[Presente absoluto] El primer día del resto de tu vida
#3
El primer entrenamiento a manos de la Sargento Amren fue devastador para la pequeña tropa de nuevos jóvenes reclutas. Tras una serie de ejercicios que combinaban sentadillas, flexiones y series de abdominales, les habían hecho ponerse a correr a un buen ritmo alrededor del campo de entrenamiento. Habían perdido la cuenta del número de vueltas que llevaban cuando el acompañante de la Sargento hizo sonar un pito. Inmediatamente todos los reclutas cayeron al suelo, luchando por recuperar el aire. Jean no fue menos. Había entrenado atletismo desde pequeña, pero incluso con ello le había costado horrores no caer desfallecida a mitad de carrera.

- Creo... que... me muero... - lograba decir Mel, tirada en el suelo boca arriba y con los brazos extendidos a los lados.

Jean, a su lado y en la misma posición, mantenía los ojos cerrados y se concentraba en intentar respirar.

- Creo que el corazón me va a explotar… - alcanzó a decir a duras penas.

La escena era extensible al resto del pelotón. Amren se paseo entre ellos en silencio, mirando a cada uno de ellos detenidamente, con mirada crítica y rostro no demasiado sorprendido. Su acompañante iba tomando notas en una libreta sin que ella le comentase nada, aparentemente consciente de los datos que tenía que recoger.

- Reconozco que estoy impresionada. - dijo con un tono irónicamente contrariado - Esperaba que al menos la mitad de los presentes cayerais antes de finalizar el calentamiento. Que no lo hayáis hecho demuestra que o bien este grupo tiene una forma física extraordinaria, o bien que tenéis agallas. 

- ¿Ha dicho... "calentamiento"...? - murmuró Jean en voz baja incorporándose lentamente.

- Ah, tu también lo has oído, creía que estaba delirando... - se quejó Mel haciendo su mejor esfuerzo por imitar a Jean.

Quejas similares se pudieron oír en pequeños comentarios dichos entre susurros. La Sargento los escuchó, por supuesto, pero lejos de reprenderles lograron sacarle una genuina sonrisa de satisfacción.

- Vamos ¡arriba! Ahora nos toca evaluar vuestra destreza en combate. - indicó paseando entre Marines que comenzaban poco a poco a incorporarse entre lamentos y quejidos varios - ¿Hay alguien que no haya cogido un arma nunca?

Jean tragó saliva. Ayudó a Mel a terminar de incorporarse y observó al resto de reclutas con el corazón en un puño. Las pruebas físicas no le habían incomodado. Aunque había sido duro, confiaba en su forma y sabía que se podía defender. Pero ahora les iban a hacer pelear... Y ahí si que no tenía ninguna destreza. Nunca había empuñado un arma, nunca se había peleado. Siguió mirando a los demás reclutas y el corazón comenzó a acelerarse a menudo que veía como nadie alzaba una mano. Miró a Mel de reojo, que mantenía sus manos apoyadas en las rodillas, recuperando el aliento todavía pero sin dar mayor importancia a aquella pregunta por parte de la Sargento. 

Suspiró amargamente. No iba a comenzar su andar en la Marina mintiendo. En especial con algo que iba a quedar de manifiesto más pronto que tarde. Volvió a mirar a su alrededor.

- Nadie... Solo yo... ¿Cómo puedo ser la única? - pensó mordiéndose el labio inferior.

Si Jean hubiese necesitado una prueba de que había vivido toda su vida en una burbuja, sobreprotegida de lo que era el mundo real, era esa. Con los ojos cerrados, la cabeza gacha y el brazo levantado, dijo su nombre en voz alta. La Sargento Amren se giró hacía ella, entornando los ojos ligeramente, asintió casi imperceptiblemente con la cabeza y no dijo nada. Continuó paseando entre los Marines mientras estos se ponía en fila frente al campo de nuevo. Jean tragó saliva y con la cabeza gacha se apartó un poco del grupo, comprendiendo que no iba a tener cabida en esa prueba. 

De repente, alguien más levanto la mano y dijo su nombre. Un Marine alto, moreno y bronceado, prototipo de chico dado a la belicosidad. Tras él, un par más hicieron lo propio. Y tras ellos, otro pequeño grupo más. En total, aproximadamente el treinta por cierto de los presentes no sabía combatir. Sin necesidad de ningún tipo de indicación se habían unido a Jean, formando un grupo separado del otro. La Sargento Amren esperó un tiempo prudencial en el que nadie más tuvo nada que decir. Se dispuso entre los dos grupos mientras su ayudante escribía frenéticamente en su libreta. Amren le lanzó una rápida mirada, y cuando pareció que este aminoraba el ritmo, se aclaró la voz.

- Tu, rubita. Un paso al frente. - dijo señalándola con la barbilla.

A Jean no le costó darse cuenta de que se dirigía a ella, pero si que le costó un segundo de más dar al frente un torpe paso. Aquellos pocos centímetros que la separaban de la homogénea linea que conformaban sus compañeros la hicieron sentir expuesta. Y con razón, pues todas las miradas se centraron en ella. Amren dio un par de pasos hacía ella, la miró a los ojos y se dio nuevamente la vuelta, dirigiéndose al resto de reclutas.

- Responsabilidad. Por encima del Valor, la Lealtad, la Disciplina o el Sacrificio, lo que de verdad representa a un Marine que defienda la Justicia de este mundo es su capacidad de Responsabilidad. No sois mejores por tapar vuestros defectos. No le hacéis un favor a nadie mintiendo sobre vuestras capacidades. Ninguno podéis hacerlo todo. Hablad entre vosotros. Identificar vuestros puntos fuertes para ayudar a los demás y confiar en que vuestros compañeros cubrirán vuestros defectos. Sed un equipo. Eso es lo que marcará las diferencias.

El ayudante de la Sargento Amren, con una sonrisa de orgullo y lagrimas en los ojos, comenzó a aplaudir efusivamente, lo que hizo que el resto de reclutas se unieran. Rápidamente los aplausos se convirtieron en gritos y el ambiente se relajo. La sargento permitió que los reclutas se relajan un poco, aprovechando para acercarse al pequeño grupo liderado por Jean.

- No os preocupéis ninguno, os enseñaremos a pelear. Que no hayáis tocado nunca un arma implica que no tenéis malos vicios, así que quienes se esfuercen mejoraran rápido. - dijo con tono firme, haciendo que todos asintieran convencidos. Luego posó la mano sobre el hombro de Jean y la apartó un poco del grupo. - Aún no se si eres una pusilánime o alguien con talento para liderar. En cualquier caso, bien hecho. Ser la primera siempre es lo más difícil.

- Yo... Gracias... - alcanzó a decir la joven con un nudo en la garganta.

Amren se separó de ella y volvió al centro del campo de entrenamiento, donde su ayudante había colocado un barril lleno de espadas de madera.

- Bien, ¡en formación! Si os pensabais que habíamos terminado, os vais a llevar una sorpresa... 

Mostró una sonrisa de loba que ha olido la sangre.
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RE: [Presente absoluto] El primer día del resto de tu vida - por Jean D´Orlanais - 13-03-2025, 07:36 PM

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