13-09-2023, 08:47 PM
Al parecer, Khruner había acudido a la zona del bosque para refrescarse y cazar. De repente, de la nada se materializó una bolsa con 8 salmones, lo cual era impresionante. —Guau, cómo te lo montas. —Don Bambú reconoció la sorprendente habilidad cazadora de su congénere. —A mí no se me da tan bien. Pero el bambú no se me escapa, jeje —Era raro que el panda bromease, pero se sentía cómodo con su amigo mink. Sí, era muy olvidadizo y algo feo. De hecho era muy feo, pero le parecía un oso de puta madre. Le ofreció salmón y Don Bambú sucumbió a la tentación. —Uff, bueno, si me lo ofreces así... Acepto gustoso, que me muero de hambre. —Khruner le tendió entonces la bolsa y se alejó hacia un árbol cercano a coger ramas para hacer fuego. Don Bambú le hizo caso y olió el pescado, que en efecto olía fresco, aunque el olor del pescado crudo como tal no le entusiasmaba. Sin embargo, el hecho de tener la comida tan cerca hizo que su olfato fuera más permisivo con aquello que recibía, y esta vez el salmón le estaba oliendo bastante rico. —Joder sí que está fresco. ¿Te ayudo con el fuego? —Y lo que hizo el panda fue buscar una rama más o menos sólida y colgar la bolsa de ella para evitar que el pescado estuviera en contacto, aunque fuera indirecto, con el suelo. Después empezó a caminar por los alrededores buscando ramas como lo hacía su compañero. En su búsqueda percibió algo curioso. Había rastros de pelea, como si algún sujeto se hubiera estado pegando allí, y gotas de sangre aquí y allá. No se alarmó inmediatamente, porque se consideraba fuerte y estaba seguro de que sabría defenderse ante amenazas, pero sí que era algo preocupante para la gente que pudiera estar dando paseos por el linde del bosque, que no era poco habitual, y se encontrase con algún peligro por ahí. Una vez Don Bambú acumuló una buena cantidad de madera en una zona cercana al arroyo, decidió sacarle el tema a Khruner. —Oye por cierto, yo no soy tu primo, ¿eh? Te lo he dicho muchas veces. Yo soy Don Bambú. Somos compañeros revolucionarios. —Lo tenía ensayadísimo, porque se lo había dicho ya decenas de veces. —¿Te has fijado en las manchas de sangre que hay por la zona? —Para él era tan habitual recordarle su identidad al oso que ya lo trataba como si fuera completamente intrascendente, de modo que pasó directamente a otro tema de conversación más interesante.
