estaríamos dando los marines. Ya tenían a Yamamura, no pensaba darles el gusto de capturar a ninguno más.
Jolyne no duró demasiado tiempo perdida en sus cavilaciones. Tampoco es que rememorar un momento feliz tuviese que llevarle demasiado tiempo, pero sí el saber concentrarse en aquella sensación y hacerla suya, sentirla en todo su cuerpo y ser capaz de extraerla y quedarse únicamente con ella. Esperaba que fuese cierto lo que decía y que hubiese sido capaz de sentir aquello en su pecho, eso mismo que yo sentí. —Perfecto. No te olvides de esa sensación y de cómo la parte de abajo nace en tu pecho y recorre tu cuerpo. Cuando lo tengas ya puedes abrir tus ojos para despejarte un poco. Antes de seguir, ¿se puede saber en qué has pensado? —pegunté por mera curiosidad. No tenía la menor relevancia para el entrenamiento, pero si para satisfacer mi instinto cotilla. ¿Me contaría una más de sus fantásticas historias? ¿Sería esta sobre la supuesta vaca que se llevó volando un huracán? ¿O sobre esa archienemiga de su pueblo que no era más que una chiquilla insoportable? Otra opción era que se tratase de una creo de esas historias en las que ganaba un concurso absurdo, como el de comerse una calabaza gigante o lanzar perritos calientes.
Permanecí en silencio, intentando no perturbar su momento de paz. Otra cosa no, pero paciencia me sobraba, sobre todo al ver que esta vez Jolyne se estaba esforzando de verdad. En algún momento tendría que entrenar para tener esa puntería, aunque nunca le había visto. Tal vez fuese eso de talento o, quizá, se debiese a toda una vida de aburrimiento y procrastinación en el campo disparando las latas vacías. En cualquier caso, le había venido bien, y mucho mejor le iba a ir a partir de ahora, que era consciente de que estábamos rodeados de enemigos peligrosos y no podíamos dejar de seguir fortaleciéndonos. Todo momento desperdiciado en el que pudiésemos entrenar y no lo hiciésemos, sería ventaja que le estaríamos dando los marines. Ya tenían a Yamamura, no pensaba darles el gusto de capturar a ninguno más.
Jolyne no duró demasiado tiempo perdida en sus cavilaciones. Tampoco es que rememorar un momento feliz tuviese que llevarle demasiado tiempo, pero sí el saber concentrarse en aquella sensación y hacerla suya, sentirla en todo su cuerpo y ser capaz de extraerla y quedarse únicamente con ella. Esperaba que fuese cierto lo que decía y que hubiese sido capaz de sentir aquello en su pecho, eso mismo que yo sentí. —Perfecto. No te olvides de esa sensación y de cómo la parte de abajo nace en tu pecho y recorre tu cuerpo. Cuando lo tengas ya puedes abrir tus ojos para despejarte un poco. Antes de seguir, ¿se puede saber en qué has pensado? —pegunté por mera curiosidad. No tenía la menor relevancia para el entrenamiento, pero si para satisfacer mi instinto cotilla. ¿Me contaría una más de sus fantásticas historias? ¿Sería esta sobre la supuesta vaca que se llevó volando un huracán? ¿O sobre esa archienemiga de su pueblo que no era más que una chiquilla insoportable? Otra opción era que se tratase de una creo de esas historias en las que ganaba un concurso absurdo, como el de comerse una calabaza gigante o lanzar perritos calientes.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
